

Palabras del Dr. Mauricio Trigo, abogado de la orca Kshamenk en la acción de amparo c/ Mundo Marino S.A:
Hoy, 14 de diciembre de 2025, recibimos la “noticia” que no queríamos, la que nos partió el alma y nos desgarró el corazón.
Hoy comunicaron “oficialmente” que murió Kshamenk.
Kshamenk era -es y será- la última orca cautiva en toda sudamérica.
Tenía aproximadamente 37/38 años.
Estuvo en cautiverio el 90% de su vida (desde noviembre de 1992).
En realidad lo mataron a sus 5 años cuando con excusas de rescate y rehabilitación lo
introdujeron en las instalaciones de una sociedad anónima dedicada a mercantilizar
animales marinos y sobrevivió al cautiverio de más de 30 años (casi 33) en la misma y
diminuta pileta de concreto que construyeron cuando comenzaron la captura de grandes cetáceos, moda que venía desde el norte.
Pasó de ser una orca macho en plena formación y crecimiento, a un “ejemplar fastuoso” de un catálogo viviente.
Fue para la empresa comercial la más grande y rentable de sus “atracciones” y recursos; pero también fue lo fue para muchas personas desprevenidas, crédulas de discursos emotivos y desconocedoras de la realidad que la industria intenta ocultar.
Desde su entrenamiento para “participar” en los “actos circenses” del espectáculo hasta su condicionamiento comportamental y psíquico para convivir con una hembra de delfín común con la que debió aprender a ser una fuente de semen para exportación y reproducción, todo en su vida de cautiverio ha sido despojo, denigración y tortura.
Hace muchos años la sociedad comenzó, desde distintos sectores, a reclamar por estos animales, todos los cautivos bajo el disfraz de la conservación y así como se iniciaron requerimientos para cierre de zoológicos, los acuarios, oceanarios y delfinarios (que no son más que zoológicos pero de especies marinas o acuáticas).
Kshamenk fue la piedra angular para la sanción de leyes nacionales y de resoluciones
ministeriales que fueron prohibiendo la actividad, en aguas Argentinas, de la captura de orcas primero, de cetáceos después.
En el año 2022 y después de mucha concientización -o concienciación- se logró redactar e ingresar en el Congreso de la Nación -Argentina- un proyecto de ley que tiene por objetivo o finalidad terminar con el cautiverio y el exhibicionismo de animales marinos y que penaliza como delito ese cautiverio y esa exhibición cuando no tienen un real y sincero objetivo rehabilitador para una posterior liberación.
Y en el año 2023 se inició un proceso judicial de amparo requiriendo la liberación de
kshamenk o su traslado a un santuario verdadero previo análisis de su situación y estado de salud integral. Este proceso está en pleno trámite y, aunque esto modifica
sustancialmente algunas cuestiones, ahora deberemos buscar respuestas mediante ese mismo proceso y realizando las peticiones que sean necesarias.
Los datos brindados por la empresa -como en otros casos- son pocos, genéricos y no dan certeza alguna sobre lo que ocurrió excepto sobre la muerte y la rapidez con que actúan cuando algo no debe verse pues según información extraoficial la pileta que “alojaba” a Kshamenk y a Floppy ya estaría vacía.
Las falacias en las que se apoya la industria del cautiverio de animales son cada vez más refutadas por la realidad y por la misma ciencia. Sin embargo, seguimos advirtiendo que hay personas y familias que mantienen la creencia en esos discursos, que se resisten a modificar su mirada, que se niegan a ver a los demás animales a sus ojos y preguntarles qué sienten por temor, quizás, a que la respuesta que esos oprimidos den sea la que no quieren oir: que sí sufren y que sin clientes no habría cautiverio ni exhibición.
Se han generado largos debates, a veces con y a veces sin conocimiento, sobre las
posibilidades de Kshamenk de ser liberado, si viviría, si moriría, si aprendería, si sería
autónomo, etc., pero nunca se le dió la oportunidad ni se la analizó con seriedad.
Se ha discutido mucho sobre la función de las fundaciones y los centros de rescate pero nunca se termina de discutir la función de una sociedad anónima que “posee” celdas con rejas o con vidrios para que el público vea maniquíes en movimiento a cambio de un ticket.
La esclavitud no educa: en un zoológico, oceanario, delfinario o acuario jamás verás
animales en sus hábitats haciendo lo que realmente harían sino que solo verás esclavos, cuerpos con formas y colores similares, haciendo lo que les han obligado a aprender a hacer a cambio de comida.
La explotación no protege: si mantener esclavos en plena era tecnológica es la idea de protección la muerte puede ser el mejor de los deseos cuando del otro lado de la ecuación únicamente hay empresarios ávidos de ingresos económicos y los esclavos deben necesariamente servir para algo.
El cautiverio no conserva: acumular y conservar cuerpos en ambientes artificiales
creados a medida y para el confort del “espectador” no tiene que ver con la real idea de “conservar especies” sino con venta de entradas para entretenimiento.
Kshamenk (igual que sus compañeros de encierro) no merecía ser capturado, pero
además sí merecía una adultez sin gritos, sin música, sin público, sin limitaciones de
espacio, sin negocio…
La muerte nunca es el final.
Puede marcar el fin de un sufrimiento que para Kshamenk era interminable; pero no
marca el final de una lucha, de un cambio y de un reclamo que debe sentirse hoy más
fuerte que ayer.