

¡NUESTROS BOSQUES SE CONSUMEN, NUESTROS PUEBLOS ARDEN!
El problema
Un clamor por la tierra, la memoria y el futuro de España
El verdadero incendio no nace solo en el monte; se enciende en los despachos y en la moqueta de un Congreso que vive de espaldas a la España rural. Mientras familias enteras pierden en minutos el esfuerzo de toda una vida, la clase dirigente asiste impasible desde sus tronos urbanos.
Lo más intolerable es la parálisis por puro cálculo electoral. Dirigentes capaces de cruzarse de brazos, bloquear medidas y votarse en contra solo por egoísmo, soberbia y rivalidad partidista. Demuestran que les importa más su ego que el pueblo español: dejan arder España antes que darle la razón al bando contrario.
A este abandono se suman tres factores críticos que debemos corregir de inmediato:
Impunidad criminal: Exigimos el máximo endurecimiento del Código Penal para los incendiarios. Quien quema nuestra tierra por vandalismo o interés debe cumplir penas íntegras, responder con su patrimonio y reparar con su trabajo el daño causado.
El error del ecologismo de despacho: Las leyes redactadas desde la distancia han criminalizado al habitante rural. Prohibir el desbroce, el pastoreo y las quemas tradicionales ha convertido los montes en polvorines de biomasa seca. Un hiperproteccionismo absurdo que ha terminado siendo el mayor verdugo de la naturaleza.
La trampa del agua: Se gastan millones de litros en apagar incendios, pero la realidad técnica es clara: el agua solo refresca; lo que evita la tragedia es la limpieza previa del monte durante los doce meses del año.
¿Cómo proteger nuestro patrimonio?
Con sentido común: silvicultura preventiva, pastoreo como desbrozadora natural y mosaicos de paisaje. Y tras el fuego, nada de prisas ni monocultivos: primero frenar la erosión del suelo y respetar la regeneración de nuestras especies autóctonas.
Es hora de apagar la trinchera política. Exigimos un frente común donde Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Estado remen en la misma dirección junto a la Guardia Civil, Protección Civil, bomberos forestales y vecinos, que se dejan la piel mientras la burocracia los desampara.
Nuestros pueblos no sufren un desastre imprevisible, sufren las consecuencias del abandono y la soberbia. De todos nosotros depende el futuro de España.
✍️ ¡FIRMA Y PARALIZAMOS ESTE ABANDONO!
Exijamos al Congreso mano dura contra los incendiarios, la flexibilización de las leyes ambientales para gestionar el monte y un plan de prevención conjunto sin colores políticos.
👉 Súmate y firma la petición aquí: [Añadir enlace de la firma]
📢 Difunde este manifiesto en tus redes sociales y grupos de WhatsApp. ¡Que se oiga la voz del campo!

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El problema
Un clamor por la tierra, la memoria y el futuro de España
El verdadero incendio no nace solo en el monte; se enciende en los despachos y en la moqueta de un Congreso que vive de espaldas a la España rural. Mientras familias enteras pierden en minutos el esfuerzo de toda una vida, la clase dirigente asiste impasible desde sus tronos urbanos.
Lo más intolerable es la parálisis por puro cálculo electoral. Dirigentes capaces de cruzarse de brazos, bloquear medidas y votarse en contra solo por egoísmo, soberbia y rivalidad partidista. Demuestran que les importa más su ego que el pueblo español: dejan arder España antes que darle la razón al bando contrario.
A este abandono se suman tres factores críticos que debemos corregir de inmediato:
Impunidad criminal: Exigimos el máximo endurecimiento del Código Penal para los incendiarios. Quien quema nuestra tierra por vandalismo o interés debe cumplir penas íntegras, responder con su patrimonio y reparar con su trabajo el daño causado.
El error del ecologismo de despacho: Las leyes redactadas desde la distancia han criminalizado al habitante rural. Prohibir el desbroce, el pastoreo y las quemas tradicionales ha convertido los montes en polvorines de biomasa seca. Un hiperproteccionismo absurdo que ha terminado siendo el mayor verdugo de la naturaleza.
La trampa del agua: Se gastan millones de litros en apagar incendios, pero la realidad técnica es clara: el agua solo refresca; lo que evita la tragedia es la limpieza previa del monte durante los doce meses del año.
¿Cómo proteger nuestro patrimonio?
Con sentido común: silvicultura preventiva, pastoreo como desbrozadora natural y mosaicos de paisaje. Y tras el fuego, nada de prisas ni monocultivos: primero frenar la erosión del suelo y respetar la regeneración de nuestras especies autóctonas.
Es hora de apagar la trinchera política. Exigimos un frente común donde Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Estado remen en la misma dirección junto a la Guardia Civil, Protección Civil, bomberos forestales y vecinos, que se dejan la piel mientras la burocracia los desampara.
Nuestros pueblos no sufren un desastre imprevisible, sufren las consecuencias del abandono y la soberbia. De todos nosotros depende el futuro de España.
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Exijamos al Congreso mano dura contra los incendiarios, la flexibilización de las leyes ambientales para gestionar el monte y un plan de prevención conjunto sin colores políticos.
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Petición creada en 26 de julio de 2026