Prohíban las páginas pro-anorexia y pro-bulimia en Internet

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Las páginas web pro-ana y pro-mía ayudaron a mi TCA a hacerse más fuerte, cegando cada vez más mi "yo" racional y sano. Introdujeron en mi ideas dañinas sobre la alimentación, cómo adelgazar, cómo vomitar... Distintos trucos que lo único que provocaron fue hacerme daño.

Hubo una época que estaba muy enganchada a visitar este tipo de contenido. Lo veía como un apoyo e incluso estuve en un grupo de whatsapp con distintas chicas que compartían todo lo que ellas hacían y el resto debíamos hacer para tener un cuerpo delgado y perfecto.

Ahora ya no tengo contacto con estas páginas y veo lo dañinas que son, especialmente por lo fácil que es acceder a ellas.

En la actualidad, numerosos espacios denominados Pro-Ana y Pro-Mía hacen apología de trastornos de la conducta alimentaria tales como la anorexia (ANA) y la bulimia (MÍA). En ellas se promueve un discurso contraproducente en el que se exalta un estereotipo de extrema delgadez con el objetivo de definir a la anorexia y la bulimia como un “estilo de vida”.

Su alcance es ilimitado y se llevan a cabo no sólo a través de las páginas web; también mediante foros, chats, blogs, APPS, redes sociales, etc… En estos espacios se tergiversa la realidad: personalizando la anorexia y la bulimia, otorgándoles nombres (ANA y MÍA) y tratándolas como amigas.

Además, se ofrece un apoyo irreal, basado en el sentimiento de pertenencia a un grupo y en la mutua colaboración por alcanzar la ansiada meta de llegar a ser una “princesa”, ofreciendo consejos para adelgazar, ocultar estos trastornos y engañar a familiares y amigos/as.

Pero el peligro no acaba aquí. En esta clase de espacios se difunden muchos otros tipos de contenidos perjudiciales para la salud, incitando fundamentalmente a perder peso mediante métodos aún más extremos.

Algunas de prácticas que se fomentan para adelgazar son las carreras de kilos, competiciones que se llevan a cabo con el objetivo de perder la mayor cantidad de peso en un tiempo estipulado; las dietas sin aporte nutricional, consistentes en alimentarse a base de agua y raciones escasas de frutas o verduras; autocastigos físicos y psicológicos; y el consumo de fármacos sin supervisión médica. Todas carecen de fundamento científico, además de poner en riesgo su salud física y mental.

La mayoría de las personas que frecuentan estos espacios se encuentran en la fase inicial de su trastorno (70%), siendo principalmente menores de edad (78%) y chicas (95%). Tan sólo en el 13% de los casos la familia conoce sus hábitos y menos de la mitad del entorno familiar acaba enterándose del problema (Fuente: Orange).

Únicamente de 2006 a 2011 el número de páginas web Pro-ANA y Pro-MÍA aumentó un 470%. (Fuente: Informe de IQUA y ACAB). En la actualidad, pese a la grave situación descrita, en España no existe una normativa que sancione estos contenidos a nivel nacional.

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“Por un mundo sin Ana y Mía, por un reino sin princesas”