Implementación de una Jornada Internacional del Migrante Desconocido

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Quien emigra no sabe hacia donde huye, los flujos de personas en movimiento no tienen confines o identidad. No se puede responder con medidas locales semejante fenómeno global:
¿Recuerdan a Aylan Kurdi, el niño de 3 años de remera roja y pantalones azules tendido en la playa de Túnez? A pesar de recorrer el mundo, su fotografía no nos ha enseñado nada.
¿Recuerdan el joven de 14 años que viajaba hacia Italia con su boletín de calificaciones, cosido a su abrigo, para demostrar que era digno de permanecer en el país? Falleció en el Mediterráneo, sin que nadie lo pudiera llorar. Y sin embargo, tampoco nos ha enseñado nada. 
¿Recuerdan el padre con su hija a su lado, ahogados en el Rio Grande, en el intento de rodear el muro que separa México y Estados Unidos?
Solamente en los primeros 4 meses del 2019 han fallecido 422 personas en el Mediterráneo, un promedio de más de 3 fallecidos diarios, tratando de una porcentual mayor al total contabilizado en 2014. Desde el 2014 hasta hoy, no hemos aprendido nada.


En estos años aprendimos a utilizar el lenguaje de la inmigración. Flujos, acogida, integración han comenzado a ser parte de nuestro vocabulario común. Solamente un sujeto ha quedado injustamente marginado de estas dinámicas de esta época, siendo paradójicamente, su epicentro: El Inmigrante Desconocido.


Desaparecen incalculables cantidades de personas en estos viajes de esperanza. Vidas inocentes, engañados por comerciantes de ilusiones, tragados por la profundidad de los desiertos, de los mares y otras tierras desoladas. Son bebes, niños, madres y chicos muy jóvenes que atraviesan las periferias geográficas y existenciales de un mundo diferente y hostil. Son los invisibles, que desaparecen en viajes arriesgados o en las zonas de desembarque, tierra de nadie, reserva de caza para la trata de personas, que son los lados oscuros mas inconfesables de nuestra “avanzada” sociedad.
Desafortunadamente, los inmigrantes solo aparecen en los noticieros y diarios cuando son acogidos por embarcaciones de rescate. Aquellos restantes, desesperados, de los “desembarques fantasmas”; victimas de traficantes de personas; nadie sabe nada, nadie se preocupa, nadie abre su agenda de prioridades nacionales y comunitarias.
Y sin embargo, los inmigrantes desconocidos, desaparecidos en el silencio indiferente y cómplices de las “tumbas de agua”, junto con los peregrinos de fronteras, constituyen la gran mayoría de los flujos migratorios. Por esto se puede considerar apropiado un Día Internacional, en grado de sensibilizar la opinión publica y de educar la conciencia. Particularmente de las nuevas generaciones, sobre una situación dolorosa e ineludible del tercer milenio globalizado. Cualquiera que lo promueva demostrará que puede “convertir la levadura en masa”, y leer los signos del tiempo. Instituciones, el tercer sector y ciudadanos conscientes son llamados a compartir una ocasión de completo empeño. 
Desde aquí surge una apasionada petición a la ONU, a Europa, a la Santa Sede y al Gobierno Italiano, que hace años cooperan en la recepción de inmigrantes para que se establezca: el Día Internacional Del Inmigrante Desconocido. 
A pesar de todo, el Mar Mediterráneo se ha transformado en un “Holocausto moderno”. Para establecer la Jornada de la Memoria para las victimas del Holocausto se necesitaron 60 años, no esperemos tanto en esta ocasión. La Jornada del Inmigrante Desconocido lograría probar la movilización colectiva de personas y concientización para una emergencia que es considerada una contingencia cotidiana. 
No podemos fingir de ignorar el hecho de que hay hermanos que desaparecen en las fauces de la desesperación.