Corredor central ferroviario

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RAZONES PARA APOYAR EL CORREDOR CENTRAL.
Argumentos para que el corredor central forme parte de la Red Básica europea (core network):
1.- Para España y Portugal, este eje supondrá un enorme impulso a la vertebración de sus propias comunicaciones internas, y además, permitiría aprovechar, de forma mucho más eficiente, su posición clave en las grandes rutas mundiales de navegación aérea y marítima, que ahora se pretenden conectar también por ferrocarril, considerado el medio terrestre más idóneo de transporte de mercancías por sus relativos bajos costes y baja contaminación. España está considerada una de las primeras plataformas mundiales del tráfico marítimo terrestre intercontinental, ya que es puerta de América, África y Asia, algo que irá en aumento, debido al posicionamiento de Asia como gran fábrica mundial, que determina que las importaciones-exportaciones Europa-Asia presenten un crecimiento continuo. El corredor central es, en realidad, un corredor atlántico-central que interconecta de nuevo los viejos reinos de Portugal y Castilla, recuperando, en nuestro caso, la vieja vocación atlántica y uniendola a la no menos vocación europea.
2.- El Eje 16 de la Red Transeuropea de Transporte es un proyecto compatible, y complementario, con los proyectos logísticos que impulsan las CCAA, tales como Puertos Secos (Plataforma Logística del Suroeste Ibérico de Badajoz, un proyecto amparado por el Estado…) y aeropuertos de carga como el de Campo Real (Madrid), y atravesará, en el tramo que nos ocupa, seis regiones (Alentejo, Extremadura, Andalucía, CLM, Madrid y Aragón) de tres países (Portugal, España y Francia). Por el contrario, el corredor mediterráneo, atravesaría, cuatro regiones (Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana y Cataluña) de dos países (España y Francia).
3.- La meseta meridional castellana, esto es, la antigua Castilla la Nueva (Madrid más CLM), que debieran estar unidas por razones geográficas e históricas, además de políticas y económicas, pues no tiene ninguna lógica una frontera administrativa en mitad de la meseta, tendrá ocasión de ver reforzada su posición geoestratégica, ya que en su suelo se juntan los dos ramales, uno procedente de Extremadura y Portugal, y el otro de Andalucía (Algeciras, Bobadilla, en Málaga, y Córdoba). Hasta cuatro provincias castellanas se benefician directamente del corredor, pues éste pasa por Ciudad Real, Toledo, Madrid y Guadalajara. El corredor pasará por Puertollano y Ciudad Real capital, albergará los nodos intermodales de Alcázar de San Juan y Toledo, conectará con los madrileños proyectos ‘Madrid Plataforma Logística’ y el futuro aeropuerto de carga (y bajo coste) de Campo Real, se unirá a las terminales marítimas de Coslada (Madrid), Yunquera de Henares y Azuqueca de Henares (ambas en Guadalajara)… con lo que se convertiría en un nudo esencial de comunicaciones y logística.
4.- El proyecto Eje 16 serviría además para descongestionar los actuales pasos ferroviarios a través de Irún y La Junquera, y reduciría la distancia entre las ciudades ibéricas y Europa, beneficiando al tráfico ferroviario entre la UE y las zonas de producción y consumo de Madrid, Lisboa, Málaga, Córdoba, Zaragoza, CLM, Castilla y León, y Extremadura. La construcción de esta infraestructura ferroviaria, de ancho europeo, es compatible y complementaria con otros ejes, como el corredor Mediterráneo o el Atlántico (el último en ser propuesto).
5.- El corredor central serviría para desarrollar amplias zonas fronterizas y del interior portugués y español, reequilibrar el país, y vertebrarlo, precisamente por su flanco más débil, Extremadura, Castilla y Aragón, lo que le confiere un valor político extra. Por el contrario, el corredor mediterráneo implica escorar el país aún más hacia su parte más opulenta.
6.- El corredor central permite superar la fuerte dependencia geopolítica peninsular de las dos regiones que más cuestionan la unidad española, lo que nos desliga de futuros problemas en el caso, no deseable, pero probable, de que España acabe rompiéndose, algo que no estaría demás tener en cuenta, vista la continua deslealtad institucional y política que un día sí, y otro también, nos recuerdan, hostilmente, desde hace cien años, vascos y catalanes. De hecho, seríamos ingenuos si no aceptásemos, que la ruptura ‘funcional’ es ya un hecho en muchos ámbitos.



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