Q se construya un memorial para Don Jose Alfaro en el camellon de v carranza

La causa

Descanse en paz...

 
In memoriam

Hace 40 años don José Alfaro compró un muñeco de ventrílocuo en 200 pesos, pero un año después se lo robaron y tuvo que aprender a fabricarlos el mismo, así fueron llegando a Saltillo Poncho, Mario, Memín y por último Beto, que desde hace 20 años lo acompañaba en el cruce del bulevar V. Carranza e Hinojosa.

Durante cuatro décadas, el “Señor del muñeco” alegró a niños y adultos que bajaban el vidrio de su automóvil para darle una moneda a don José, y eran sorprendidos por Beto, quien les cantaba o les contaba un chiste para hacerlos reír.

A sus 74 años, todos los días, don José y Beto salían de su casa en la colonia Roma e iban hasta la contra esquina de la Clínica 2 del IMSS; allí, en un banco, esperaban ansiosos el momento en el que el semáforo del sentido sur-norte del V. Carranza se pusiera en rojo, entonces era momento de su actuación. El hombre avanzaba vehículo por vehículo, pero no pedía ni una moneda, era hasta que alguien le llamaba que Beto comienzaba a hablar o a cantar una de las melodías compuestas por don José. Luego de la rápida actuación, unas monedas eran dejadas en un vaso que el hombre tenía en su mano.

Cuando el semáforo cambiaba a verde, los dos corrían a su esquina a tomar un descanso, fumar un cigarrillo o echarse un trago de agua.

Pero aún había una cosa que hacía más interesante el trabajo que diariamente hacían Don José y Beto de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, y es que, cada mes, don José juntaba todas las monedas que le habían dado y hacía varias bolsitas de 500 pesos; esos ‘morralitos’ los entregaba personalmente a niños y jóvenes en situación vulnerable, para que pudieran seguir estudiando o se compraran algún medicamento, si es que pasaban por alguna enfermedad.
Lo increíble era que, en estas becas -cómo don José las llamaba- se iba el 90 por ciento de sus ganancias, y él solamente sobrevivía con una mínima parte.
“Aquí no hay coyotaje… personalmente van a mi casa o yo voy a la de ellos y les entrego su beca” decía don José.

Fue su madre la culpable de que don José Alfaro se volviera altruista, ella le heredó ese don, pues decía que -a pesar de no ser una familia de dinero- cada fin de semana sacaba una canasta con tacos y los repartía entre la gente pobre.
Conforme crecía, las labores altruistas del ventrílocuo eran cada vez más aventuradas, en una ocasión un amigo suyo lo invitó a jugar a su casa, y cuando la madre de éste les llamó a comer se llevó una gran sorpresa.
“Vi la pobreza y dije ‘aquí falta algo’, pues qué crees, que al otro día me brinqué a un corral y me robé una gallina y se la llevé a la señora, y le dije, ‘mire, la prepara porque voy a venir a comer’. La señora estaba muy agradecida”, relataba el hombre mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
A los 16 años, con un costal, el joven José Alfaro iba cada fin de semana a un mercado y lo llenaba de tomate, cebolla y otros vegetales, para luego ir a su vecindad y repartirlo entre los que más lo necesitaba.
Cuando José se casó, antes de tener a sus 5 hijos, se llevó a vivir a su casa a 4 niños que sufrían violencia en sus hogares. Habló con los padres de ellos y les pidió permiso para darles educación y cuidar de ellos.
Don José tenia alma de artista, por sus venas corría el talento saltillense, pues compuso poemas y decenas de canciones, que Beto, su muñeco, interpretaba para los automovilistas que tenían la fortuna de que el semáforo les tocara en rojo en el crucero dónde ellos se ubicaban cada día.
El paso artístico de José Alfaro inició a los 16 años en las ‘carpitas’ que se ponían en Saltillo; allí acudía a cantar, algo que siempre le ha apasionado, aunque decidió dejar ese camino porque ‘eso tiraba mucho al vicio’.
Luego, hace unos 50 años, le entró de payaso, se consiguió un equipo de sonido y acudía a las fiestas infantiles a contar chistes y bailar rock and roll.
Pero en una de las ferias a las que José iba a trabajar conoció la profesión en la que terminaría, y sin maestro alguno, sino simplemente viendo, aprendió el arte de la ventriloquía. Por eso, cuando le vendieron a Chema, su primer muñeco, no batalló nada para hacer su primera presentación.
Hace 13 años don José sufrió un infarto. Como pudo, llegó hasta la Cruz Roja y luego lo trasladaron al Hospital General; allí duró varios días en terapia intensiva.
“Ya me estaba muriendo, y le pedí a Dios un poquito más de tiempo para juntar sus becas, porque de esa salita no iba a salir vivo, y pues yo creía que me iba a dar 2 o 3 meses más, y ya son 13 años”, decía.
Don José no iba al médico, a menos que se sintiera muy mal, decía que desde su infarto se mantenía con una aspirina y descansos de 10 o 15 minutos cuando se sentía mal.
Para el ventrílocuo de Saltillo no había mayor pago que una sonrisa o el recuerdo que ha dejado grabado en la mente de muchos saltillenses, pues ha habido ocasiones en las que adultos le pidieron que les cantara, y al terminar le decían que lo escucharon hacía algunas décadas cuando eran niños.
Decía don José que hubo días en los que amaneció mal física o emocionalmente, pero cuando llegaba al crucero en el que trabajaba, todo lo malo se le olvidaba y se dedicaba solamente a provocar sonrisas.
“Cuando empecé en esto me dijeron que tenía que fingir la sonrisa todos los días, pero a mí me sale natural, a mí me gusta sonreír pase lo que pase”, señalaba.
El día de hoy a alrededor de las 8 de la mañana, don José fue trasladado de urgencia al hospital Muguerza de Saltillo por un dolor en el pecho. Minutos después murió de un infarto.
De acuerdo con Juan González, persona que vivía con don José y quien lo trasladó al hospital, don José llevaba años con problemas cardiacos.
Dos semanas atrás, el médico le recomendó reposo absoluto a Don José, quien no obedeció pues seguía teniendo la misión de ayudar a los niños con su muñeco ventrílocuo “Beto”, quien ahora se ha quedado sin su mejor amigo, de la misma manera que Saltillo se ha quedado sin uno de sus figuras urbanas más importantes.

¡Mil gracias don José, buen viaje y hasta siempre!

 

Despues de la clase de historia creo q se lo merece y deberia de estar en el camellon de vcarranza y el seguro social clinica 2 fue un ejemplo de persona y seria grande q se hiciera este jesto en la ciudad para demostrar q aun somos unidos

 

 

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La causa

Descanse en paz...

 
In memoriam

Hace 40 años don José Alfaro compró un muñeco de ventrílocuo en 200 pesos, pero un año después se lo robaron y tuvo que aprender a fabricarlos el mismo, así fueron llegando a Saltillo Poncho, Mario, Memín y por último Beto, que desde hace 20 años lo acompañaba en el cruce del bulevar V. Carranza e Hinojosa.

Durante cuatro décadas, el “Señor del muñeco” alegró a niños y adultos que bajaban el vidrio de su automóvil para darle una moneda a don José, y eran sorprendidos por Beto, quien les cantaba o les contaba un chiste para hacerlos reír.

A sus 74 años, todos los días, don José y Beto salían de su casa en la colonia Roma e iban hasta la contra esquina de la Clínica 2 del IMSS; allí, en un banco, esperaban ansiosos el momento en el que el semáforo del sentido sur-norte del V. Carranza se pusiera en rojo, entonces era momento de su actuación. El hombre avanzaba vehículo por vehículo, pero no pedía ni una moneda, era hasta que alguien le llamaba que Beto comienzaba a hablar o a cantar una de las melodías compuestas por don José. Luego de la rápida actuación, unas monedas eran dejadas en un vaso que el hombre tenía en su mano.

Cuando el semáforo cambiaba a verde, los dos corrían a su esquina a tomar un descanso, fumar un cigarrillo o echarse un trago de agua.

Pero aún había una cosa que hacía más interesante el trabajo que diariamente hacían Don José y Beto de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, y es que, cada mes, don José juntaba todas las monedas que le habían dado y hacía varias bolsitas de 500 pesos; esos ‘morralitos’ los entregaba personalmente a niños y jóvenes en situación vulnerable, para que pudieran seguir estudiando o se compraran algún medicamento, si es que pasaban por alguna enfermedad.
Lo increíble era que, en estas becas -cómo don José las llamaba- se iba el 90 por ciento de sus ganancias, y él solamente sobrevivía con una mínima parte.
“Aquí no hay coyotaje… personalmente van a mi casa o yo voy a la de ellos y les entrego su beca” decía don José.

Fue su madre la culpable de que don José Alfaro se volviera altruista, ella le heredó ese don, pues decía que -a pesar de no ser una familia de dinero- cada fin de semana sacaba una canasta con tacos y los repartía entre la gente pobre.
Conforme crecía, las labores altruistas del ventrílocuo eran cada vez más aventuradas, en una ocasión un amigo suyo lo invitó a jugar a su casa, y cuando la madre de éste les llamó a comer se llevó una gran sorpresa.
“Vi la pobreza y dije ‘aquí falta algo’, pues qué crees, que al otro día me brinqué a un corral y me robé una gallina y se la llevé a la señora, y le dije, ‘mire, la prepara porque voy a venir a comer’. La señora estaba muy agradecida”, relataba el hombre mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
A los 16 años, con un costal, el joven José Alfaro iba cada fin de semana a un mercado y lo llenaba de tomate, cebolla y otros vegetales, para luego ir a su vecindad y repartirlo entre los que más lo necesitaba.
Cuando José se casó, antes de tener a sus 5 hijos, se llevó a vivir a su casa a 4 niños que sufrían violencia en sus hogares. Habló con los padres de ellos y les pidió permiso para darles educación y cuidar de ellos.
Don José tenia alma de artista, por sus venas corría el talento saltillense, pues compuso poemas y decenas de canciones, que Beto, su muñeco, interpretaba para los automovilistas que tenían la fortuna de que el semáforo les tocara en rojo en el crucero dónde ellos se ubicaban cada día.
El paso artístico de José Alfaro inició a los 16 años en las ‘carpitas’ que se ponían en Saltillo; allí acudía a cantar, algo que siempre le ha apasionado, aunque decidió dejar ese camino porque ‘eso tiraba mucho al vicio’.
Luego, hace unos 50 años, le entró de payaso, se consiguió un equipo de sonido y acudía a las fiestas infantiles a contar chistes y bailar rock and roll.
Pero en una de las ferias a las que José iba a trabajar conoció la profesión en la que terminaría, y sin maestro alguno, sino simplemente viendo, aprendió el arte de la ventriloquía. Por eso, cuando le vendieron a Chema, su primer muñeco, no batalló nada para hacer su primera presentación.
Hace 13 años don José sufrió un infarto. Como pudo, llegó hasta la Cruz Roja y luego lo trasladaron al Hospital General; allí duró varios días en terapia intensiva.
“Ya me estaba muriendo, y le pedí a Dios un poquito más de tiempo para juntar sus becas, porque de esa salita no iba a salir vivo, y pues yo creía que me iba a dar 2 o 3 meses más, y ya son 13 años”, decía.
Don José no iba al médico, a menos que se sintiera muy mal, decía que desde su infarto se mantenía con una aspirina y descansos de 10 o 15 minutos cuando se sentía mal.
Para el ventrílocuo de Saltillo no había mayor pago que una sonrisa o el recuerdo que ha dejado grabado en la mente de muchos saltillenses, pues ha habido ocasiones en las que adultos le pidieron que les cantara, y al terminar le decían que lo escucharon hacía algunas décadas cuando eran niños.
Decía don José que hubo días en los que amaneció mal física o emocionalmente, pero cuando llegaba al crucero en el que trabajaba, todo lo malo se le olvidaba y se dedicaba solamente a provocar sonrisas.
“Cuando empecé en esto me dijeron que tenía que fingir la sonrisa todos los días, pero a mí me sale natural, a mí me gusta sonreír pase lo que pase”, señalaba.
El día de hoy a alrededor de las 8 de la mañana, don José fue trasladado de urgencia al hospital Muguerza de Saltillo por un dolor en el pecho. Minutos después murió de un infarto.
De acuerdo con Juan González, persona que vivía con don José y quien lo trasladó al hospital, don José llevaba años con problemas cardiacos.
Dos semanas atrás, el médico le recomendó reposo absoluto a Don José, quien no obedeció pues seguía teniendo la misión de ayudar a los niños con su muñeco ventrílocuo “Beto”, quien ahora se ha quedado sin su mejor amigo, de la misma manera que Saltillo se ha quedado sin uno de sus figuras urbanas más importantes.

¡Mil gracias don José, buen viaje y hasta siempre!

 

Despues de la clase de historia creo q se lo merece y deberia de estar en el camellon de vcarranza y el seguro social clinica 2 fue un ejemplo de persona y seria grande q se hiciera este jesto en la ciudad para demostrar q aun somos unidos

 

 

Los tomadores de decisiones

Gobierno de Coahuila
Gobierno de Coahuila
Miguel Riquelme
Miguel Riquelme
Gobernador de Coahuila
MANOLO JIMENEZ
MANOLO JIMENEZ
Alcalde de Saltillo

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Petición creada en 23 de septiembre de 2020