
Quiero trasladar mi más sincero y sentido pésame a la familia de Laura, así como todo mi respeto y apoyo.
No hay palabras ni hechos, no hay nada, que pueda aliviar el dolor tan intenso de unos padres cuando sufren la perdida de una hija en tan trágicas circunstancias .
Así mismo quisiera poner en valor el extraordinario trabajo de la Guardia Civil por la pronta detención del asesino confeso de Laura.
Mi convicción es firme, como sociedad no podemos consentir nuevos asesinatos de víctimas inocentes si podemos evitarlo. Y en esta lucha no estoy solo, la mayoría de los ciudadanos españoles comparten mi parecer, al margen de ideologías políticas. Debemos hacer todo lo posible para que asesinos extraordinariamente peligrosos y violadores en serie sean puestos en libertad sin estar plenamente rehabilitados. Nuestro código penal y nuestro sistema penitenciario tiene que garantizar que ante criminales tan crueles se acredite con criterios objetivos y por especialistas, que no les dejamos en la calle para que vuelvan a reincidir, a cometer nuevos crímenes.Eso es lo que establece justamente la pena de prisión permanente revisable, y ahí radica su carácter preventivo.
El asesinato de Laura se podría haber evitado si se hubiera detectado que su asesino confeso no estaba en condiciones de ser puesto en libertad porque no estaba rehabilitado y suponía un peligro para la sociedad, tal y como ha quedado acreditado tan solo un mes después de su salida de prisión.
Estoy en contra, por supuesto, de la pena de muerte, de la cadena perpetua o incluso del cumplimiento íntegro de las penas. Porque ni siquiera esta última pena, por dura que sea, garantiza que los asesinos y violadores en serie , tras cumplir su condena se hayan rehabilitado.
Y me sumo a todas aquellas iniciativas y medidas legislativas que refuercen de forma efectiva los controles penitenciarios y policiales de peligrosos criminales, tanto cuando están en prisión como, sobre todo, cuando son puestos en libertad.
A nuestros representantes políticos les pediría que dejen sus confrontaciones al margen y al menos en esta cuestión, la protección de nuestros hijos y de la mujer, estén a la altura. Es de sentido común.