Petición cerrada

Pedimos la dimisión inmediata del Presidente de ADIF, Gonzalo Ferre Moltó

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"Cuatro kilómetros antes del lugar donde se produce el accidente (el maquinista) ya tiene la notificación de que tiene que empezar a reducir la velocidad, porque a la salida del túnel tiene que ir a 80 (kilómetros) por hora"; "esa es la función del maquinista dentro del tren […] controlar la velocidad […] si no, sería un pasajero"; "sencillamente, lo peligroso es circular a velocidades superiores a aquellas que están asignadas a cada trazado […] respetando la velocidad no existe ningún trazado que sea peligroso".

Las anteriores declaraciones fueron difundidas públicamente apenas unos días después de que un tren Alvia con destino Santiago de Compostela descarrilara con fatales consecuencias, y son doblemente intolerables. En primer lugar porque lo que se afirma supone un profundo desconocimiento de cómo se debería gestionar la seguridad en aquellos sistemas donde sea crítica, como es el caso de un tren de Alta Velocidad. En segundo lugar, y esto es lo preocupante, porque quien las hace es el máximo responsable de ADIF, la entidad gestora de la línea por donde circulaba el tren accidentado: Gonzalo Ferre Moltó.

Pero viajemos al pasado por un momento. El 1 de julio de 2002 se produjo una colisión en pleno vuelo entre dos aviones que sobrevolaban a más de 10 km de altura la región suiza de Überlingen. Las 71 personas que iban a bordo perdieron la vida en la brutal colisión, niños la mayoría de ellas. La tragedia fue el resultado de una concatenación de circunstancias que continuaron incluso después del accidente. Tendrían que pasar dos años para contabilizar la víctima número 72, cuando el padre de una de las niñas fallecidas, incapaz de contener el dolor por su pérdida, se personó en la casa del controlador aéreo que controlaba los vuelos en el momento del impacto y lo apuñaló hasta morir (*).

Los más de 11 años que separan ambos sucesos parecen no haber sido suficientes para que la experiencia acumulada y las lecciones aprendidas hayan permeado la piel de algunas personas, como parece ser el caso de Ferre. Cuando lo imposible sucede, las personas se muestran tal como son. Así Ferre no duda en hacer unas declaraciones públicas que son irresponsables por exceso, al tratar de imputar única y exclusivamente al maquinista del tren inoculando con ello el odio entre los que aun lloran amargamente a sus muertos. Además con ello interfiere en una investigación que justo ahora comienza a dar sus primeros pasos. Pero también es irresponsable por defecto, ya que como presidente de ADIF debería saber que los sistemas de seguridad de respaldo existen porque las personas somos falibles. Que los humanos nos equivocamos es incuestionable. Pretender hacer gravitar toda la responsabilidad en el eslabón más frágil, en el operador, es, a su vez, inconcebible. Si el maquinista del Alvia cometió el error de no frenar el tren a tiempo, no se entiende que no exista ni una sola red de seguridad que pudiera prevenirlo y evitar así la tragedia. Y esto es justo lo que Ferre reconoce en su declaración. Nos ha dicho que no hay ninguna red. Según él es normal que en el campo de juego de la Alta Velocidad española haya momentos en los que el portero se quede solo ante el equipo contrario.

Prever, mejorar y supervisar los sistemas que permitan que estas cosas no sucedan a pesar de los errores humanos, es lo que las entidades supervisoras e instituciones como ADIF deberían hacer, en vez de declarar su inocencia mediante el artificio de culpabilizar a otros. Por todo ello pedimos el cese o dimisión inmediata del presidente de ADIF, por su clara incompetencia así como por su carencia de responsabilidad y sensibilidad, que ha quedado demostrada de forma patente con esta tragedia.

(*) Años después del accidente de Überlingen, los máximos responsables de la empresa que gestionaba el control aéreo fueron encontrados culpables y condenados a prisión. La justicia no puede devolvernos las vidas perdidas o truncadas, pero sí puede depurar todas las responsabilidades en este accidente y repartirla de forma ecuánime entre todos los implicados, incluido el presidente de ADIF.

Imagen bajo licencia CC

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