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Pedimos que la Iglesia Católica regrese a la Bula del Papa Pio V, We request that the Catholic Church Return to the Bull of Pope Pius V.

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ESPAÑOL - ENGLISH

Pedimos que la Iglesia Católica regrese a la Bula Papal de Pio V, la cual declara la abolición de la Tauromaquia y otras formas de crueldad animal.

We request that the Catholic Church return to the Bull of Pope Pius V, which abolishes Bullfighting and other forms of animal cruelty.

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EXCOMUNIÓN A PERPETUIDAD

San Pío V: Bula «DE SALUTIS GREGIS DOMINICI» (1567)

[Traducida del texto latino en «Bullarum Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanorum Pontificum Taurinensis editio», tomo VII, Augustae Taurinorum 1862, páginas 630-631] Pío obispo, siervo de los siervos de Dios para perpetua memoria]

Pensando con solicitud en la salvación de la grey del Señor, confiada a nuestro cuidado por disposición divina, como estamos obligados a ello por imperativo de nuestro ministerio pastoral, nos afanamos incesantemente en apartar a todos los fieles de dicha grey de los peligros inminentes del cuerpo, así como de la ruina del alma.

 

  1. En verdad, si bien se prohibió, por decreto del concilio de Trento, el detestable uso del duelo --introducido por el diablo para conseguir, con la muerte cruenta del cuerpo, la ruina también del alma--, así y todo no han cesado aún, en muchas ciudades y en muchísimos lugares, las luchas con toros y otras fieras en espectáculos públicos y privados, para hacer exhibición de fuerza y audacia; lo cual acarrea a menudo incluso muertes humanas, mutilación de miembros y peligro para el alma.

     

  2. Por lo tanto, Nos, considerando que esos espectáculos en que se corren toros y fieras en el circo o en la plaza pública no tienen nada que ver con la piedad y caridad cristiana, y queriendo abolir tales espectáculos cruentos y vergonzosos, propios no de hombres sino del demonio, y proveer a la salvación de las almas, en la medida de nuestras posibilidades con la ayuda de Dios, prohibimos terminantemente por esta nuestra Constitución, que estará vigente perpetuamente, bajo pena de excomunión y de anatema en que se incurrirá por el hecho mismo (ipso facto), que todos y cada uno de los príncipes cristianos, cualquiera que sea la dignidad de que estén revestidos, sea eclesiástica o civil, incluso imperial o real o de cualquier otra clase, cualquiera que sea el nombre con el que se los designe o cualquiera que sea su comunidad o estado, permitan la celebración de esos espectáculos en que se corren toros y otras fieras es sus provincias, ciudades, territorios, plazas fuertes, y lugares donde se lleven a cabo.
    Prohibimos, asimismo, que los soldados y cualesquiera otras personas osen enfrentarse con toros u otras fieras en los citados espectáculos, sea a pie o a caballo.

     

  3. Y si alguno de ellos muriere allí, no se le dé sepultura eclesiástica.

     

  4. Del mismo modo, prohibimos bajo pena de excomunión que los clérigos, tanto regulares como seculares, que tengan un beneficio eclesiástico o hayan recibido órdenes sagradas tomen parte en esos espectáculos.

     

  5. Dejamos sin efecto y anulamos, y decretamos y declaramos que se consideren perpetuamente revocadas, nulas e írritas todas las obligaciones, juramentos y votos que hasta ahora se hayan hecho o vayan a hacerse en adelante, lo cual queda prohibido, por cualquier persona, colectividad o colegio, sobre tales corridas de toros, aunque sean, como ellos erróneamente piensan, en honor de los santos o de alguna solemnidad y festividad de la iglesia, que deben celebrarse y venerarse con alabanzas divinas, alegría espiritual y obras piadosas, y no con diversiones de esa clase.

     

  6. Mandamos a todos los príncipes, condes y barones feudatarios de la Santa Iglesia Romana, bajo pena de privación de los feudos concedidos por la misma Iglesia Romana, y exhortamos en el Señor y mandamos, en virtud de santa obediencia, a los demás príncipes cristianos y a los señores de las tierras, de los que hemos hecho mención, que, en honor y reverencia al nombre del Señor, hagan cumplir escrupulosamente en sus dominios y tierras todo lo que arriba hemos ordenado; y serán abundantemente recompensados por el mismo Dios por tan buena obra.

     

  7. A todos nuestros hermanos patriarcas, primados, arzobispos y obispos y a otros ordinarios locales en virtud de santa obediencia, apelando al juicio divino y a la amenaza de la maldición eterna, que hagan publicar suficientemente nuestro escrito en las ciudades y diócesis propias y cuiden de que se cumplan, incluso bajo penas y censuras eclesiásticas, lo que arriba hemos ordenado.

     

  8. Sin que pueda aducirse en contra cualesquiera constituciones u ordenamientos apostólicos y exenciones, privilegios, indultos, facultades y cartas apostólicas concedidas, aprobadas e innovadas por iniciativa propia o de cualquier otra manera a cualesquiera personas, de cualquier rango y condición, bajo cualquier tenor y forma y con cualesquiera cláusulas, incluso derogatorias de derogatorias, y con otras cláusulas más eficaces e inusuales, así como también otros decretos invalidantes, en general o en casos particulares y, teniendo por reproducido el contenido de todos esos documentos mediante el presente escrito, especial y expresamente los derogamos, lo mismo que cualquier otro documento que se oponga.

     

  9. Queremos que el presente escrito se haga público en la forma acostumbrada en nuestra Cancillería Apostólica y se cuente entre las constituciones que estarán vigentes perpetuamente y que se otorgue a sus copias, incluso impresas, firmadas por notario público y refrendadas con el sello de algún prelado, exactamente la misma autoridad que se otorgaría al presente escrito si fuera exhibido y presentado.

Por tanto, absolutamente a nadie etc. Dado en Roma, junto a San Pedro, el año 1567 de la Encarnación del Señor, en las Calendas de Noviembre, segundo año de nuestro pontificado. Dado el 1 de noviembre de 1567, segundo año del pontificado

 

 

De Salute Gregis,
of Pope Saint Pius V, November 1567

 

Pius, Bishop, Servant of the servants of God, for the continual recollection of the matter Concerning the safety of the flock of our Lord, entrusted by divine superintendence to our care:

 

According as we are constrained by what is due to our pastoral office, anxiously pondering over the matter, we are desirous of keeping all the faithful of the same flock not only from imminent danger to the body, but also from everlasting destruction of the soul.

 

It is true that the abominable custom of duelling, invented by the Devil, that, by the bloody death of the body he may bring about ruin of souls, was forbidden by the decree of the Council of Trent, but nevertheless, even now in many States and in diverse places very many men do not cease to assemble with bulls and other wild beasts, both in public and private exhibitions, for the purpose of displaying their own strength and daring, hence men meet with death, broken limbs, and danger to their souls.

 

We, therefore, regarding these exhibitions where bulls and wild beasts are baited in the circus or Forum as being contrary to Christian duty and charity, and desiring that these bloody and disreputable exhibitions of devils rather than of men should be abolished, and that we should take measures for the saving of souls, as far as we can, under God's help, to all and individual Christian Princes who are honoured with any rank, whether ecclesiastical, civil, or even Imperial, Royal, or any other, by whatever name they are called, as well as to all people and states (desiring that these injunctions should be established by our decree for ever under the threat of excommunication and anathema, on incurring the penalty), prohibit and forbid to allow in their provinces, states, lands or towns and other places, exhibitions of this kind where there is baiting of bulls and other wild beasts.

 

We forbid soldiers and all other persons, whether on foot or horseback, to dare to contend with bulls or other beasts in the aforementioned exhibitions. And if any one of them meets his death there he shall be deprived of Christian burial.

 

We likewise forbid the Clergy, whether regular or secular, who hold office in the Church, or who are in Holy Orders, to be present at such exhibitions under the penalty of excommunication. And all debts, obligations and bets by whoever persons contracted, whether from universities or colleges, with reference to bull-baitings of this kind, even supposing they themselves wrongly imagine them to be held in honour of the Saints, or of any ecclesiastical anniversaries or festivals, which ought to be celebrated and honoured with godly praise, spiritual joy, and words of piety, all such, whether contracted in the past, present, or future, we altogether prohibit and annul, and we . decree and declare in perpetuity that they are to he held void and of none effect.

 

We issue our command to all Princes, Officers, Barons, and those who hold rank in the Holy Roman Church, under penalty of deprivation of rank which they hold from the Roman Church itself; but all other Christian princes and lords of land, to whom our commands have been given, we exhort in the Lord, and order, in virtue of our sacred right of obedience, that out of reverence and honour for the DIVINE NAME they most carefully honour and cause the foregoing to be observed in their dominions and lands, seeing that they will receive the richest reward from God Himself lor such good works.

 

And to our Venerable Brethren throughout the world, Patriarchs, Primates, Archbishops Bishops and other local officers, in virtue of our sacred right to obedience, under the solemn thought of the judgment of God and the threat of eternal curse, we command that they cause our present letter to be published, as far as possible, in their own states and dioceses.



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