POR UNA PROTECCIÓN DE LA INFANCIA QUE NUNCA OLVIDE EL VALOR DE LOS VÍNCULOS

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El problema

Somos la familia, los amigos y todas las personas que hemos compartido estos dos últimos años con Rubén y los menores que llegaron a su hogar como familia acogedora.

Durante ese tiempo no vimos simplemente a un hombre cuidar de dos niños. Vimos nacer una familia. Vimos cómo aquellos niños encontraban estabilidad, cariño y la tranquilidad de sentirse en casa. Vimos cómo aprendían a confiar, a reír, a celebrar cumpleaños, a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día y a construir una vida rodeados de personas que los querían profundamente.

Nosotros también formamos parte de esa vida.

Fuimos los abuelos que esperaban con ilusión cada visita. Los tíos que celebraban cada cumpleaños, cada Navidad y cada pequeño logro. Los primos que crecieron jugando con ellos. Los amigos que compartieron tardes de parque y juegos. Los profesores, compañeros y familias que los vieron crecer. Los vecinos que los saludaban cada día.

Durante casi dos años dejaron de ser "unos niños acogidos", para todos nosotros, simplemente, eran parte de nuestra familia.

El pasado 18 de mayo todo cambió.

Los menores fueron separados de su hogar en una actuación en la que intervinieron las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y, desde aquel día, ninguno de nosotros ha vuelto a saber cómo se encuentran. 

No sabemos cómo están. No sabemos si alguien les ha explicado por qué desaparecimos de su vida de un día para otro. No sabemos si preguntan por quienes fueron su familia durante casi dos años. No se llevaron nada de su hogar: ni sus juguetes favoritos, ni su ropa, ni sus recuerdos. Solo sabemos que un día desaparecieron de nuestras vidas y que, desde entonces, vivimos con una incertidumbre que resulta imposible explicar..

Existe un procedimiento judicial en marcha y lo respetamos profundamente. Confiamos plenamente en la Justicia y esta iniciativa no pretende sustituir su trabajo ni cuestionar el procedimiento. Será la Justicia quien resuelva las cuestiones que correspondan.

Pero creemos que hay una realidad que también merece ser escuchada.

Cuando se habla de acogimiento familiar casi siempre se piensa en una resolución administrativa, en un expediente o en un procedimiento. Muy pocas veces se habla de los vínculos que nacen durante esos años y tampoco se habla de todo lo que crece alrededor de esos niños, porque un acogimiento no solo une a unos menores con una familia acogedora, construye una red de afectos, de rutinas, de personas, de recuerdos y de estabilidad que pasa a formar parte de la vida de esos niños. 

Y cuando esa red se rompe, no solo sufre una familia acogedora. También sufren unos abuelos que siguen esperando una llamada. Unos tíos que aún conservan sus regalos. Unos primos que siguen preguntando cuándo volverán. Unos amigos que dejaron de verlos de un día para otro. Unos profesores que formaban parte de su crecimiento y muchas personas que los quisieron como si fueran parte de su propia familia.

Todos los perdimos el mismo día, pero ellos también perdieron a toda su familia, amigos y entorno. Porque cuando un niño pierde de un día para otro a las personas que formaban parte de su vida, no solo cambia de hogar, cambia de mundo. Creemos que ese mundo también debe ser tenido en cuenta cuando se habla de su interés superior.

Creemos que proteger a un menor no consiste únicamente en resolver un procedimiento administrativo. También significa proteger su estabilidad emocional, sus vínculos y las relaciones afectivas que ha construido durante su vida. 

Esta reflexión no nace únicamente del dolor de nuestra familia, la propia Junta de Andalucía publicó en 2025 el manual técnico «Valoración de idoneidad para el acogimiento familiar y la adopción», elaborado por el profesor y psicólogo Jesús Palacios, uno de los mayores especialistas en acogimiento y adopción de nuestro país.

En ese documento se reconoce expresamente la existencia de situaciones de adoptabilidad sobrevenida, es decir, menores que inicialmente llegan a una familia mediante un acogimiento y cuya situación jurídica puede evolucionar posteriormente hacia una adopción. El propio manual destaca la importancia de valorar la estabilidad del menor, la continuidad de sus relaciones afectivas y los vínculos construidos durante el acogimiento.

Creemos que esa reflexión merece formar parte del debate sobre la protección de la infancia.

Un expediente nunca puede recoger por completo un abrazo, una rutina, una palabra, una mirada de confianza o el significado que tiene para un niño sentirse, por fin, en su hogar.

Por todo ello pedimos que, en todas las decisiones relacionadas con la protección de la infancia, el interés superior del menor sea valorado teniendo presentes no solo los aspectos jurídicos y administrativos, sino también la estabilidad emocional, los vínculos afectivos y la realidad cotidiana de los menores. 

Pedimos que las familias acogedoras sean escuchadas, acompañadas y cuidadas.

Pedimos que ninguna decisión olvide que detrás de cada expediente hay niños que aman, recuerdan, crean vínculos y necesitan estabilidad.

Pedimos que nunca se pierda de vista la dimensión humana de estas situaciones.

Esta recogida de firmas nace desde el respeto, no pretende señalar a nadie. No pretende alimentar enfrentamientos y, mucho menos, pretende sustituir el trabajo de la Justicia.

Solo pretende dar voz a una realidad que muchas veces permanece invisible.

Porque proteger a un menor también significa proteger aquello que le hace sentirse querido, seguro y acompañado.

Y porque hay cosas que ningún expediente puede contar.

Porque mañana podría ser cualquier otra familia la que viviera esta misma historia. 

Ayúdanos con tu firma para que los vínculos, el bienestar emocional y el interés superior del menor nunca queden relegados a un segundo plano.

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Irene Fernández MorenoCreador de la peticiónSoy auxiliar de enfermería. Futura madre y amante de los animales.

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