Petición cerrada

Que se garanticen las interrupciones terapéuticas del embarazo en la red sanitaria pública

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Cuando un embarazo sale mal, no puede ser que la Sanidad Pública se lave las manos y ponga en peligro incluso tu vida. Ayúdame a que nadie más tenga que pasar por la tortura que yo pasé.

 

Cuando tras más de dos años intentándolo conseguí quedarme embarazada, mi marido y yo estábamos pletóricos de alegría. Por desgracia, las cosas no fueron bien, y tras varias amenazas de aborto, en la semana 20 me confirman que el feto no es viable. Además me ingresan por riesgo de que yo misma sufra una infección grave.  Con gran dolor, decidimos interrumpir el embarazo, ante la evidencia de que nunca llegaría a buen término. Aunque la llamen “interrupción voluntaria”, en nuestro caso fue obligada: ojalá no hubiéramos  tenido que interrumpir un embarazo tan buscado y anhelado.

 

Pero con la decisión empezaba nuestra tortura.  Aunque fueran los propios médicos del Hospital de La Paz, donde estaba ingresada, los que nos dieran a entender que no teníamos mejor alternativa, el hospital en bloque resulta ser “objetor”.  Así que se lavan las manos y me dan un número de teléfono de la Consejería de Sanidad de la Comunidad para que nosotros lo gestionemos todo.  Pasé de la cama del hospital, con antibióticos por vía intravenosa, a la oficina de la Consejería y, de ahí, a una clínica privada, porque, para mi sorpresa, desde la Consejería no me ofertaron ningún centro público para realizar la interrupción. ¡Ni uno!

 

Nosotros no queríamos abortar; tuvimos que hacerlo. Y creemos que, al menos en los casos en que se trata de interrupciones terapéuticas debidas a que el feto no es viable, se debería garantizar la prestación efectiva de la interrupción voluntaria del embarazo en la Red Sanitaria Pública. Es allí donde existen más medios y recursos, tanto humanos como materiales, y se evitaría un peregrinar que, además de traumático psicológicamente, puede llegar a poner en riesgo la vida de la mujer embarazada.

 

Como ejemplo de los riesgos que yo misma experimenté, pasé la noche internada en la clínica privada acompañada sólo de una enfermera, sin que hubiera médico alguno de guardia; por la mañana, cuando fui al baño, el cordón umbilical empezó a salirse y ¡seguía sin haber médico alguno! Por si todo esto fuera poco, también tuvimos que gestionar nosotros mismos la petición de análisis anatomopatológicos y genéticos del feto, debiendo trasladar nosotros mismos los restos de nuestro feto de la clínica privada al Hospital de La Paz, algo totalmente irregular y vergonzoso.

 

Hagamos entre todos que se dé un trato digno a las mujeres que, como yo, tienen la desgracia de sufrir la pérdida del hijo que tanto han deseado. Firma y comparte esta petición.



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