Creación de Zona de Conservación Ecológica, zona cumbres, García, Nuevo León.

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Apoya la propuesta para la creación de una ZONA DE CONSERVACIÓN ECOLÓGICA en las faldas de la Sierra Las Mitras, en su exposición norte, en el municipio de García, Nuevo León.

Esta propuesta nace de la preocupación de un grupo de ciudadanos, vecinos del municipio de García, quienes a lo largo de los últimos años hemos visto la urbanización progresiva de esta zona, la cual, fuera del polígono del Área Natural Protegida Estatal “Sierra Las Mitras”, está proyectada a urbanizarse en su totalidad, tal como se muestra en el Plan de Desarrollo Urbano del municipio de García, Nuevo León 2012-2015, publicado en el Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo León con fecha de 24 de mayo de 2013 .

A nivel mundial existe una tendencia de crecimiento poblacional a una razón de alrededor de 1,000 millones de habitantes más en el planeta cada 12 años. De acuerdo a las últimas cifras de la Organización de Naciones Unidas (ONU, 2015) en el mundo hay 7,300 millones de habitantes y más de la mitad de esa población se concentra en zonas urbanas. Dicha situación plantea una serie de problemáticas, entre los que se encuentra la deforestación con fines de desarrollo urbano, así como la falta de acceso por parte de la población a un nivel de vida adecuado. El modelo de desarrollo que se ha promovido a nivel mundial ha priorizado el desarrollo económico, relegando la dimensión social, cultural y medioambiental. Sin embargo, el concepto de desarrollo tiene que abordarse desde múltiples perspectivas que deben involucrar, además de la dimensión económica, la dimensión social, cultural y medioambiental.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su Artículo 4° reconoce diversos derechos de los mexicanos, entre los que se encuentran  derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar, la protección de la salud, el sano esparcimiento de los niños para su desarrollo integral, el derecho a la cultura física y a la práctica del deporte, entre otros. Por su parte, en el Artículo 25° constitucional se establece que el Estado debe garantizar un desarrollo integral y sustentable, bajo criterios de sustentabilidad, cuidando la conservación del medio ambiente.

En el Artículo 15° de Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA) se establecen como principios para la formulación y conducción de la política ambiental los siguientes: los ecosistemas son patrimonio común de la sociedad y de su equilibrio dependen la vida y las posibilidades productivas del país; los ecosistemas y sus elementos deben ser aprovechados de manera que se asegure una productividad óptima y sostenida, compatible con su equilibrio e integridad; las autoridades y los particulares deben asumir la responsabilidad de la protección del equilibrio ecológico; toda persona tiene derecho a disfrutar de un ambiente adecuado para su desarrollo, salud y bienestar; la educación es un medio para valorar la vida a través de la prevención del deterioro ambiental, preservación, restauración y el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas y con ello evitar los desequilibrios ecológicos y daños ambientales; entre otros principios.

Asimismo, la LGEEPA establece en su Artículo 2° que el establecimiento, protección y preservación de las áreas naturales protegidas y de las zonas de restauración ecológica son de utilidad pública; así como también lo son la formulación y ejecución de acciones de protección y preservación de la biodiversidad del territorio nacional y la formulación y ejecución de acciones de mitigación y adaptación al cambio climático.

El establecimiento de áreas naturales protegidas (ANP) ha sido la principal estrategia para promover la conservación de los ecosistemas en México, según lo ha señalado la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad (CONABIO, 2006). Y más allá del valor que tienen las ANP como espacios que permiten la conservación del patrimonio natural que representa la biodiversidad, estas áreas proveen a la sociedad de una gama mucho más amplia de valores y beneficios relacionados con los bienes y servicios que le brindan (Bezaury-Creel, 2009, p.10).

Por otro lado, respecto a la regulación ambiental de los asentamientos humanos, la LGEEPA establece que en la planeación del desarrollo urbano y la vivienda debe evitarse el desarrollo de esquemas segregados o unifuncionales, así como las tendencias a la suburbanización extensiva; y que se deberán establecer y  manejar en forma prioritaria las áreas de conservación ecológica en torno a los asentamientos humanos. Asimismo, también establece que la política ecológica debe buscar la corrección de aquellos desequilibrios que deterioren la calidad de vida de la población y, a la vez, prever las tendencias de crecimiento del asentamiento humano, para mantener una relación suficiente entre la base de recursos y la población, y cuidar de los factores ecológicos y ambientales que son parte integrante de la calidad de la vida.

La LGEEPA establece en su Artículo 46° que tanto los gobiernos de las entidades federativas, como los municipios, pueden establecer parques, reservas, zonas de conservación ecológica y demás categorías de manejo que establezca la legislación local en la materia.

En función de sus atribuciones, en el año 2000 el gobierno estatal de Nuevo León declaró 23 áreas naturales protegidas estatales, entre las que se encuentra el Área Natural Protegida (ANP) Estatal “Sierra Las Mitras”  con una extensión de 3,744.22 hectáreas, según la declaratoria publicada en el Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo León con fecha del 24 de noviembre del año 2000. Sin embargo, en su porción que corresponde al municipio de García, el límite de esta ANP estatal se ubica por encima de los 900 a 940 metros de altitud sobre el nivel del mar. Al respecto, es importante señalar que en esta ANP no se incluyeron extensas áreas de vegetación prístina que se desarrolla por debajo de la cota de los 900 metros de altitud.

En esta zona, que corresponde a la falda norte de la Sierra Las Mitras, se desarrolla de manera natural la vegetación de tipo “Matorral Submontano” (también conocido como Piedmont scrub) que es un tipo de vegetación conformado principalmente por arbustos altos o árboles bajos de origen neotropical.

El matorral submontano es un tipo de vegetación rico en sus formas de vida, que alberga una gran diversidad de organismos y que efectúa una función primordial como área de transición entre las zonas de matorral desértico en las partes bajas y los bosques de encino-pino existentes en los taludes superiores de la Sierra Madre Oriental (Canizales-Velazquez, et al. 2009). Este tipo de vegetación se distribuye en las partes medias, laderas y en la base de las principales cadenas montañosas de la Sierra Madre Oriental principalmente en altitudes entre 450 y 800 metros sobre el nivel del mar  (Estrada-Castillón, Eduardo, et al., 2011); y debido a su ubicación, esta vegetación funge como agente en el control de erosión.

El matorral submontano se caracteriza por tener una heterogeneidad de su estructura y diversidad vegetal (Estrada-Castillón, Eduardo, et al., 2011); la diversidad biológica encontrada en el matorral submontano es alta en comparación con otros ecosistemas del noreste de México, según muestra el trabajo de Canizales-Velazquez, et al. (2009), resaltando el hecho de que en las porciones medias de las montañas es donde se presenta la mayor exuberancia y diversidad de especies de esta comunidad vegetal, tal como sucede también en la Sierra Las Mitras (Alanís-Rodríguez, et al., 2015; Estrada-Castillón, et al., 2011).

Desafortunadamente, después de las selvas, el matorral es el segundo ecosistema más afectado de México, el cual ha sufrido de continua deforestación para establecer zonas de uso agrícola, industrial y urbano; siendo el matorral submontano una de las variantes del matorral (Canizales-Velazquez, et al. 2009).

En Nuevo León, el matorral submontano ocupa alrededor del 11% de la superficie del estado (Treviño, 2006) y de acuerdo con los datos publicados en las Gacetas Ecológicas de la Semarnat, es uno de los tres tipos de vegetación más afectados por el cambio de uso de suelo forestal.

Las ciudades más habitadas del estado de Nuevo León están rodeadas por el matorral submontano, como sucede en el Área Metropolitana de Monterrey, cuyo crecimiento en los últimos años ha ocasionado la remoción de extensas áreas de vegetación nativa de matorral submontano para desarrollos urbanos, particularmente en las porciones medias de las montañas, que es donde se presenta la mayor exuberancia y diversidad de especies de esta comunidad vegetal (Alanís-Rodríguez, et al., 2015; Estrada-Castillón, et al., 2011). De acuerdo con Estrada-Castillón, et al. (2011) tan sólo en el período 2000 y 2007 se eliminaron 11,400 hectáreas  de matorral submontano en el Área Metropolitana de Monterrey.

El cambio de uso de suelo en terrenos forestales (CUSTF) es uno de los principales problemas que enfrentan los ecosistemas naturales, ya que representa en sí la pérdida total o casi completa de la vegetación en la superficie afectada y la consecuente capacidad de generar servicios ambientales y albergar biodiversidad. En los últimos años, las zonas del estado que tienen más presión por CUSTF son la zona metropolitana y la zona periférica, con fines de edificación de fraccionamientos, zonas comerciales, zonas industriales, desarrollo de infraestructura pública, minería, y más recientemente para generación de energía alternativa. Como ejemplo, en el año 2014 en el estado se realizaron CUSTF en casi 1,300 hectáreas. Los municipios con mayor superficie afectada fueron García, Pesquería, Salinas Victoria, Ciénega de Flores y Monterrey, como se observa en la siguiente gráfica (GEEANL, 2015).

Respecto al tipo de vegetación afectada por cambio de uso de suelo, en el año 2014 el tipo de vegetación más afectado fue el matorral submontano (37%), seguido por el matorral espinoso tamaulipeco (28%), el pastizal inducido (21%), el matorral desértico (14%), y en mucho menor medida el bosque de pino-encino (menos del 1%) (GEAANL, 2015).

El área donde proponemos la creación de una Zona de Conservación Ecológica se ubica en las faldas de la Sierra Las Mitras, en su exposición norte, en la porción que corresponde al municipio de García, Nuevo León. Esta zona está delimitada al norte con la Avenida Abraham Lincoln, al poniente con el Libramiento Noreste, al sur con el ANP Sierra Las Mitras, y al oriente con el municipio de Monterrey, y abarca una superficie aproximada de 2,400 hectáreas, de las cuales alrededor de 830 hectáreas ya se encuentran urbanizadas, restando una superficie aproximada de 1,570 hectáreas que quedan disponibles para ser urbanizadas (Ver mapa).

El ANP Sierra Las Mitras excluye las zonas de matorral submontano por debajo de los 900 msnm, en las cuales se presenta vegetación exuberante con alta riqueza y diversidad de especies vegetales, e importantes interacciones ecológicas por ser una zona de transición entre el matorral desértico de las zonas más bajas, y los bosques y matorrales de las zonas más altas.

Alanís-Rodríguez, et al. (2015) realizaron un estudio en matorral submontano en el municipio de García, Nuevo León, específicamente en la falda norte de la Sierra Las Mitras, en donde registraron 45 especies leñosas de arbustos y árboles (>0.5 cm de diámetro basal) y suculentas. El alto número de taxa registrados puede ser atribuido a que la estructura de los matorrales en general es compleja. Los valores de los índices de diversidad estimados en este estudio indican que se trata de una comunidad vegetal diversa, comparada con otros matorrales que se desarrollan en el noreste de México. Los mismos autores concluyen que la comunidad de matorral submontano estudiada en el municipio de García presenta una alta riqueza y una alta diversidad de especies en comparación con otras asociaciones vegetales de clima árido y semiárido del noreste de México; la curva de rango/abundancia de las especies se ajustó bien a una función log-normal, distribución característica en la mayoría de las comunidades vegetales maduras y en buen estado de conservación. Por lo anterior, los autores concluyen que es importante proponer estrategias para su conservación, de tal manera que los servicios ambientales que proporciona el matorral submontano (hábitat de la biodiversidad, cubierta vegetal, captura de carbono, belleza paisajística) puedan seguirse aprovechando en un futuro.

Conjuntando los registros de la plataforma Naturalista de la CONABIO, de la plataforma E-Bird, y los registros de los estudios de Manifestación de Impacto Ambiental que presentan los promoventes de desarrollo urbano ante la SEMARNAT y que están a disposición del público, se tienen registradas un total de 241 especies nativas de plantas para la zona, entre las que se encuentran 15 especies de cactáceas, 29 especies de leguminosas, 29 especies de asteráceas, entre muchas otras. La especie Huevos de víbora (Amoreuxia wrightii) está presente en la zona y se encuentra enlistada en la  NOM-059-SEMARNAT-2010 en la categoría “En peligro de extinción”.

En cuanto a mamíferos, se tienen reportadas un total de 15 especies para la zona, entre las que se encuentran el lince americano (Lynx rufus), coyote (Canis latrans), zorra gris (Urocyon cinereoargenteus), pecarí de collar (Pecari tajacu), armadillo (Dasypus novemcinctus), mapache (Procyon lotor), ardilla de tierra del Río Bravo (Ictidomys parvidens), ardilla de las rocas (Otospermophilus variegatus), conejo serrano (Sylvilagus floridanus), entre otras.

En cuanto a aves se tiene un total de 66 especies de aves nativas distribuidas en la zona, entre las que se encuentran 3 especies enlistadas en la  NOM-059-SEMARNAT-2010 en la categoría “Sujeta a protección especial”.

 En cuanto a herpetofauna, se reporta la presencia de 7 especies de anfibios y 15 especies de reptiles. Destaca la presencia de 1 especie de anfibio y 7 especies de reptiles enlistadas en alguna categoría de riesgo en la NOM-059-SEMARNAT-2010, entre las que se encuentra la tortuga del desierto (Gopherus berlandieri), enlistada en la  NOM-059-SEMARNAT-2010 en la categoría “Amenazada”, registrada en la falda de la Sierra las Mitras.

En cuanto a insectos, destaca la presencia de la mariposa monarca (Danaus plexippus) enlistada en la NOM-059-SEMARNAT-2010 en la categoría “Sujeta a Protección Especial”, cuyo paso por las faldas de la Sierra las Mitras ha sido documentado desde el año 2015 a través del Programa Correo Real de la Asociación Civil Protección de la Fauna Mexicana (PROFAUNA A.C.), con apoyo de ciencia ciudadana. Especialmente en el otoño, durante los meses de octubre, noviembre y hasta principios de diciembre, se presenta importante flujo de mariposas monarcas por la zona. Además de la mariposa monarca, se tienen registradas otras 37 especies de lepidópteros en la zona, aunque seguramente existen muchas más que no se han registrado aún.

En cuanto a abejas, avispas y moscas polinizadoras se han observado especies silvestres muy importantes, como la familia Halictidae o el género Colletes. Se tienen registros de al menos 6 géneros, debe haber por lo menos otros 15 géneros más. Cabe destacar la importancia de estos insectos en cuanto al servicio ambiental de polinización.

Además, se conocen 2 especies de tardígrado y se están describiendo al menos 2 especies nuevas para el pied mont del Cerro de las Mitras (Comunicación personal, Moreno-Talamantes, 2018).

Por todo lo anteriormente descrito, consideramos sumamente necesaria la creación de una Zona de Conservación Ecológica que abarque una porción del ecosistema que está siendo excluido del ANP Estatal ya existente, en la cual deberá incluirse la mayor diversidad de especies vegetales posibles.

Entendemos que el crecimiento poblacional demanda espacios para asentamientos humanos, y resalta el hecho de que el municipio de García ocupa el 5o. lugar en crecimiento en el país, de acuerdo con los datos de la Encuesta Intercensal 2015 del INEG. Sin embargo, tal como lo establece la normatividad arriba mencionada, el crecimiento urbano debe realizarse de una manera equilibrada, destinando áreas suficientes para la preservación de los ecosistemas naturales y la biodiversidad, así como para el acceso de éstas áreas por parte de la población y el consecuente beneficio en la calidad de vida.

Consideramos que la superficie mínima que debe abarcar esta Zona de Conservación Ecológica es de 240 hectáreas (que representa alrededor del 10% de la superficie total del Distrito Urbano G2 y alrededor del 15% de la superficie del Distrito Urbano G2 que aún no está urbanizada), las cuales podrían ser conservadas de manera óptima a través de un decreto de expropiación con fines de utilidad pública, o bien a través de algún acuerdo en el que algún particular decida destinar voluntariamente una parte de su terreno a este fin.

La función principal de la Zona de Conservación Ecológica deberá ser la conservación de la flora y la fauna silvestre y los procesos ecológicos, así como la prestación de los servicios ambientales que brinda la zona, tales como captura de carbono, producción de oxígeno, filtración de contaminantes, regulación del clima, regulación del ciclo hidrológico, control de erosión, prevención de inundaciones y prevención de derrumbes. La Zona de Conservación cumpliría una función importante como zona de amortiguamiento entre la Sierra las Mitras y la zona urbana.  

Asimismo, la Zona de Conservación Ecológica podrá ser un espacio destinado a actividades de recreación, esparcimiento y sana convivencia combinadas con programas de educación para la conservación y restauración del medio ambiente, tal como se realiza en el Parque Natural La Estanzuela y el Parque Ecológico Chipinque, destacando el hecho de que no existe ningún espacio de ese tipo en la zona norponiente del Área Metropolitana de Monterrey.

De esa manera, la Zona de Conservación Ecológica podrá fungir como un importante  espacio de encuentro entre la sociedad y la naturaleza, donde sean compatibles aquellas actividades de bajo impacto ambiental tales como senderismo, ciclismo de montaña, recorridos guiados, observación de flora y fauna, actividades de educación ambiental, investigación científica, fotografía de naturaleza, entre otras.

Lo anterior cobra importancia ante el déficit de áreas verdes que tiene el área conurbada de Monterrey, ya que de acuerdo con los datos del Censo del INEGI 2010 se estima una superficie actual de áreas verdes de 3.69 m2/habitante, mientras que para el municipio de García se estima una superficie de áreas verdes de 1.53 m2/habitante, siendo que la superficie mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 9 m2/hab y la superficie óptima es entre 10 y 15 m2/habitante. Cabe señalar que para que un área verde sea considerada como tal, ésta debe estar accesible a la población y en ella debe predominar la vegetación.

La superficie de áreas verdes es un indicador de calidad de vida, y éstas proveen importantes beneficios ambientales y sociales. Entre los beneficios ambientales se encuentran la regulación de la barreras contra el viento, sombra (intercepción de la radiación solar), regulación de temperatura ambiental (disminuye el efecto de las islas de calor), captura de carbono y otras sustancias contaminantes suspendidas en el aire, producción de oxígeno, mejoramiento de la calidad del aire, reducción de la erosión, control de inundaciones, ahorro de energía, amortiguar el ruido, favorecer precipitaciones, la humedad ambiental y los microclimas favorables, favorecer la infiltración de agua y recarga de mantos acuíferos, proveer abrigo y alimento a fauna silvestre, y protección de biodiversidad (Alanís Flores, 2005; Jiménez Pérez et al. 2013).

Los beneficios ambientales de las áreas verdes cobran relevancia ante el serio problema de contaminación de aire que presenta el Área Metropolitana de Monterrey, en donde la concentración de partículas contaminantes muy frecuentemente excede los límites máximos permisibles de acuerdo con los reportes mensuales de calidad del aire del gobierno del estado. Además de la captura de carbono, destaca el hecho de que la vegetación, y particularmente la vegetación nativa, atrapan contaminantes suspendidos en el aire (Alcalá, 2008).

Asimismo, las áreas verdes proveen de importantes beneficios sociales, entre los que se encuentran brindar espacios para realizar actividad física, espacios para esparcimiento, convivencia e integración social, sentimiento de seguridad, disfrute de un paisaje agradable y placentero, reducción del estrés, desarrollo de conciencia ecológica, entre otros.

Autores como Martínez-Soto (2016) mencionan que la carencia de áreas verdes es una amenaza a la salud pública en lo que se refiere a salud mental. Problemas sociales y estresores ambientales suceden con más frecuencia en grandes núcleos urbanos y están relacionados con mayor recurrencia con desórdenes psiquiátricos, como la depresión, y problemas conductuales relacionados con el estrés, lo cual favorece problemáticas de violencia. Mientras que los bajos niveles de contacto con la naturaleza de habitantes urbanos pueden incidir en mayor presencia de patologías sociales y problemas de salud, el contacto con la naturaleza mejora la presión sanguínea, los niveles de colesterol, reduce el estrés y mejora la actitud en la vida. Por lo tanto, las áreas verdes se consideran como promotoras de salud física y mental.

La creación de esta Zona de Conservación Ecológica es congruente con la mitigación y adaptación del impacto del cambio climático en la salud humana ya que las áreas de conservación de la naturaleza tienden a incrementar la resiliencia de la población local ante este fenómeno. Además, al fungir como espacios de encuentro entre naturaleza y sociedad, facilitan la educación sobre el medio ambiente mediante el conocimiento de la biodiversidad y los procesos ecológicos, y el entendimiento de la relación entre medio ambiente, cambio climático y salud. La misma Organización Mundial de la Salud estipuló en 2016 que “la muerte prematura y la enfermedad pueden prevenirse en un grado significativo a través de un medio ambiente saludable”.

Por último, cabe señalar que contar con un espacio de este tipo no sólo beneficiará a los vecinos del municipio de García, sino que beneficiará a todos los habitantes del Área Metropolitana de Monterrey, pues otros parques naturales como La Estanzuela o Chipinque reciben visitantes provenientes de toda el área metropolitana, inclusive de otros municipios y de otros estados, lo cual a su vez dará una mayor y mejor proyección del municipio de García.

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