OPOSICIONES DOCENTES "DECENTES". POR UN SISTEMA JUSTO, TRANSPARENTE Y OBJETIVO

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Un año más, los resultados obtenidos en las oposiciones docentes son decepcionantes. Un año más, la gran mayoría de aspirantes son calificados con notas vergonzosas y quedan excluidos sin poder continuar con la siguiente parte del proceso. Un año más, horas y horas de dedicación, tiempo y esfuerzo, son convertidos en un número que nada se corresponde con la realidad. Año tras año, vivimos la misma situación sin que se produzca ningún cambio y, año tras año, vemos como nuestras ilusiones y energías para llegar a conseguir nuestro sueño se van consumiendo por un sistema obsoleto, injusto, subjetivo y donde reinan los intereses de unos cuantos.

Tras las publicaciones de las calificaciones de la primera prueba del proceso selectivo de oposiciones docentes, se evidencian diferentes irregularidades y una falta integral de transparencia en el proceso con la cual los aspirantes no estamos de acuerdo. Hay especialidades en las cuales solo una o dos personas han pasado a la segunda fase, como ha pasado, por ejemplo, en las especialidades de Educación Física y Geografía e Historia en algunas islas. Valorando estos datos, es básicamente improbable que la gran mayoría del cuerpo de opositores de una especialidad no esté calificada para conseguir una calificación igual o superior a 5. Estas incoherencias, junto a otras que se repiten en diversas CCAA, son resultado directo de la falta de transparencia que debe prevalecer en cualquier procedimiento de selección para provisión de plazas públicas y que la Constitución ampara.

Ante esta situación pedimos:

Claridad: para podernos evaluar, es básico informar a los aspirantes qué es exactamente lo que se espera de ellos en las diferentes pruebas. No puede ser que en las pruebas no haya una estructura clara, no puede ser que quede a criterio (y suerte) del aspirante ni a criterio personal del tribunal que tiene que evaluar. Se tienen que proporcionar unas indicaciones claras y concretas desde el principio.

Trasparencia: se nos tiene que facilitar el examen con la rúbrica con la cual se nos ha evaluado y conocer las justificaciones de nuestra calificación. Los criterios de evaluación tienen que ser concretos y se tienen que publicar, antes de las pruebas, las rúbricas que los recogen junto con sus indicadores.

Objetividad: en el campo de la educación existen inclinaciones muy diferentes y es inadmisible que la evaluación de la prueba dependa de una perspectiva personal. ¿Cómo se puede evaluar el desarrollo de un tema que se puede resolver casi de tantas maneras diferentes como aspirantes se presentan? Necesitamos que nos proporcionen una teoría común, garantizando la igualdad de oportunidades para todos. Y, lo que es más, ¿cómo se evalúa un caso práctico? Su evaluación nunca podrá ser objetiva, puesto que siempre dependerá de la inclinación y gusto de la persona que evalúa. Esta prueba, sin la utópica garantía de una mirada abierta por parte del tribunal, no garantizará nunca la objetividad de la evaluación. Además, el ejercicio de la prueba práctica no se saca a sorteo como se hace con el ejercicio de desarrollo del tema, sino que estas vienen ya determinadas completamente, lo cual alimenta la duda justificada que pueda filtrarse el contenido del único sobre de casos prácticos existente, por la persona o personas que los elaboraron.

Validez: hay que cuestionar el funcionamiento de este sistema y reflexionar sobre si estas pruebas sirven para reconocer la validez como docente de las personas aspirantes.

Justicia: desde ya pedimos que se acabe la pasividad ante un sistema injusto que en ningún momento garantiza la elección de los mejores docentes, desmoraliza y juega con las ilusiones y el trabajo de muchísimas personas año tras año. Necesitamos que, de una vez, se nos escuche, que los sindicatos luchen con nosotros, que se deje de consentir esta injusticia y que los diferentes organismos responsables actúen y pongan en marcha actuaciones para erradicarla.

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