Detengan ya mismo la mutilación de los árboles de la CABA

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Pedimos al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y al Ministro de Ambiente y Espacio público que detengan ya mismo la mutilación de los árboles de la ciudad. Nuestro patrimonio arbóreo está siendo diezmado de manera sistemática en todas las comunas. En los últimos cinco años el GCABA está destruyendo nuestros árboles de alineación, de plazas, estaciones de ferrocarril y bulevares por mutilación, mochado, terciado y talado. No se salvan ni el bello jacarandá, ni el añoso aguaribay, ni el magnífico ombú, ni siquiera los árboles históricos. La mutilación de gruesas ramas deja expuesto al árbol frente al agua de lluvia y al subsiguiente ataque de plagas. Los árboles quedan reducidos a tristes y altísimos troncos sin ramas aumentando la probabilidad de su caída en la vía pública. Este maltrato ha provocado la muerte de muchos árboles en los últimos dos años. A los sobrevivientes les han quitado la mayor parte de su follaje y como consecuencia hemos perdido sus beneficios. Los árboles producen por fotosíntesis el oxígeno que respiramos, evitan la contaminación visual y sonora, nos protegen del calor agobiante y del sol en verano, cobijan a las aves, proporcionan goce estético. El paisaje arbolado beneficia nuestra mente y espíritu, disminuye el nivel de agresión urbana y genera sensación de descanso aunque muchas personas no sean conscientes de ello. Son además parte de nuestro patrimonio cultural y  un atractivo turístico.

Esta “cosecha” de la madera de nuestros árboles se vende a dos mil pesos la tonelada. ¿Explica esto el empeño en dejarnos sin árboles? ¿Quién es el contralor de esta acción dañosa de una manera casi irreversible en el ambiente? Se trata del menoscabo a derechos de incidencia colectiva que tutelan un bien colectivo. Se lesiona el derecho de las generaciones presentes y futuras a tener un ambiente saludable. El derecho ambiental es un derecho humano con obligaciones de resultado, y tiene en nuestro país jerarquía constitucional (art.41). El estado debe mejorar nuestra calidad de vida porque tenemos derecho a una vida saludable en armonía con la naturaleza, como sostiene el principio 1 de la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992).

Los árboles nos pertenecen a todos. El GCABA no es el dueño de los árboles. Es su responsabilidad el cuidado del patrimonio arbóreo. Proponemos que en vez de destruirlos, se poden solamente las ramas dañadas para evitar su caída, que se los proteja de las plagas y del daño que les infligen las empresas de servicios públicos, que se repongan los  que han muerto con otros árboles (no con raquíticos arbustos), que se quiten las sogas de pasacalles que estrangulan las ramas cortando las sogas entre el nudo y el árbol, que se multe a quienes los dañan con carteles, clavos, luces, telas  y a quienes les cubren la tierra a su alrededor con cemento, que exista la posibilidad de denunciar el maltrato a los árboles en las diversas variantes del 147. Si el follaje interfiriera en el alumbrado público, se podría disminuir la altura de las luminarias, como se hizo en la ciudad de Mendoza. Siempre hay una solución diversa, pero lo que se elige actualmente es el destrozo de los árboles. La Dirección General de Arbolado ha sido barrida del organigrama de la CABA. Convendría recrearla y elegir para su dirección a un/a arborista.

Como daño colateral, en contradicción con los objetivos de la educación ambiental, esta nefasta metodología se ha extendido al conurbano y aún a terrenos particulares.

Nos queda poco de nuestro patrimonio arbóreo. Exigimos que se proteja.

¿CIUDAD “VERDE VEGETAL” O CIUDAD “VERDE CEMENTO”?

 



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