Paremos la destrucción del Patrimonio Arquitectónico Moderno de Quito

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Quito, 07 de agosto de 2019

CARTA ABIERTA AL ALCALDE

La Academia frente a la destrucción del Patrimonio Arquitectónico Moderno de Quito

El territorio y, en especial, la ciudad: su forma, su espacio y su arquitectura, construyen a lo largo del tiempo nuestra forma de ser y de vivir. Los seres humanos actuamos y (re)conocemos el mundo por los espacios que hemos habitado.

Desde esta perspectiva, es importante valorar adecuadamente cuáles son estos hitos espaciales de nuestra cultura, con el fin de preservarlos, pues su desaparición o abandono, desmaterializan y extravían lo que constituye un componente tangible de nuestra memoria histórica.

A menudo se comete el error de identificar el patrimonio con un pasado exclusivamente antiguo o arqueológico, cuando es importante notar que la historia contemporánea se nutre de un pasado reciente. Aunque el paso del tiempo no haya sido extenso, desde el aparecimiento de la arquitectura perteneciente al movimiento moderno en Quito, debemos ser conscientes del valor documental y testimonial, sobre todo en términos culturales, que tienen hoy ciertos edificios o lugares urbanos.

La arquitectura moderna, que manifiesta espacialmente el momento cultural, económico y político de la época en la que se construyó, es desornamentada por definición; la ausencia de decoración, se manifiesta en la “serenidad”, la honestidad estructural y material y en la sobriedad formal. Tanta limpieza puede provocar indiferencia en los ciudadanos en general, derivándose en la negación de su valor arquitectónico, artístico y cultural, haciendo así, muy vulnerables a los edificios del movimiento moderno.

El desconocimiento, la subvaloración y el que-me-importismo de buena parte de la ciudadanía, pero en especial de las autoridades locales; así como un proceso inconcluso, desactualizado (y cuestionable) de catalogación del patrimonio, por parte de estas últimas, - que tienen el deber y la obligación de hacerlo -, ha permitido y fomentado la destrucción de valiosas edificaciones pertenecientes al movimiento moderno de nuestra ciudad (1935 – 1978 período del movimiento moderno en Quito).

Así, la poca significación de la arquitectura moderna radica en que el ciudadano no arquitecto, pero también algunos profesionales que ejercen la profesión únicamente desde la construcción y la venta de inmuebles, no perciben el valor histórico, artístico, cultural o patrimonial de obras sin ornamento, aparentemente simples, o ajenas a condiciones estéticas pertenecientes a la arquitectura colonial o republicana. Prevalece frente a esto los valores de uso y cambio, por tanto, se ve al edificio únicamente como mercancía, volviendo difusa la diferencia entre el precio y el valor de la arquitectura.

El acelerado proceso de crecimiento de la ciudad y la voracidad inmobiliaria de algunos agentes privados que solo persiguen el enriquecimiento con el valor del suelo, ha producido y sigue produciendo irreparables pérdidas en lo que se refiere al patrimonio arquitectónico; en especial de aquel que se edificó en la primera mitad del siglo XX en la ciudad de Quito. Las políticas de conservación del patrimonio deben estar sobre esta presión inmobiliaria con reglas e instrumentos claros y transparentes, que no permitan desviaciones o diferentes interpretaciones, que resulten en la destrucción o modificación (descriteriada) del patrimonio edificado.

Esto es lo que está ocurriendo en estos días con el derrocamiento de una importante y valiosa pieza arquitectónica de inicios de los años sesenta: la Casa Chérrez, obra del Arq. Oswaldo de la Torre, ubicada en el Batán Alto, y declarada como Premio Ornato de la ciudad en 1964. Se ha procedido a destruir esta obra arquitectónica ante la vista y paciencia de sus habitantes que debemos soportar una arremetida de los peores antivalores e intereses de individuos a los que definitivamente no les interesa, ni importa, aquello que hace al bien común y los valores sobre los que se cimienta la cultura ciudadana.

La permisividad y el desgobierno que se han convertido en lugar común en Quito, en los últimos años, dan lugar a que las reglas mínimas de convivencia, respeto y racionalidad en el crecimiento y desarrollo de la ciudad, sean desmanteladas poco a poco; y que, las normas y leyes existentes, se ignoren impunemente, frente a intereses puramente económicos.

El tema de la conservación del patrimonio siempre ha sido controversial, sobre todo con respecto a la arquitectura del movimiento moderno, donde puede aún existir ambigüedad en los criterios e instrumentos de valoración, a pesar de que hay documentos y directrices dictadas por la UNESCO y el DOCOMOMO Documentation and Conservation of buildings, sites and neighborhoods of the Modern Movement.  De todas maneras, en el caso de Quito, es contradictorio que el Municipio permita la destrucción de una obra a la que la misma Institución otorgó un premio. ¿Cuál es el motivo de entregar un Premio Ornato si no se van a proteger las edificaciones galardonadas?.

Frente a estos hechos, es indispensable manifestar nuestra protesta desde quienes hacemos la academia, así también como  profesionales, representantes de los medios de comunicación, el Colegio de Arquitectos y otros colegios profesionales y colectivos ciudadanos conscientes de la crisis que nos afecta, con el fin de exigir del gobierno local y del Alcalde de Quito, que se frene de una vez por todas, el irrespeto a las normas y ordenanzas de Quito.

Solicitamos, además, se forme de manera inmediata una comisión multidisciplinaria y profesional, con el fin de que se actualice, revise y expida una nueva norma para la conservación del patrimonio material de Quito.

Es necesario generar conciencia y un fuerte compromiso social frente a la catalogación y protección del patrimonio arquitectónico moderno de Quito, que no es otra cosa que la materialización de nuestra cultura.

Agradecemos por anticipado su atención a esta carta.

Atentamente,


Arq. Omar Chamorro
Arq. Daniela Loaiza J.
Arq. Mauricio Moreno V.
Académicos preocupados por la ARQUITECTURA Y LA CIUDAD.