Por el tratamiento de la actividad física y el deporte como servicio esencial

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Desde el inicio de la pandemia, el tratamiento hacia el sector de la actividad física y el deporte ha sido cierre o restricciones mayores que otros sectores, a pesar de los estrictos protocolos implantados y los datos, que muestran una incidencia mínima de la enfermedad Covid-19 en estas instalaciones. Los cambios continuos de normativas, reducción de aforos cada vez mayor, distancias de seguridad, uso obligatorio de mascarillas durante el ejercicio, a pesar de que la OMS lo desaconseje, e incluso firmas de declaraciones responsables asumiendo el riesgo de contagio en las instalaciones deportivas, han contribuido a generar mayor miedo, desconfianza, incomodidad o aburrimiento de la situación, y abandono de la práctica deportiva de muchos usuarios por estos motivos.

A estas alturas no es necesario argumentar que la actividad física y el deporte son fundamentales para la salud. Innumerables estudios científicos lo certifican, y a diario, en los centros deportivos trabajamos tanto con personas con diferentes patologías, para las que es vital el ejercicio físico, así como con personas que sin tenerlas entrenan para mejorar su salud y bienestar. Y es que la definición de salud de la OMS en el Preámbulo de su Constitución es «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Además, recientes estudios asocian la gravedad de la Covid-19 con la obesidad, diabetes y otros problemas que la actividad física mejoran.

La actividad física y el deporte debe ser reconocida y tratada como una necesidad, un derecho fundamental, y como tal, un servicio esencial. Y esto debe traducirse en adecuar las restricciones como tal servicio esencial, como parte de nuestro sistema de salud.

Y más allá de la gestión de la pandemia, a aplicar un IVA adecuado a un servicio esencial, no el tipo máximo como actualmente tiene, el 21%. A que todas las administraciones asuman como una obligación favorecer y promocionar la práctica de actividad física y deporte. Y esto implica aplicar medidas para ello, y no solo hacer declaraciones de vez en cuando sobre los beneficios del deporte, o ponerse en las fotos junto a los deportistas de élite (aunque solo cuando ganan, claro), Entre otras, por ejemplo, aumentar el número de horas de educación física, tanto en educación primaria como secundaria, mantener un calendario de actividades en instalaciones públicas acorde a la demanda, y no suspenderlas en épocas de vacaciones escolares, programas de promoción deportiva, y un largo etcétera.

El abandono de la práctica deportiva de la población tendrá repercusiones muy graves en la salud pública, a corto, medio y largo plazo. Somos un sector cómodo de restringir porque no damos problemas, ni generamos empatía fuera de nuestro ámbito. Somos esos locos que van al gimnasio, o salen a correr o en bici, o juegan al tenis, pádel, baloncesto, etc. Pero somos muchos. Muchos más de lo que a veces tenemos en cuenta. Y es hora de que nos oigan. Es hora de reclamar un tratamiento justo de la actividad física y el deporte como servicio esencial para la salud, para la sociedad.