Para defender los títulos de Nuestra Señora, Corredentora y Mediadora de todas las gracias

El problema

Millones de católicos en todo el mundo que aman profundamente a la Santísima Virgen María se ven heridos y confundidos por la decisión del Vaticano de declarar “no convenientes” los títulos de Corredentora y Mediadora de todas las gracias, títulos que durante siglos han sido enseñados, defendidos y amados por santos, teólogos y doctores de la Iglesia. Estas palabras no son simples fórmulas piadosas: expresan una verdad central de nuestra fe, el papel único y maternal de María en la redención y en la distribución de las gracias de su Hijo Jesucristo. Negar o silenciar estos títulos es negar, en parte, el amor que la Iglesia siempre ha profesado hacia su Madre.

Si permanecemos en silencio, se corre el riesgo de que se debilite la doctrina mariana que ha sostenido la fe de generaciones enteras. La Virgen dejará de ser vista como la Mediadora maternal que nos conduce a Cristo, y muchos fieles perderán el sentido de su intercesión poderosa y universal. Si, por el contrario, defendemos estos títulos, afirmamos nuestra fidelidad a la Tradición y al Magisterio constante que, desde San Bernardo, San Alfonso María de Ligorio y San Luis María Grignion de Montfort, ha proclamado a María como la Corredentora junto al Redentor y la Mediadora por excelencia de las gracias divinas. Defender estos títulos es defender la fe católica íntegra y el lugar que Dios mismo quiso dar a su Madre.

Vivimos un tiempo de confusión doctrinal, en el que los fieles buscan claridad y firmeza. Callar ahora sería consentir la progresiva desaparición del lenguaje y la devoción mariana tradicional que tanto bien ha hecho a las almas. La voz de los fieles debe hacerse oír: Para suplicar filialmente que se respete la verdad inmutable sobre María, la misma que la Iglesia ha venerado durante siglos.

Hoy más que nunca, cuando el mundo necesita la mediación maternal de la Virgen, debemos proclamar con amor y valentía: ¡Santa María, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, ruega por nosotros!

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El problema

Millones de católicos en todo el mundo que aman profundamente a la Santísima Virgen María se ven heridos y confundidos por la decisión del Vaticano de declarar “no convenientes” los títulos de Corredentora y Mediadora de todas las gracias, títulos que durante siglos han sido enseñados, defendidos y amados por santos, teólogos y doctores de la Iglesia. Estas palabras no son simples fórmulas piadosas: expresan una verdad central de nuestra fe, el papel único y maternal de María en la redención y en la distribución de las gracias de su Hijo Jesucristo. Negar o silenciar estos títulos es negar, en parte, el amor que la Iglesia siempre ha profesado hacia su Madre.

Si permanecemos en silencio, se corre el riesgo de que se debilite la doctrina mariana que ha sostenido la fe de generaciones enteras. La Virgen dejará de ser vista como la Mediadora maternal que nos conduce a Cristo, y muchos fieles perderán el sentido de su intercesión poderosa y universal. Si, por el contrario, defendemos estos títulos, afirmamos nuestra fidelidad a la Tradición y al Magisterio constante que, desde San Bernardo, San Alfonso María de Ligorio y San Luis María Grignion de Montfort, ha proclamado a María como la Corredentora junto al Redentor y la Mediadora por excelencia de las gracias divinas. Defender estos títulos es defender la fe católica íntegra y el lugar que Dios mismo quiso dar a su Madre.

Vivimos un tiempo de confusión doctrinal, en el que los fieles buscan claridad y firmeza. Callar ahora sería consentir la progresiva desaparición del lenguaje y la devoción mariana tradicional que tanto bien ha hecho a las almas. La voz de los fieles debe hacerse oír: Para suplicar filialmente que se respete la verdad inmutable sobre María, la misma que la Iglesia ha venerado durante siglos.

Hoy más que nunca, cuando el mundo necesita la mediación maternal de la Virgen, debemos proclamar con amor y valentía: ¡Santa María, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, ruega por nosotros!

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