No a la reforma de las pruebas de acceso a la Universidad

El problema

                       COMPETENCIAS PARA LA NADA:
       EN CONTRA DE LA PROPUESTA DE REFORMA DE LAS EBAU/EvAU REDACTADA POR EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN 


   Los abajo firmantes, especialistas de las pruebas de Lengua Castellana y Literatura II en las EBAU/EvAU de sus respectivas comunidades autónomas, manifiestan su rechazo a la propuesta de la reforma de las pruebas de acceso a la universidad avanzada por el Ministerio de Educación. 


   La propuesta, filtrada a finales del mes de julio, propone cambios radicales en la estructura y el contenido de las pruebas. Estos quedan explicados de manera vaga y escueta, sembrando la incertidumbre, y, crucialmente, han sido planteados sin ningún diálogo con las universidades, los asesores de las materias en EBAU/EvAU o los profesores de Secundaria. 


   Si bien estamos de acuerdo en que las pruebas necesitan una revisión profunda y en que deben ser “más competenciales y menos memorísticas”, creemos que esta propuesta esconde una reducción inadmisible de los contenidos que sustentan las competencias, especialmente en el caso de las lenguas, que se limitan a servir como mero instrumento de expresión.

 
   El documento del Ministerio agrupa las pruebas de Lengua Española, Lengua Cooficial, Lengua Extranjera, Historia e Historia de la Filosofía. El potencial atractivo de una prueba interdisciplinar, aparentemente orientada a evaluar la madurez y el juicio crítico de los estudiantes, se desvanece al analizar su estructura. Constará de veinticinco preguntas, redactadas en las tres lenguas del examen y divididas en dos grupos: preguntas cerradas (es decir, de tipo test) y preguntas semiconstruidas, eufemismo que esconde un simple rellenado de huecos con una palabra o expresión breve. A estas se suman tres preguntas de desarrollo, cuya risible extensión (un párrafo largo o dos párrafos breves) no permitirá, de ninguna manera, evaluar ni la madurez del estudiante ni su expresión escrita. 


   La extensión de esta prueba equivale, toda ella, a un tercio de la prueba actual, que, además de un comentario de texto, incluye hoy un análisis lingüístico y una reflexión literaria. Pero como, en sus primeros años, agrupa tres idiomas, en realidad, supone un tercio de un tercio de un tercio del examen actual; es decir, el Ministerio propone que los alumnos se examinen de un veintisieteavo del examen aún vigente. Curiosamente, a esta prueba la denominan "de madurez" y esperan que ejerza presión sobre la práctica docente en Secundaria. Admiramos que nuestros gobernantes lean a Orwell, pero este cambio nominalista no oculta el desastre que supone exigir veintisiete veces menos que ahora y obligar a los profesores a enseñar trucos para rellenar huecos a partir de un texto. 


   De implantarse, este supuesto examen eliminaría, de un plumazo, la reflexión lingüística que se ha desarrollado en las clases de todos los idiomas. Desaparecerían el análisis sintáctico, la descripción de clases de palabras o el análisis morfológico o textual. Más allá del uso de la lengua, la reflexión metalingüística es un poderoso instrumento de desarrollo cognitivo, análogo a la reflexión matemática, y una competencia que el sistema educativo debería cuidar, no suprimir. 


   También es de suponer que desaparecería el estudio literario, ya que ni siquiera se menciona en el documento ministerial. Como resultado, nuestros estudiantes serían más ignorantes y, al no estudiar las literaturas de sus respectivas lenguas, fomentaríamos la aculturación de nuestros jóvenes, que ignorarían nuestras tradiciones literarias. Tampoco desarrollarían competencias de análisis textual indispensables para afrontar, por ejemplo, la prueba de madurez. 


   Esta reforma no va a incrementar las competencias de los alumnos: no va a producir mejores escritores ni mejores lectores. Si escribir tres párrafos es todo el dominio de la lengua que se le va a exigir a un estudiante universitario (una en cada idioma, es de suponer), segundo de Bachillerato se va a convertir en un curso prescindible. Pero como, en general, todo el Bachillerato está orientado hacia las pruebas de acceso a la universidad, el efecto cascada que va a producir sobre los contenidos, sobre la actitud en clase, y sobre la planificación de los cursos precedentes, va a ser demoledor. 


   Mención aparte merece la enseñanza del inglés: si lo único que van a tener que acreditar nuestros futuros universitarios es la capacidad de rellenar unos huecos y redactar un párrafo en dicha lengua, la enseñanza pública de la lengua extranjera va a sufrir un revés considerable, lo que perjudicará especialmente a los hijos de familias sin recursos, que no tendrán vías alternativas para cubrir ese vacío en el sistema público de educación.

   Queremos señalar, una vez más, que esta propuesta se ha redactado sin oír a las universidades, que realizan las pruebas de acceso, al profesorado de Secundaria, ni a los responsables de las pruebas en las comunidades autónomas. Este procedimiento, por desgracia, es habitual en Educación. También explica muchos de los problemas que sufrimos. 


   Creemos, por lo señalado en este documento, que el Ministerio debe retirar su propuesta y comenzar una etapa de diálogo con profesores, universidades y sindicatos. El poder político no puede seguir ignorando a la sociedad civil en temas educativos. 


España, a 23 de septiembre de 2022

Siguen las firmas electrónicas de los siguientes profesores especialistas de las pruebas de acceso en sus respectivas CCAA:

García Andreva, Fernando

García García, María Serafina

González Pérez, Rosario

Horno Chéliz, María del Carmen

Jiménez Ríos, Enrique

Montero Curiel, María Pilar

Pons Bordería, Salvador

Ramos Arteaga, José Antonio

Sánchez Laílla, Luis

Serés Guillén, Guillermo Roberto

Vela Delfa, Cristina

Vivanco Gefaell, Juana Margarita

Vivancos Mulero, María Esther

 

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El problema

                       COMPETENCIAS PARA LA NADA:
       EN CONTRA DE LA PROPUESTA DE REFORMA DE LAS EBAU/EvAU REDACTADA POR EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN 


   Los abajo firmantes, especialistas de las pruebas de Lengua Castellana y Literatura II en las EBAU/EvAU de sus respectivas comunidades autónomas, manifiestan su rechazo a la propuesta de la reforma de las pruebas de acceso a la universidad avanzada por el Ministerio de Educación. 


   La propuesta, filtrada a finales del mes de julio, propone cambios radicales en la estructura y el contenido de las pruebas. Estos quedan explicados de manera vaga y escueta, sembrando la incertidumbre, y, crucialmente, han sido planteados sin ningún diálogo con las universidades, los asesores de las materias en EBAU/EvAU o los profesores de Secundaria. 


   Si bien estamos de acuerdo en que las pruebas necesitan una revisión profunda y en que deben ser “más competenciales y menos memorísticas”, creemos que esta propuesta esconde una reducción inadmisible de los contenidos que sustentan las competencias, especialmente en el caso de las lenguas, que se limitan a servir como mero instrumento de expresión.

 
   El documento del Ministerio agrupa las pruebas de Lengua Española, Lengua Cooficial, Lengua Extranjera, Historia e Historia de la Filosofía. El potencial atractivo de una prueba interdisciplinar, aparentemente orientada a evaluar la madurez y el juicio crítico de los estudiantes, se desvanece al analizar su estructura. Constará de veinticinco preguntas, redactadas en las tres lenguas del examen y divididas en dos grupos: preguntas cerradas (es decir, de tipo test) y preguntas semiconstruidas, eufemismo que esconde un simple rellenado de huecos con una palabra o expresión breve. A estas se suman tres preguntas de desarrollo, cuya risible extensión (un párrafo largo o dos párrafos breves) no permitirá, de ninguna manera, evaluar ni la madurez del estudiante ni su expresión escrita. 


   La extensión de esta prueba equivale, toda ella, a un tercio de la prueba actual, que, además de un comentario de texto, incluye hoy un análisis lingüístico y una reflexión literaria. Pero como, en sus primeros años, agrupa tres idiomas, en realidad, supone un tercio de un tercio de un tercio del examen actual; es decir, el Ministerio propone que los alumnos se examinen de un veintisieteavo del examen aún vigente. Curiosamente, a esta prueba la denominan "de madurez" y esperan que ejerza presión sobre la práctica docente en Secundaria. Admiramos que nuestros gobernantes lean a Orwell, pero este cambio nominalista no oculta el desastre que supone exigir veintisiete veces menos que ahora y obligar a los profesores a enseñar trucos para rellenar huecos a partir de un texto. 


   De implantarse, este supuesto examen eliminaría, de un plumazo, la reflexión lingüística que se ha desarrollado en las clases de todos los idiomas. Desaparecerían el análisis sintáctico, la descripción de clases de palabras o el análisis morfológico o textual. Más allá del uso de la lengua, la reflexión metalingüística es un poderoso instrumento de desarrollo cognitivo, análogo a la reflexión matemática, y una competencia que el sistema educativo debería cuidar, no suprimir. 


   También es de suponer que desaparecería el estudio literario, ya que ni siquiera se menciona en el documento ministerial. Como resultado, nuestros estudiantes serían más ignorantes y, al no estudiar las literaturas de sus respectivas lenguas, fomentaríamos la aculturación de nuestros jóvenes, que ignorarían nuestras tradiciones literarias. Tampoco desarrollarían competencias de análisis textual indispensables para afrontar, por ejemplo, la prueba de madurez. 


   Esta reforma no va a incrementar las competencias de los alumnos: no va a producir mejores escritores ni mejores lectores. Si escribir tres párrafos es todo el dominio de la lengua que se le va a exigir a un estudiante universitario (una en cada idioma, es de suponer), segundo de Bachillerato se va a convertir en un curso prescindible. Pero como, en general, todo el Bachillerato está orientado hacia las pruebas de acceso a la universidad, el efecto cascada que va a producir sobre los contenidos, sobre la actitud en clase, y sobre la planificación de los cursos precedentes, va a ser demoledor. 


   Mención aparte merece la enseñanza del inglés: si lo único que van a tener que acreditar nuestros futuros universitarios es la capacidad de rellenar unos huecos y redactar un párrafo en dicha lengua, la enseñanza pública de la lengua extranjera va a sufrir un revés considerable, lo que perjudicará especialmente a los hijos de familias sin recursos, que no tendrán vías alternativas para cubrir ese vacío en el sistema público de educación.

   Queremos señalar, una vez más, que esta propuesta se ha redactado sin oír a las universidades, que realizan las pruebas de acceso, al profesorado de Secundaria, ni a los responsables de las pruebas en las comunidades autónomas. Este procedimiento, por desgracia, es habitual en Educación. También explica muchos de los problemas que sufrimos. 


   Creemos, por lo señalado en este documento, que el Ministerio debe retirar su propuesta y comenzar una etapa de diálogo con profesores, universidades y sindicatos. El poder político no puede seguir ignorando a la sociedad civil en temas educativos. 


España, a 23 de septiembre de 2022

Siguen las firmas electrónicas de los siguientes profesores especialistas de las pruebas de acceso en sus respectivas CCAA:

García Andreva, Fernando

García García, María Serafina

González Pérez, Rosario

Horno Chéliz, María del Carmen

Jiménez Ríos, Enrique

Montero Curiel, María Pilar

Pons Bordería, Salvador

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Serés Guillén, Guillermo Roberto

Vela Delfa, Cristina

Vivanco Gefaell, Juana Margarita

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Petición creada en 26 de septiembre de 2022