

La propietaria de la casa rural, lejos de buscar un entendimiento y tratar de solucionar el conflicto, ha iniciado una campaña de acoso y hostigamiento contra una de las principales afectadas por los ruidos, llegando a denunciar perros y gallinas sueltas en un pueblo.
Un perrín de cinco años correctamente identificado, con todas sus vacunas en regla, que cuenta con informes positivos de educadores caninos y veterinarios, un perro educado y cariñoso que en ningún caso permanece sin supervisión de su dueña, ha sido etiquetado como Perro Potencialmente Peligroso por el Principado de Asturias y condenado a vivir el resto de su vida atado y con bozal solo por el hecho de que la gerente de la casa rural (que ni siquiera vive en el barrio) afirma que "le da ansiedad" y es un perro "grande y de pelo corto". ¿Te parece justo? ¿Son estos los pueblos que queremos?
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