Repatriar a Azaña por justicia, dignidad y reparación histórica

Repatriar a Azaña por justicia, dignidad y reparación histórica

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Carlos Pastor González ha iniciado esta petición dirigida a Gobierno de España y

Por justicia histórica, por memoria democrática y por dignidad republicana solicito la repatriación a España de los restos de Manuel Azaña.

 

En consonancia con el espíritu, la voluntad y los valores democráticos que contiene el anteproyecto de la ley de memoria democrática, sujeta a aprobación como futura ley en el 1er semestre del 2021 y reivindicativa de la dignificación de las víctimas del franquismo y la recuperación de la memoria democrática republicana, solicito de modo urgente al Gobierno de España, a su Vicepresidente Pablo Iglesias, a Podemos, partido confeso republicano y al Alcalde de Alcalá de Henares, la incorporación a esta futura ley de una medida de reparación de justicia histórica: la repatriación a España de los restos de Manuel Azaña. Presidente de la República Española y representante de la soberanía nacional en el periodo democrático de 1931-1936.

Los motivos por los que inicio esta recogida de firmas por todo el territorio nacional para solicitar el retorno de don Manuel Azaña son:

Razón de justicia histórica. Azaña cruzó a pie los Pirineos un 5 de febrero de 1939 con destino Francia de modo involuntario fruto de un golpe de Estado desleal a la patria, con una posterior Guerra Civil y con la consiguiente trágica derrota de la II República con un saldo de 1 millón de muertos. De no haber sido por estas dramáticas circunstancias históricas, políticas y bélicas, es decir de la victoria franquista y su deliberada y sanguinaria represión contra la población civil y las instituciones republicanas, el destino de Azaña jamás le hubiese llevado a alejarse de su patria como el resto de 450.000 exiliados españoles y a fallecer, fruto de ese disgusto y profunda pena lejos de su tierra. Azaña no escribió las hojas de su destino como él quiso, sino como el totalitarismo y el fascismo le forzaron a escribirlas. Fue un sacrilegio contra su libertad y voluntad personal. Alguien sin libertad personal no escribe su voluntad auténtica sino la que le obligan las circunstancias.  ¿Se sentiría a gusto Azaña en descansar en un estado como el francés el cual negó la entrada de armas a la II República y condicionó con ello el curso de la guerra civil hasta bascular los acontecimientos bélicos y políticos con la victoria franquista, la posterior derrota republicana y el consiguiente exilio y su fatal desenlace?

Para muchísimos demócratas nos resulta hiriente, inmoral, insensible e inhumano mantener en un exilio involuntario e impuesto a un hombre que amó y luchó por España hasta sus últimos suspiros de existencia y costarle con ello su exilio y su vida el 3 de noviembre de 1940.

Razón de reparación y coherencia democrática. Abogar por la recuperación de la memoria histórica y el reconocimiento de las víctimas del franquismo pero a su vez mantener en el olvido y en el exilio más ignominioso al presidente del régimen más avanzado, democrático y progresista que ha tenido España en toda su historia, conlleva una profunda incongruencia y patente incoherencia. Un estado democrático, el cual ha quitado al dictador Franco de un valle de ensalzamiento del totalitarismo, el fascismo y del terror, debe ser coherente con su pensamiento y con sus acciones de cara a la opinión pública, a las páginas de la historia y a su conciencia como Estado. Por tanto, desatender en la lejanía los restos del que fuera el presidente de la República responde a una grave anomalía democrática que hay que corregir.

 

Razón de dignificación de la simbología republicana. Paralelo a los consecutivos escándalos de supuesta corrupción de la casa real, junto con la honda crisis que arrastra desde hace años el caduco régimen del 78, se viene produciendo desde hace un par de años, una importante efervescencia republicana, encauzada a través de distintas plataformas civiles consagradas en celebrar consultas populares entorno a monarquía-república en distintas ciudades españolas, como en convocar un referéndum estatal sobre el modelo de estado que quieren los españoles en su futuro. Ante este candente resurgir republicano e incipiente acción colectiva cívica, creo más que oportuno, idóneo, positivo y crucial para el despegue del republicanismo, pedir el retorno de Azaña a su patria. Su llegada a España supondría, no solo un acto de reparación histórica y justicia moral, y de inevitable acercamiento a la ciudadanía de su pensamiento y obra sino también de un renacimiento del republicanismo como proyecto colectivo de estado, necesario de liderazgo y esperanza.

Un movimiento político y civil necesita de un símbolo. Un símbolo que actúe como elemento de propaganda para atraer a las masas a su causa. En este sentido, el revulsivo republicano que está teniendo lugar estos últimos años necesita del símbolo de Azaña para expansionar la conciencia y el apoyo republicano en la sociedad civil. El debate república/monarquía está más presente y actual que nunca en las redes y en la calle, a pesar que el CIS lo ignore. Precisamente por ello, el retorno de Azaña como símbolo que fue, es y será de la República, actuaría sin duda alguna como un revulsivo absoluto de la conciencia nacional en todos los escalafones. El republicanismo español necesita llenar ese vacío político, ideológico, institucional y de proyecto de futuro

España necesita a Azaña, su obra, su pensamiento, su legado, necesita honrar su figura en suelo español.

Dar una sepultura digna, en lugar de mantener a civiles inocentes en cunetas es tan necesario como repatriar del exilio a aquellos españoles fenecidos que partieron contra su voluntad.

La última obsesión del presidente de la República fue salvar las vidas de los civiles españoles presos en condiciones infrahumanas en los campos de concentración franceses. Ese acto tan noble y altruista, anejo a su declaración textual: “Nadie sabrá lo que he sufrido por España”, ponen de manifiesto como Azaña amaba España por encima de todo. Mientras gestionaba librar a españoles inocentes de la muerte y el calvario de concentración, su cuerpo estaba en Francia, pero su corazón, su alma, su pensamiento y su mente estaban en España. Quien no le importa su patria no lucha por ella hasta el final. Azaña era un patriota y un estadista de verdad porque se desvivió por salvar a su pueblo. Un patriota merece ser reconocido, ensalzado y inhumado en su tierra, cerca de sus paisanos.

Sin embargo, Azaña yace aislado en un país extranjero, lejos de sus raíces, de su cultura, de la tierra que lo vio nacer, crecer, y desarrollarse como hombre, como político, como intelectual, como prolífico orador y estadista. Alejado de sus admiradores, familiares y descendientes que desearían acudir a su tumba a honrar y recordar su persona. Azaña yace en suelo forastero de modo impuesto por la desdicha de los acontecimientos. Su voluntad fue alterada por los enemigos de España.

 

En conclusión, mantener a Azaña sepultado aún hoy, 80 años, no solo es un acto de profundo oprobio a su figura, que implica indirectamente vanagloriar el golpismo, la persecución ideológica, la represión y la victoria del franquismo sobre la República, sobre la intelectualidad progresista española y sobre los valores democráticos. Permitir que Azaña siga en Francia deriva en perpetuar una enorme y dolorosa injusticia a ojos de la historia y del mundo entero. Está en Francia no porque él quiso exiliarse, sino porque las garras de la represión y el franquismo lo empujaron a irse. Mantener alejado a Azaña de España implica mantener vivo el espíritu del franquismo en nuestra democracia.

En suma, España está en deuda con Azaña y su retorno debería ser una cuestión de Estado. La ley de memoria democrática deviene parcial, inverosímil e insuficiente mientras no se logre traer a Azaña a casa. Su tumba en suelo francés es una vergüenza e infamia que resta valor democrático a nuestro país. 

Si España quiere ser una democracia de verdad, las izquierdas deben conseguir su retorno. Mientras Azaña siga en el exilio, España no puede llamarse una democracia avanzada, pues una democracia como tal honra, cuida, ama y ensalza a sus mitos, no los ignora y expulsa de su tierra para condenarlos en el olvido.

Propongo repatriar a Azaña para dar sepultura en suelo español, concretamente en la ciudad donde le vio nacer, su ciudad: Alcalá de Henares.

 

Su llegada debería ser revestida por honores de Estado y su féretro cubierto por una bandera republicana a su llegada. Azaña se merece nuestra implicación, movilización y lucha colectiva para lograr su retorno. Se lo merece, por todo lo que él luchó, sacrificó amó y sufrió por su país, a cambio solo ha recibido abandono, silencio, exilio y desarraigo.

 

Es por todo ello que invito a todos los españoles de corazón demócrata, de hondas convicciones progresistas y espíritu republicano, de fuerte vinculación de ideologías de izquierda, además de todos los seres con sentido justiciero a sumarse a esta causa. Invito también al alcalde de Alcalá Henares, Sr. Francisco Palacios a sumarse a este apasionante como imperioso proyecto. Os invito a movilizaros por Azaña. Os invito a luchar por Azaña. Os invito a luchar por la República, por el futuro. Juntos podemos revertir esta injusticia y cambiar el cauce de la historia. Repatriar a Azaña es equivalente a luchar por la Tercera República.

Juntos podemos.

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