Fiscal Fernando Cartasegna devuelve animales moribundos a su "dueño"

El problema

CASO DIFUNDIDO POR EL CENTRO DE RESCATE Y REHABILITACIÓN EQUINO (CRRE)

Este caso merece salir a la luz, ha excedido todos los límites de la crueldad conocida y no puede quedar impune. Hemos estado en uno de los peores lugares a los que hemos entrado y les aseguramos que la impotencia y dolor de haber visto lo inimaginable hace que hoy pidamos la ayuda de todos los lectores. Este fin de semana Patrulla Rural realizó un allanamiento en conjunto con nosotros. Fue una situación poco común y debido a las consecuencias que se generaron vamos a necesitar máxima difusión. Esto tiene que conocerse, hay vidas que siguen corriendo riesgo.

Todo empieza cuando recibimos un video en donde se maltrataba a un caballo. En el video se puede ver claramente como dentro de la propiedad un caballo está atado a un carro rojo y se lo doma pegándole repetidas veces con una pala. El caballo gira en varias oportunidades arrastrando el carro para tratar de no recibir más golpes, pero lo único que recibe son más palazos. En una oportunidad hasta se llega a agachar del dolor. No podíamos dejar de ver el video sin que nos invada el llanto.

Es así que junto a las muchas denuncias que había, decidimos enviar una copia del video a Patrulla Rural para pedir el allanamiento. Al hablar con distintos oficiales, nos dijeron que no podían creer que tengamos un video, ya que siempre quisieron entrar para secuestrar a los animales. A la familia se la conoce por robar caballos y pese a la cantidad de denuncias que hay la fiscalía nunca otorgaba la orden. Decían que las fotos podían “ser buscadas”, el hombre podía estar sosteniendo la pala en el aire pero podía no pegarle con ella. Sólo un video podía demostrar la realidad, y ahí estaba en las manos de todos listos para pedir la orden.

Se luchó durante un mes en conjunto con la policía. Fue una total odisea. Fiscalía pese a tener el video seguía sin otorgar el allanamiento y gracias a la insistencia de los oficiales, el día había llegado. No era cualquier día: era un día domingo, impostergable y sin la posibilidad de que la polcía pueda ser acompañada por un veterinario. Procedimos a ayudar en el allanamiento junto al MV Edgardo Di Salvo, que sin dudarlo dijo que sí. 

A las 6 de la mañana nos juntamos en el destacamento y partimos junto a los móviles para realizar el operativo. Todos los oficiales estaban con sus armas largas listos para actuar. Irrumpieron en la vivienda y en un abrir y cerrar de ojos los oficiales estaban por todo el predio revisando que no haya personas armadas. 

Lo que encontramos fue el horror. Nos esperaba un campo lleno de desolación y dolor. Animales carneados pudriéndose por todos lados. Nos rodeaban perros hambrientos y con mucho miedo. Algunos comían los cuerpos descompuestos de los que habían muerto. Encontramos restos óseos de caballos, vacas y cerdos. 

Nunca esperamos encontrarnos con esta situación pese a que nos avisaron que “cuando doman a los caballos atados al carro a veces se van de mano con los golpes y terminan matándolos”. 

El hedor de los cadáveres y las vísceras que estaban por todo el lugar para alimentar a los animales era terrible. Nos descomponía pese a taparnos la boca. Hemos estado cerca de animales que han muerto pero el espantoso olor helaba la sangre ¿cuántas almas inocentes pasaron a mejor vida en ese campo? Lo pueden ver ustedes, huesos desparramados, trozos de una vida que no conoció la compasión ni el cariño. Objetos de abuso, de golpes, tan solo por el mero hecho de satisfacer el instinto de violencia humano, una crueldad abusiva y tan espantosa que hiela la sangre.

Las fotos reflejan una fracción de todo lo que se pudo observar ahí. Animales lastimados y con signos de haber sido golpeados por doquier. Había hasta una perra que había parido entre dos tambores metálicos para que los cerdos no pudieran comerse las crías. Otra madre yacía en un conteiner plástico tratando de cuidar a la única cría que le quedaba mientras un chancho hambriento caminaba solo a unos metros. 

Los oficiales solicitaron de inmediato los papeles de los caballos pero ninguno contaba con anemias, libretas sanitarias o papeles que acreditaran la titularidad de los 5 equinos. Había uno de ellos, el más lastimado que estaba “engalponado”. Estaba encerrado en un cuarto de chapa muy precario con autopartes desde donde no podía verse. Era un potro cubierto de latigazos en todo su cuerpo y rostro. La policía lo sacó inmediatamente y el caballo tiraba con las pocas fuerzas que tenía por el miedo que sentía.

En ese mismo momento aparece el padre, de la persona que residía en el lugar. El señor estaba sumamente tranquilo diciendo “si vienen por los caballos no hay problema. Son todos míos menos el blanco, no tengo los papeles pero como ven están gordos y cuidados. Llévenselos si quieren” y ahí mismo comprendimos en cinismo con el que nos hablaba, él ya sabía que con un llamado se los iban a devolver. Mismo aclaró “si la denuncia es por el blanco, es un potro, lo estamos domando… es algo normal, la gente a veces no entiende”.

Irónicamente se pusieron a ayudar a subirlos al batán. Lo que no esperaban era que además de los caballos les empecemos a sacar a los galgos y pitbulls y al sorprenderse por la situación levemente, empezaron a escucharse tiros de los campos vecinos, por lo que los animales se espantaron y empezaron a correr por todos lados, muchos de ellos se iban a los campos vecinos y cada vez que los llamábamos pese a tener comida en la mano, se enrollaban en el lugar sin moverse asustados o corrían lejos. 

Los tiros duraron durante varios minutos, por lo que tuvimos que agruparnos y la policía tuvo que mover sus vehículos para protegernos hasta que se detuvieron los disparos y pudimos levantar a los perros que quedaban. Varios se encontraban tirados sin poder levantarse por lo que tuvieron que ser trasladados en brazos hasta el batán.

Desatamos a cada uno de los perros que vivían encadenados por todo el campo, todos temblaban del miedo y tiraban su cadena lo más lejos posible esperando que el golpe llegara. Nos rompía el corazón tratar de imaginarnos a lo que habían sido sometidos para que tuvieran semejante reacción. Sus “dueños” nos decían que nos iban a morder porque eran malísimos y si bien nos acercamos con mucha cautela cuando extendíamos nuestras manos hasta lograr acariciarlos, ellos se encorvaban y movían un poquito sus colas. Era muy triste todo. Mismo un perro que estaba apartado y atado en un extremo rodeado de sus vómitos y excrementos nos gruñó, fue el único. Nos arriesgamos igual a hacer el mismo procedimiento que con los otros y a los pocos minutos empezó a responder y dejo que lo acariciáramos. Terminó jugando con nosotros en el pasto.

En cerca de 40 minutos muchas protectoras independientes y de galgos se fueron comunicando con nosotros para transitar a los animales. Era desesperante porque a todos los animales a los que no les consiguiéramos hogar iban a tener que quedarse ahí. Pero gracias a la unión pudimos sacar a todos los que se encontraban en el predio y no habían escapado.

Al llegal a la dependencia de San Vicente, sin siquiera haber leído el informe veterinario, el fiscal Fernando Cartasegna de la UFI Nº4 de La Plata ordenó que inmediatamente se devolvieran al mismo lugar a todos los perros y a 3 de los 5 caballos. Esa fue su orden y pese a la insistencia de patrulla rural no cambió de opinión.

 

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Este caso merece salir a la luz, ha excedido todos los límites de la crueldad conocida y no puede quedar impune. Hemos estado en uno de los peores lugares a los que hemos entrado y les aseguramos que la impotencia y dolor de haber visto lo inimaginable hace que hoy pidamos la ayuda de todos los lectores. Este fin de semana Patrulla Rural realizó un allanamiento en conjunto con nosotros. Fue una situación poco común y debido a las consecuencias que se generaron vamos a necesitar máxima difusión. Esto tiene que conocerse, hay vidas que siguen corriendo riesgo.

Todo empieza cuando recibimos un video en donde se maltrataba a un caballo. En el video se puede ver claramente como dentro de la propiedad un caballo está atado a un carro rojo y se lo doma pegándole repetidas veces con una pala. El caballo gira en varias oportunidades arrastrando el carro para tratar de no recibir más golpes, pero lo único que recibe son más palazos. En una oportunidad hasta se llega a agachar del dolor. No podíamos dejar de ver el video sin que nos invada el llanto.

Es así que junto a las muchas denuncias que había, decidimos enviar una copia del video a Patrulla Rural para pedir el allanamiento. Al hablar con distintos oficiales, nos dijeron que no podían creer que tengamos un video, ya que siempre quisieron entrar para secuestrar a los animales. A la familia se la conoce por robar caballos y pese a la cantidad de denuncias que hay la fiscalía nunca otorgaba la orden. Decían que las fotos podían “ser buscadas”, el hombre podía estar sosteniendo la pala en el aire pero podía no pegarle con ella. Sólo un video podía demostrar la realidad, y ahí estaba en las manos de todos listos para pedir la orden.

Se luchó durante un mes en conjunto con la policía. Fue una total odisea. Fiscalía pese a tener el video seguía sin otorgar el allanamiento y gracias a la insistencia de los oficiales, el día había llegado. No era cualquier día: era un día domingo, impostergable y sin la posibilidad de que la polcía pueda ser acompañada por un veterinario. Procedimos a ayudar en el allanamiento junto al MV Edgardo Di Salvo, que sin dudarlo dijo que sí. 

A las 6 de la mañana nos juntamos en el destacamento y partimos junto a los móviles para realizar el operativo. Todos los oficiales estaban con sus armas largas listos para actuar. Irrumpieron en la vivienda y en un abrir y cerrar de ojos los oficiales estaban por todo el predio revisando que no haya personas armadas. 

Lo que encontramos fue el horror. Nos esperaba un campo lleno de desolación y dolor. Animales carneados pudriéndose por todos lados. Nos rodeaban perros hambrientos y con mucho miedo. Algunos comían los cuerpos descompuestos de los que habían muerto. Encontramos restos óseos de caballos, vacas y cerdos. 

Nunca esperamos encontrarnos con esta situación pese a que nos avisaron que “cuando doman a los caballos atados al carro a veces se van de mano con los golpes y terminan matándolos”. 

El hedor de los cadáveres y las vísceras que estaban por todo el lugar para alimentar a los animales era terrible. Nos descomponía pese a taparnos la boca. Hemos estado cerca de animales que han muerto pero el espantoso olor helaba la sangre ¿cuántas almas inocentes pasaron a mejor vida en ese campo? Lo pueden ver ustedes, huesos desparramados, trozos de una vida que no conoció la compasión ni el cariño. Objetos de abuso, de golpes, tan solo por el mero hecho de satisfacer el instinto de violencia humano, una crueldad abusiva y tan espantosa que hiela la sangre.

Las fotos reflejan una fracción de todo lo que se pudo observar ahí. Animales lastimados y con signos de haber sido golpeados por doquier. Había hasta una perra que había parido entre dos tambores metálicos para que los cerdos no pudieran comerse las crías. Otra madre yacía en un conteiner plástico tratando de cuidar a la única cría que le quedaba mientras un chancho hambriento caminaba solo a unos metros. 

Los oficiales solicitaron de inmediato los papeles de los caballos pero ninguno contaba con anemias, libretas sanitarias o papeles que acreditaran la titularidad de los 5 equinos. Había uno de ellos, el más lastimado que estaba “engalponado”. Estaba encerrado en un cuarto de chapa muy precario con autopartes desde donde no podía verse. Era un potro cubierto de latigazos en todo su cuerpo y rostro. La policía lo sacó inmediatamente y el caballo tiraba con las pocas fuerzas que tenía por el miedo que sentía.

En ese mismo momento aparece el padre, de la persona que residía en el lugar. El señor estaba sumamente tranquilo diciendo “si vienen por los caballos no hay problema. Son todos míos menos el blanco, no tengo los papeles pero como ven están gordos y cuidados. Llévenselos si quieren” y ahí mismo comprendimos en cinismo con el que nos hablaba, él ya sabía que con un llamado se los iban a devolver. Mismo aclaró “si la denuncia es por el blanco, es un potro, lo estamos domando… es algo normal, la gente a veces no entiende”.

Irónicamente se pusieron a ayudar a subirlos al batán. Lo que no esperaban era que además de los caballos les empecemos a sacar a los galgos y pitbulls y al sorprenderse por la situación levemente, empezaron a escucharse tiros de los campos vecinos, por lo que los animales se espantaron y empezaron a correr por todos lados, muchos de ellos se iban a los campos vecinos y cada vez que los llamábamos pese a tener comida en la mano, se enrollaban en el lugar sin moverse asustados o corrían lejos. 

Los tiros duraron durante varios minutos, por lo que tuvimos que agruparnos y la policía tuvo que mover sus vehículos para protegernos hasta que se detuvieron los disparos y pudimos levantar a los perros que quedaban. Varios se encontraban tirados sin poder levantarse por lo que tuvieron que ser trasladados en brazos hasta el batán.

Desatamos a cada uno de los perros que vivían encadenados por todo el campo, todos temblaban del miedo y tiraban su cadena lo más lejos posible esperando que el golpe llegara. Nos rompía el corazón tratar de imaginarnos a lo que habían sido sometidos para que tuvieran semejante reacción. Sus “dueños” nos decían que nos iban a morder porque eran malísimos y si bien nos acercamos con mucha cautela cuando extendíamos nuestras manos hasta lograr acariciarlos, ellos se encorvaban y movían un poquito sus colas. Era muy triste todo. Mismo un perro que estaba apartado y atado en un extremo rodeado de sus vómitos y excrementos nos gruñó, fue el único. Nos arriesgamos igual a hacer el mismo procedimiento que con los otros y a los pocos minutos empezó a responder y dejo que lo acariciáramos. Terminó jugando con nosotros en el pasto.

En cerca de 40 minutos muchas protectoras independientes y de galgos se fueron comunicando con nosotros para transitar a los animales. Era desesperante porque a todos los animales a los que no les consiguiéramos hogar iban a tener que quedarse ahí. Pero gracias a la unión pudimos sacar a todos los que se encontraban en el predio y no habían escapado.

Al llegal a la dependencia de San Vicente, sin siquiera haber leído el informe veterinario, el fiscal Fernando Cartasegna de la UFI Nº4 de La Plata ordenó que inmediatamente se devolvieran al mismo lugar a todos los perros y a 3 de los 5 caballos. Esa fue su orden y pese a la insistencia de patrulla rural no cambió de opinión.

 

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Fernando Cartasegna
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Fiscal de la UFI Nº4 de La Plata
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Petición creada en 17 de agosto de 2016