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Cerca de 30 mil personas, colonos e indígenas del Amazonas ecuatoriano, hemos mantenido un juicio en contra de la petrolera Chevron (antes Texaco) por más de 20 años. Iniciamos esta lucha porque la empresa contaminó nuestro hogar desechando tóxicos y residuos de petróleo en nuestra tierra, en nuestros ríos y esteros; que son las principales fuentes de agua para quienes vivimos en la zona, así también alteraron nuestra forma de vida y amenazan nuestra supervivencia.
Varias comunidades de la Amazonía Norte de Ecuador se enfrentan a una de las empresas más grandes del mundo pidiendo justicia, pues mientras el tiempo pasa, el daño dejado en nuestro suelo sigue actuando, silente, pero con la mayor crueldad. Las provincias de Orellana y Sucumbíos en Ecuador tienen el índice más alto de cáncer del país, la cifra es tres a uno, producto de la contaminación. La petrolera arrojó 60.000.000 millones de galones de agua tóxica a los esteros y a los ríos. Lo hizo, no por ignorancia ni desconocimiento de cómo disponer de ella, sino para ahorrarse dinero -8,31 mil millones de dólares-, que es lo que hubiera costado reinyectar este residuo a los pozos. Se sabe que la petrolera abrió 880 fosas sin ningún recubrimiento, cada una de 25 por 50 metros, con 3 metros de profundidad. En ellas aún hoy se pueden apreciar los residuos de petróleo. Otras fueron cubiertas con tierra o escombros y de esa manera la compañía ha intentado decir que la reparación ya se ha hecho.
Pedimos la solidaridad de mundo entero para conseguir la justicia y que Chevron se haga responsable del daño y tome acciones para pagar por la remedición que nos devuelva una Amazonía limpia.

Letter to
Unión de Afectados y Afectadas por las operaciones de la petrolera Texaco
Su Santidad, Papa Francisco
6 de mayo del 2013.

Su Santidad, Papa Francisco, Palacio Apostólico 00120, Ciudad del Vaticano.

A Su Santidad Francisco:

“Empieza haciendo lo necesario, continúa haciendo lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible”.

Hace 800 años San Francisco de Asís pronunció estas palabras y a pesar de la distancia y el tiempo parece que hubieran sido pensadas para nosotros, pues esta frase resume nuestra incansable lucha. Hoy, los afectados por las operaciones de la compañía petrolera Chevron-Texaco, quienes vivimos en la zona norte del Amazonas ecuatoriano, nos dirigimos a Usted, Su Santidad, porque conocemos de su gran amor por la vida y su respeto por el medioambiente.

Los 30 mil afectados por las operaciones de la compañía norteamericana Chevron-Texaco, nos dirigimos a usted, Excelentísimo Padre, como líder moral de la Iglesia Católica y de la humanidad, para pedirle su guía y oración. Nosotros, colonos e indígenas del Amazonas ecuatoriano, hemos mantenido un juicio en contra de la petrolera por más de 20 años. Iniciamos esta lucha porque la empresa contaminó nuestro hogar desechando tóxicos y residuos de petróleo en nuestra tierra, en nuestros ríos y esteros; que son las principales fuentes de agua para quienes vivimos en la zona.

Son dos décadas de pelear por justicia, sin los recursos suficientes y envestidos únicamente de la fe, la esperanza, la voluntad, y las ganas de alcanzar lo que para muchos es imposible: limpiar la Amazonía. Día a día nos levantamos pensando que la verdad prevalecerá y que al fin empezarán los trabajos para reparar el daño causado. Sepa usted que ésta es una lucha épica: una comunidad se enfrenta a una de las empresas más grandes del mundo y a cada paso nos hacemos fuertes en la fe. Son muchas, por no decir miles, las oraciones que hemos levantado al cielo pidiendo justicia, pues mientras el tiempo pasa, el daño dejado en nuestro suelo sigue actuando, silente, pero con la mayor crueldad. Sepa usted, Su Santidad, que la zona donde vivimos (las provincias de Orellana y Sucumbíos en Ecuador) tiene el índice más alto de cáncer del país, la cifra es tres a uno, producto de la contaminación.

La petrolera arrojó 60.000.000 millones de galones de agua tóxica a los esteros y a los ríos. Lo hizo, no por ignorancia ni desconocimiento de cómo disponer de ella, sino para ahorrarse dinero -8,31 mil millones de dólares-, que es lo que hubiera costado reinyectar este residuo a los pozos. Por esta razón no podemos usar el agua, a cambio tenemos que comprarla (USD 1,20, los cuatro litros) o recogerla de la lluvia.

Pero no es solo el agua la que está contaminada, sino también la tierra. Las sentencias1, en dos instancias, reconocen que la petrolera abrió 880 fosas, cada una de 25 por 50 metros, con 3 metros de profundidad. En ellas aún hoy se pueden apreciar los residuos de petróleo. Otras fueron cubiertas con tierra o escombros y de esa manera la compañía ha intentado decir que la reparación ya se ha hecho.

Pero no es sólo eso lo que hizo esta empresa, sino que también afectó el entorno y la vida de nuestras comunidades ancestrales. Dos de ellas desaparecieron para siempre (Tetetes y Sansahuari). El daño a nuestros hermanos y a nuestros hogares es inconmensurable. Nuestras tierras ya no quieren producir. Pero además, no conformes con alternarnos nuestra forma de vida, con afectar uno de los pulmones del planeta, ahora también nos difaman. Nos llaman mentirosos e inventan evidencias para no hacerse responsables del daño.

Es por todo lo dicho anteriormente que acudimos a Usted. Lo único que pedimos es justicia y que el responsable se haga cargo del daño cometido. Lo hacemos porque tenemos la verdad de nuestro lado y esa es el arma más poderosa. Luchamos por nuestras vidas y para que todos - el hermano armadillo, la hermana guanta, el hermano caimán - puedan vivir en paz en su hábitat, y para que la Amazonía vuelva a ser el pulmón del mundo. En fin, para que lo que hasta ahora parece imposible, mañana sea una realidad.

Sabemos y confiamos en que esta lucha por la justicia es bien vista ante los ojos de Dios, porque es una lucha por la vida, por eso nos dirigimos a Usted respetuosamente para pedirle nos incluya en sus oraciones. Nosotros, los y las afectados/as por las operaciones de la compañía Chevron- Texaco lo tenemos en cada una de nuestras oraciones.

Como le dijo usted, Su Santidad, al Presidente Rafael Correa: “Los hombres perdonamos de vez en cuando. La naturaleza no perdona nunca, y si la maltratamos se nos viene encima”.

Gracias, o como decimos acá: que Dios le pague.

Atentamente:

Humberto Piaguaje Lucitante

Coordinador de la Unión de Afectados (UDAPT)