

JUSTICIA PARA LA GATITA FERAL MARTA: QUEREMOS SABER QUÉ LA PASÓ
El problema
Marta era mucho más que una gata. Era la gatita de muchos trabajadores sanitarios y no sanitarios, pacientes y familiares del Hospital Universitario de Guadalajara. Era el último miembro de una colonia felina gestionada por la Asociación La Camada de Guadalajara, que durante hace más de nueve años vivía en los terrenos donde posteriormente se construyó el aparcamiento subterráneo gestionado por una empresa privada. Su punto de alimentación se encontraba dentro del aparcamiento y era allí donde recibía comida, cuidados y la protección de las personas que se habían responsabilizado de su bienestar (voluntarios y algunos trabajadores del hospital).
Durante años, Marta formó parte de la vida cotidiana del hospital y de muchas personas de nuestra ciudad. En los duros años de la pandemia, cuando tantas personas vivieron momentos de angustia, miedo y agotamiento, Marta también estuvo allí. Para muchos trabajadores, encontrarse con ella durante esos breves momentos de descanso fue una pequeña fuente de compañía y consuelo en unos años extraordinariamente difíciles.
Marta era una gata cariñosa y muy vulnerable ya que confiaba en las personas y se acercaba a todo el mundo buscando caricias.
Pero a finales de mayo de 2026 algo cambió. Desde aproximadamente el 26 de mayo, sus cuidadoras empezaron a observar que Marta estaba muy asustada y huidiza. No se acercaba a ellas y le costaba entrar en el aparcamiento, un lugar que conocía desde hacía años.
El 29 de mayo se dió la orden de destruir su punto de alimentación y ese mismo día Marta desapareció.
Sus cuidadoras y la Asociación La Camada intentamos por todos los medios dialogar con aquellos que dieron la orden para encontrar una solución. Se les informó del contenido de la ley 7/2023, de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales en relación con las colonias felinas y los gatos ferales, y de la necesidad de garantizar la protección de Marta. Pero se negaron a comunicarse con nosotros.
Ante la desaparición de Marta, difundimos su caso en redes sociales para intentar localizarla informando de cuál había sido la situación.
Cuarenta y ocho horas después, Marta apareció en el propio aparcamiento, en circunstancias que todavía deben ser esclarecidas y en un estado de extrema gravedad, por lo que La Asociación La Camada la trasladó inmediatamente a un Centro veterinario. El diagnóstico fue devastador: Marta sufría un traumatismo gravísimo, incompatible con la vida y con muchísimo sufrimiento de todos, no hubo otra opción que ayudarla a morir sin dolor.
Marta murió después de más de ocho años formando parte de la vida de muchas personas. Murió después de haber sido cuidada, alimentada y protegida por personas que la querían. Murió después de que se destruyera el lugar donde recibía alimento y cuidados. Murió tras desaparecer durante dos días y ser encontrada gravemente herida en el mismo aparcamiento.
No sabemos qué le ocurrió a Marta. Y precisamente por eso solicitamos una investigación exhaustiva, transparente, rigurosa y a fondo de las circunstancias que rodearon la desaparición, las lesiones y la muerte de Marta, así como las posibles responsabilidades que pudieran existir.
Cuando un animal vulnerable, conocido y querido por tantas personas muere en circunstancias que no han sido esclarecidas, no podemos mirar hacia otro lado.
Firmar esta petición no significa señalar a nadie sin pruebas. Significa pedir que se investigue. Significa pedir que se conozca la verdad.
Por Marta y por todas las personas que la cuidamos y la quisimos. Y por todos los animales vulnerables que dependen de que los seres humanos actuemos con responsabilidad.
Si crees que Marta merece que se conozca la verdad, firma y comparte esta petición.

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El problema
Marta era mucho más que una gata. Era la gatita de muchos trabajadores sanitarios y no sanitarios, pacientes y familiares del Hospital Universitario de Guadalajara. Era el último miembro de una colonia felina gestionada por la Asociación La Camada de Guadalajara, que durante hace más de nueve años vivía en los terrenos donde posteriormente se construyó el aparcamiento subterráneo gestionado por una empresa privada. Su punto de alimentación se encontraba dentro del aparcamiento y era allí donde recibía comida, cuidados y la protección de las personas que se habían responsabilizado de su bienestar (voluntarios y algunos trabajadores del hospital).
Durante años, Marta formó parte de la vida cotidiana del hospital y de muchas personas de nuestra ciudad. En los duros años de la pandemia, cuando tantas personas vivieron momentos de angustia, miedo y agotamiento, Marta también estuvo allí. Para muchos trabajadores, encontrarse con ella durante esos breves momentos de descanso fue una pequeña fuente de compañía y consuelo en unos años extraordinariamente difíciles.
Marta era una gata cariñosa y muy vulnerable ya que confiaba en las personas y se acercaba a todo el mundo buscando caricias.
Pero a finales de mayo de 2026 algo cambió. Desde aproximadamente el 26 de mayo, sus cuidadoras empezaron a observar que Marta estaba muy asustada y huidiza. No se acercaba a ellas y le costaba entrar en el aparcamiento, un lugar que conocía desde hacía años.
El 29 de mayo se dió la orden de destruir su punto de alimentación y ese mismo día Marta desapareció.
Sus cuidadoras y la Asociación La Camada intentamos por todos los medios dialogar con aquellos que dieron la orden para encontrar una solución. Se les informó del contenido de la ley 7/2023, de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales en relación con las colonias felinas y los gatos ferales, y de la necesidad de garantizar la protección de Marta. Pero se negaron a comunicarse con nosotros.
Ante la desaparición de Marta, difundimos su caso en redes sociales para intentar localizarla informando de cuál había sido la situación.
Cuarenta y ocho horas después, Marta apareció en el propio aparcamiento, en circunstancias que todavía deben ser esclarecidas y en un estado de extrema gravedad, por lo que La Asociación La Camada la trasladó inmediatamente a un Centro veterinario. El diagnóstico fue devastador: Marta sufría un traumatismo gravísimo, incompatible con la vida y con muchísimo sufrimiento de todos, no hubo otra opción que ayudarla a morir sin dolor.
Marta murió después de más de ocho años formando parte de la vida de muchas personas. Murió después de haber sido cuidada, alimentada y protegida por personas que la querían. Murió después de que se destruyera el lugar donde recibía alimento y cuidados. Murió tras desaparecer durante dos días y ser encontrada gravemente herida en el mismo aparcamiento.
No sabemos qué le ocurrió a Marta. Y precisamente por eso solicitamos una investigación exhaustiva, transparente, rigurosa y a fondo de las circunstancias que rodearon la desaparición, las lesiones y la muerte de Marta, así como las posibles responsabilidades que pudieran existir.
Cuando un animal vulnerable, conocido y querido por tantas personas muere en circunstancias que no han sido esclarecidas, no podemos mirar hacia otro lado.
Firmar esta petición no significa señalar a nadie sin pruebas. Significa pedir que se investigue. Significa pedir que se conozca la verdad.
Por Marta y por todas las personas que la cuidamos y la quisimos. Y por todos los animales vulnerables que dependen de que los seres humanos actuemos con responsabilidad.
Si crees que Marta merece que se conozca la verdad, firma y comparte esta petición.

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Petición creada en 4 de agosto de 2026