La calesita de la rotonda es nuestra.
La calesita de la rotonda es nuestra.
La causa
La calesita ubicada en la rotonda del parque general San Martín, no es solo un juego de niños. Alberga historias, sentimientos, recuerdos de nuestros padres que en mi caso, ya no están en este plano, pero que están presentes en cada momento de mi vida.
Entre esos momentos, cómo olvidar la voz de mis padres, quienes los domingos nos decían a mi hermano y a mí, "levántense, nos vamos a la calesita". Alegría inmensa, adrenalina al tope y la felicidad de llegar y correr con mi hermano "Quiero el caballo", no "yo quiero el avión". Eso después de unos años porque cuando éramos muy bebés subían con nosotros. Qué hermoso, qué placer ver esas fotos actualmente. La calesita era lo máximo. No teníamos computadoras, ni celulares. Compartíamos los cuatro con amor, unión y alegría, sanguchitos, gaseosas, copos de azúcar antes y después de las vueltas y vueltas en león, barco o caballos, mirando las imágenes de la Caperucita.
Desde hace un tiempo son nuestros hijos, sobrinos y nietos los que la disfrutan. Mi hija, ya con 19 años, recuerda esos momentos en familia en ese infaltable carrusel del domingo. Asombrada, con 4 años me preguntó: "¿De verdad vos venías de chiquita mamá?" Así fue.
Ya no está Don Pirulo que nos recibía con ternura, ahora son sus hijos los que desde hace unos años continúan con su legado. Legado de diversión, de amor, de compartir en familia, de despegar a nuestros pequeños por un momento de la tecnología.
No dejemos que mueran estos recuerdos divertidos de antaño y de ahora. No dejemos que nos arranquen un pedazo al corazón de los mendocinos. Firmemos en pos de ello.

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La causa
La calesita ubicada en la rotonda del parque general San Martín, no es solo un juego de niños. Alberga historias, sentimientos, recuerdos de nuestros padres que en mi caso, ya no están en este plano, pero que están presentes en cada momento de mi vida.
Entre esos momentos, cómo olvidar la voz de mis padres, quienes los domingos nos decían a mi hermano y a mí, "levántense, nos vamos a la calesita". Alegría inmensa, adrenalina al tope y la felicidad de llegar y correr con mi hermano "Quiero el caballo", no "yo quiero el avión". Eso después de unos años porque cuando éramos muy bebés subían con nosotros. Qué hermoso, qué placer ver esas fotos actualmente. La calesita era lo máximo. No teníamos computadoras, ni celulares. Compartíamos los cuatro con amor, unión y alegría, sanguchitos, gaseosas, copos de azúcar antes y después de las vueltas y vueltas en león, barco o caballos, mirando las imágenes de la Caperucita.
Desde hace un tiempo son nuestros hijos, sobrinos y nietos los que la disfrutan. Mi hija, ya con 19 años, recuerda esos momentos en familia en ese infaltable carrusel del domingo. Asombrada, con 4 años me preguntó: "¿De verdad vos venías de chiquita mamá?" Así fue.
Ya no está Don Pirulo que nos recibía con ternura, ahora son sus hijos los que desde hace unos años continúan con su legado. Legado de diversión, de amor, de compartir en familia, de despegar a nuestros pequeños por un momento de la tecnología.
No dejemos que mueran estos recuerdos divertidos de antaño y de ahora. No dejemos que nos arranquen un pedazo al corazón de los mendocinos. Firmemos en pos de ello.

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Petición creada en 23 de febrero de 2026