
Hola a todos. Hoy sigo en una nube… Ayer fue un día muy, muy importante para mí. El Congreso de los Diputados aprobó por fin la Ley de Eutanasia. Eso es lo que Luis empezó a pedir en 2017 a través de esa petición, mientras sufría unos dolores insoportables. Yo continué con su campaña cuando él murió unos meses después.
A lo largo de la vida se van cumpliendo muchos sueños y este, EL SUEÑO, está a punto de convertirse en realidad. Se ha impuesto la voluntad popular y el Congreso, en representación de todo el país, ha aprobado por fin la regulación de la eutanasia. Ahora la tramitación deberá continuar en el Senado y ojalá muy pronto la ley entre en vigor.
Eso supondrá que quien exprese repetidas veces su deseo de dejar de existir podrá hacerlo acompañado de sus seres queridos, de un médico, libremente y sin esconderse de nadie. Eso supondrá que seremos libres hasta el final.
Te comparto este vídeo de cómo celebramos ayer la familia SOS Amatxu y yo el momento de la votación de la Ley, en una sala del Congreso y totalmente emocionados. Aún me siento así... Y quiero compartirlo contigo porque tú también eres parte de todo esto.
Mucho se habla de los “sentimientos encontrados” porque en numerosas ocasiones nos vemos así, con emociones algo contradictorias. Nunca antes había dicho que tengo “sentimientos encontrados” con tanta convicción. Claro que nunca había estado tan cerca de conseguir algo por lo que hemos luchado tanto tiempo tantas personas.
Por eso estoy feliz y muy agradecida a quienes habéis hecho que sea posible. Esto no hubiera ocurrido sin la concurrencia de muchos factores y quienes apoyasteis la campaña de Change.org habéis sido uno fundamental. Así que ¡muchas gracias!
Estoy feliz de poder al fin decir: “Luis, misión cumplida, tu sufrimiento no fue en vano”, y triste también por no poder celebrar la victoria con él, y porque nunca olvidaré el sufrimiento que padeció durante años sin poder disponer, como quería y necesitaba, de la opción de irse.
Pero hoy se imponen con fuerza el agradecimiento y la tranquilidad al saber que muy pronto nadie tendrá que pasar el calvario que recorrieron Luis y tantas otras personas en busca de una muerte digna. Cuando ese día definitivo llegue, os informaré, por supuesto. Mientras, en mi nombre, en el de Luis y en el de millones de personas más: ¡GRACIAS!