

¡Exigir un cambio en la formación dual!
El problema
EL PROBLEMA
Con esta recogida de firmas solicitamos que la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía reaccione ante la situación que se está generando en los centros educativos como consecuencia de la implantación de la nueva normativa de Formación Profesional y, en particular, de la generalización de la formación en empresa desde el primer curso.
La nueva organización de la FP está provocando una sobrecarga muy importante en el profesorado, especialmente en los tutores y equipos docentes de ciclos formativos, que deben asumir tareas de búsqueda de empresas, contacto, coordinación, seguimiento, gestión documental, control de altas en la Seguridad Social, elaboración de anexos, registro de datos y resolución de incidencias, todo ello con una dotación horaria claramente insuficiente.
A esta sobrecarga se suma un problema aún más grave: en muchos casos, la formación en empresa no está garantizando una mejora real en el aprendizaje del alumnado. La mera presencia del alumno en una empresa no implica que se estén trabajando los resultados de aprendizaje del ciclo ni que exista una tutorización efectiva.
Durante el curso 2025/2026, además del alumnado de segundo curso que tradicionalmente realizaba la FCT, se incorpora también alumnado de primer curso a la formación en empresa. Esto multiplica el número de alumnos que deben ser colocados en empresas, sin que exista un tejido empresarial suficiente ni una estructura administrativa adecuada para gestionar esta carga.
La teoría de la nueva normativa no se corresponde con la realidad de los centros, del alumnado ni de las empresas andaluzas por las siguientes razones:
1. La implantación actual perjudica al alumnado
El principal afectado por una implantación precipitada y poco realista de la FP Dual es el alumnado.
- Envío prematuro de alumnado no preparado
En primer curso, muchos alumnos aún no disponen de los conocimientos técnicos, la autonomía ni la madurez profesional necesaria para aprovechar una estancia en empresa. En especial en ciclos de informática, como SMR, DAM, DAW o ASIR, es imprescindible adquirir antes una base técnica suficiente en sistemas, redes, programación, montaje, seguridad, documentación o resolución de incidencias. Enviar alumnado demasiado pronto a empresas que no tienen capacidad real para formarlo puede suponer una pérdida de tiempo formativo. En lugar de consolidar competencias en el aula, el taller o el laboratorio, parte del alumnado acaba realizando tareas sin relación con el ciclo o permaneciendo largos periodos sin actividad técnica significativa. - Reducción del valor formativo del segundo curso
En segundo curso, el alumnado tiene una preparación mucho mayor y puede aprovechar mejor una estancia en empresa. Ya ha adquirido una base técnica suficiente y puede aplicar conocimientos en situaciones reales de trabajo. Reducir o fragmentar el tiempo de formación práctica en segundo curso para trasladar parte de esa estancia a primero puede empobrecer la experiencia formativa. La empresa suele preferir alumnado más preparado, con mayor autonomía y capaz de realizar tareas útiles y formativas durante un periodo más prolongado. - Estancias en empresa sin aprendizaje real
Se están detectando casos en los que el alumnado realiza tareas ajenas a su ciclo formativo, como ordenar almacenes, hacer fotocopias, barrer, mover material o permanecer sin tareas durante días. En otros casos, se les asigna una tarea técnica puntual que terminan en un día y después no reciben nuevas actividades ni seguimiento. Esto no puede considerarse formación profesional real. Una estancia en empresa solo tiene sentido si el alumno desarrolla actividades vinculadas a los resultados de aprendizaje del ciclo, con supervisión, corrección, seguimiento y evidencias. - Evaluaciones empresariales que no reflejan la realidad
También se están produciendo situaciones en las que la empresa valora positivamente o incluso con la máxima calificación resultados de aprendizaje que el alumnado afirma no haber trabajado. Posteriormente, cuando el equipo docente pide al alumno realizar en el centro tareas que supuestamente ha aprendido en la empresa, se comprueba que no sabe hacerlas o ni siquiera comprende de qué se le está hablando. Esto genera una situación muy grave: se certifican aprendizajes que no se han producido. La evaluación no puede basarse únicamente en una valoración formal de la empresa si no existen evidencias reales de desempeño.
2. Los docentes tienen serias dificultades para encontrar empresas suficientes y adecuadas
El profesorado de FP ya tenía una importante carga de trabajo en la búsqueda de empresas para la FCT de segundo curso. Con la incorporación del alumnado de primer curso, esta carga se multiplica.
En muchos ciclos, especialmente en determinadas familias profesionales y zonas, resulta extremadamente difícil encontrar empresas suficientes. El mercado ya estaba saturado con el alumnado de segundo curso y ahora se pretende incorporar también a los grupos de primero, que suelen ser más numerosos.
El tejido empresarial andaluz está compuesto mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas. Muchas de ellas no disponen de personal, tiempo, espacio, recursos ni estructura para tutorizar alumnado. Algunas empresas colaboradoras manifiestan directamente que no pueden dedicar tiempo a enseñar, porque sus trabajadores ya tienen su propia carga laboral.
La función del profesorado no puede convertirse en convencer, suplicar o presionar a empresas para que acepten alumnado. Los docentes no somos comerciales, gestores de recursos humanos ni empresas de trabajo temporal. Nuestra función principal es enseñar, orientar, evaluar y acompañar pedagógicamente al alumnado.
3. No todas las empresas tienen capacidad formativa
Una empresa no debe ser considerada automáticamente válida por el simple hecho de aceptar alumnado.
Para que una empresa pueda participar en la formación, debería garantizar al menos:
- un tutor real y disponible;
- tareas vinculadas a los resultados de aprendizaje del ciclo;
- un plan de actividades concreto;
- supervisión técnica;
- corrección de las tareas realizadas;
- evidencias del trabajo desarrollado;
- comunicación efectiva con el centro;
- condiciones adecuadas para que el alumno aprenda.
Sin embargo, en muchos casos esto no se cumple. Hay empresas que aceptan alumnado pero no pueden o no quieren dedicar tiempo a formarlo. En esos casos, el alumno queda desatendido, realiza tareas auxiliares o pasa jornadas enteras sin actividad formativa.
En informática, este problema es especialmente evidente. Preparar tareas útiles para alumnado de SMR, DAM, DAW o ASIR requiere tiempo, entornos de trabajo, permisos, supervisión técnica y planificación. Si la empresa no dispone de esto, el alumno no aprende; simplemente ocupa un espacio.
4. La formación en empresa no puede sustituir a la formación en el centro
La empresa puede complementar la formación, pero no sustituir al centro educativo.
Los trabajadores de una empresa no son necesariamente docentes. Aunque puedan tener experiencia profesional, eso no garantiza que sepan enseñar, secuenciar contenidos, evaluar resultados de aprendizaje o atender a la diversidad del alumnado.
Delegar carga lectiva en empresas sin garantizar que existe una tutorización real y una actividad formativa adecuada es un riesgo para la calidad de la FP pública. La formación profesional no puede convertirse en una externalización encubierta de la enseñanza ni en una forma de trasladar al sector privado responsabilidades que corresponden al sistema educativo.
5. La burocracia se ha multiplicado
La gestión de la formación en empresa implica una enorme carga administrativa:
- búsqueda y contacto con empresas;
- reuniones;
- convenios;
- anexos;
- asignación de alumnado;
- planes de formación;
- seguimiento;
- registros en plataformas;
- control de documentación;
- comunicación con tutores de empresa;
- gestión de incidencias;
- control de altas y documentación relacionada con la Seguridad Social;
- evaluación y cierre de expedientes.
Esta carga se suma a la actividad docente ordinaria, a las tutorías, a la preparación de clases, a la evaluación, a la atención al alumnado y a la gestión habitual de los ciclos.
Las horas asignadas actualmente son insuficientes. No es razonable exigir una gestión cada vez más compleja sin una reducción horaria real y proporcional.
6. Existe una preocupante diferencia entre cumplimiento administrativo y calidad formativa
Se está exigiendo a los centros un cumplimiento administrativo estricto, especialmente en lo relativo a documentación, plazos, anexos y altas en Seguridad Social. Sin embargo, no se está aplicando el mismo nivel de exigencia a la calidad real de la formación en empresa.
Si un centro comete un error administrativo, la responsabilidad recae inmediatamente sobre el profesorado o el equipo directivo. Pero si una empresa no forma, no tutoriza, asigna tareas irrelevantes o evalúa aprendizajes inexistentes, en demasiadas ocasiones se considera que “si la empresa lo ve correcto, no pasa nada”.
Esta asimetría es inaceptable.
La formación en empresa debe estar al servicio del aprendizaje del alumnado, no de la generación de estadísticas sobre alumnado colocado en empresas, empresas colaboradoras o alumnado dado de alta en la Seguridad Social.
7. La cantidad no puede imponerse sobre la calidad
La Administración está presionando para que el mayor número posible de alumnos realice formación en empresa, incluso cuando no están preparados o cuando no existen empresas adecuadas.
Esto es un error. La prioridad no debe ser cuántos alumnos salen a empresa, sino qué aprenden, qué tareas realizan, quién los tutoriza, qué evidencias existen y si esa experiencia mejora realmente su formación.
Forzar la incorporación masiva de alumnado a empresas sin capacidad formativa suficiente puede convertir la FP Dual en un trámite administrativo vacío, perjudicando precisamente a quienes se dice querer beneficiar: los alumnos.
POR TODO LO ANTERIOR, SE SOLICITA
1. Que la formación en empresa se traslade preferentemente al segundo curso o que los centros puedan decidir su distribución
Solicitamos que los centros educativos, a través de sus equipos docentes, puedan decidir si el alumnado está preparado para realizar formación en empresa en primer curso.
En determinados ciclos y contextos, especialmente cuando el alumnado no dispone aún de base técnica suficiente, la formación en empresa debería concentrarse en segundo curso, donde puede tener mayor utilidad pedagógica.
2. Que no se obligue a enviar alumnado no preparado
El equipo docente debe poder valorar si un alumno reúne las condiciones mínimas para aprovechar una estancia en empresa. No puede imponerse la salida a empresa como un objetivo estadístico.
La empresa puede completar la formación, pero no sustituir la enseñanza técnica inicial cuando el alumno aún no tiene una base mínima.
3. Mayor implicación de la Administración en la búsqueda de empresas
La búsqueda de empresas no puede recaer casi exclusivamente sobre el profesorado.
Solicitamos una red pública, estable y actualizada de empresas colaboradoras, clasificadas por familias profesionales, ciclos, perfiles, tareas disponibles, plazas ofertadas y capacidad formativa real.
Asimismo, debe potenciarse de forma efectiva la figura del prospector o personal específico de intermediación con empresas, con funciones reales de captación, seguimiento y evaluación de la idoneidad de las entidades colaboradoras.
4. Creación de un sistema de homologación y control de calidad de empresas
No toda empresa debe poder acoger alumnado.
Solicitamos que las empresas sean evaluadas antes, durante y después de recibir estudiantes. Deben quedar fuera de futuras colaboraciones aquellas que:
- no asignen tutor real;
- no ofrezcan tareas técnicas relacionadas con el ciclo;
- utilicen al alumnado para tareas auxiliares;
- no realicen seguimiento;
- no aporten evidencias de aprendizaje;
- valoren positivamente resultados de aprendizaje no trabajados;
- manifiesten no tener tiempo para enseñar.
5. Que la evaluación de la empresa no sea aceptada automáticamente sin evidencias
La valoración de la empresa debe estar acompañada de evidencias objetivas: tareas realizadas, duración, herramientas utilizadas, supervisión, productos generados, incidencias resueltas, documentación elaborada o pruebas de desempeño.
No puede aceptarse una calificación máxima si el alumnado no ha realizado actividades vinculadas a los resultados de aprendizaje o si el equipo docente comprueba posteriormente que dichos aprendizajes no se han adquirido.
6. Que los resultados de aprendizaje no trabajados en empresa puedan recuperarse en el centro
El alumnado no debe ser penalizado por una mala actuación de la empresa.
Si una empresa no proporciona formación real, el alumno no debe perder el curso por ello. Los resultados de aprendizaje no trabajados deberían poder reforzarse y evaluarse en el centro educativo mediante actividades técnicas equivalentes.
7. Reducción drástica de los trámites burocráticos e informáticos
Solicitamos que la Consejería simplifique los procedimientos de gestión de la formación en empresa y proporcione herramientas unificadas, ágiles y funcionales.
Los docentes no somos administrativos. La burocracia no puede seguir creciendo a costa del tiempo de preparación de clases, atención al alumnado y evaluación.
8. Asignación suficiente de horas lectivas para la tutoría y coordinación de la formación en empresa
Solicitamos una dotación mínima de 5 horas lectivas semanales por ciclo y curso para la gestión, tutoría, seguimiento y coordinación de la formación en empresa, ampliable en función del número de alumnos, número de empresas, dispersión geográfica y complejidad del ciclo.
La carga de trabajo debe reconocerse de forma real, no simbólica.
9. Protección del alumnado y de la calidad de la FP pública
La formación profesional debe preparar al alumnado para el empleo, pero no puede convertirse en una simple estadística de alumnos enviados a empresas.
Solicitamos que la Consejería priorice la calidad de la formación sobre la cantidad de estancias. El objetivo no debe ser colocar alumnos en empresas a cualquier precio, sino garantizar que aprenden, que son tutorizados y que desarrollan competencias profesionales reales.
La FP Dual solo tiene sentido si mejora la formación del alumnado. Si la estancia en empresa no aporta aprendizaje técnico, no debe ser validada como éxito del sistema.

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El problema
EL PROBLEMA
Con esta recogida de firmas solicitamos que la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía reaccione ante la situación que se está generando en los centros educativos como consecuencia de la implantación de la nueva normativa de Formación Profesional y, en particular, de la generalización de la formación en empresa desde el primer curso.
La nueva organización de la FP está provocando una sobrecarga muy importante en el profesorado, especialmente en los tutores y equipos docentes de ciclos formativos, que deben asumir tareas de búsqueda de empresas, contacto, coordinación, seguimiento, gestión documental, control de altas en la Seguridad Social, elaboración de anexos, registro de datos y resolución de incidencias, todo ello con una dotación horaria claramente insuficiente.
A esta sobrecarga se suma un problema aún más grave: en muchos casos, la formación en empresa no está garantizando una mejora real en el aprendizaje del alumnado. La mera presencia del alumno en una empresa no implica que se estén trabajando los resultados de aprendizaje del ciclo ni que exista una tutorización efectiva.
Durante el curso 2025/2026, además del alumnado de segundo curso que tradicionalmente realizaba la FCT, se incorpora también alumnado de primer curso a la formación en empresa. Esto multiplica el número de alumnos que deben ser colocados en empresas, sin que exista un tejido empresarial suficiente ni una estructura administrativa adecuada para gestionar esta carga.
La teoría de la nueva normativa no se corresponde con la realidad de los centros, del alumnado ni de las empresas andaluzas por las siguientes razones:
1. La implantación actual perjudica al alumnado
El principal afectado por una implantación precipitada y poco realista de la FP Dual es el alumnado.
- Envío prematuro de alumnado no preparado
En primer curso, muchos alumnos aún no disponen de los conocimientos técnicos, la autonomía ni la madurez profesional necesaria para aprovechar una estancia en empresa. En especial en ciclos de informática, como SMR, DAM, DAW o ASIR, es imprescindible adquirir antes una base técnica suficiente en sistemas, redes, programación, montaje, seguridad, documentación o resolución de incidencias. Enviar alumnado demasiado pronto a empresas que no tienen capacidad real para formarlo puede suponer una pérdida de tiempo formativo. En lugar de consolidar competencias en el aula, el taller o el laboratorio, parte del alumnado acaba realizando tareas sin relación con el ciclo o permaneciendo largos periodos sin actividad técnica significativa. - Reducción del valor formativo del segundo curso
En segundo curso, el alumnado tiene una preparación mucho mayor y puede aprovechar mejor una estancia en empresa. Ya ha adquirido una base técnica suficiente y puede aplicar conocimientos en situaciones reales de trabajo. Reducir o fragmentar el tiempo de formación práctica en segundo curso para trasladar parte de esa estancia a primero puede empobrecer la experiencia formativa. La empresa suele preferir alumnado más preparado, con mayor autonomía y capaz de realizar tareas útiles y formativas durante un periodo más prolongado. - Estancias en empresa sin aprendizaje real
Se están detectando casos en los que el alumnado realiza tareas ajenas a su ciclo formativo, como ordenar almacenes, hacer fotocopias, barrer, mover material o permanecer sin tareas durante días. En otros casos, se les asigna una tarea técnica puntual que terminan en un día y después no reciben nuevas actividades ni seguimiento. Esto no puede considerarse formación profesional real. Una estancia en empresa solo tiene sentido si el alumno desarrolla actividades vinculadas a los resultados de aprendizaje del ciclo, con supervisión, corrección, seguimiento y evidencias. - Evaluaciones empresariales que no reflejan la realidad
También se están produciendo situaciones en las que la empresa valora positivamente o incluso con la máxima calificación resultados de aprendizaje que el alumnado afirma no haber trabajado. Posteriormente, cuando el equipo docente pide al alumno realizar en el centro tareas que supuestamente ha aprendido en la empresa, se comprueba que no sabe hacerlas o ni siquiera comprende de qué se le está hablando. Esto genera una situación muy grave: se certifican aprendizajes que no se han producido. La evaluación no puede basarse únicamente en una valoración formal de la empresa si no existen evidencias reales de desempeño.
2. Los docentes tienen serias dificultades para encontrar empresas suficientes y adecuadas
El profesorado de FP ya tenía una importante carga de trabajo en la búsqueda de empresas para la FCT de segundo curso. Con la incorporación del alumnado de primer curso, esta carga se multiplica.
En muchos ciclos, especialmente en determinadas familias profesionales y zonas, resulta extremadamente difícil encontrar empresas suficientes. El mercado ya estaba saturado con el alumnado de segundo curso y ahora se pretende incorporar también a los grupos de primero, que suelen ser más numerosos.
El tejido empresarial andaluz está compuesto mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas. Muchas de ellas no disponen de personal, tiempo, espacio, recursos ni estructura para tutorizar alumnado. Algunas empresas colaboradoras manifiestan directamente que no pueden dedicar tiempo a enseñar, porque sus trabajadores ya tienen su propia carga laboral.
La función del profesorado no puede convertirse en convencer, suplicar o presionar a empresas para que acepten alumnado. Los docentes no somos comerciales, gestores de recursos humanos ni empresas de trabajo temporal. Nuestra función principal es enseñar, orientar, evaluar y acompañar pedagógicamente al alumnado.
3. No todas las empresas tienen capacidad formativa
Una empresa no debe ser considerada automáticamente válida por el simple hecho de aceptar alumnado.
Para que una empresa pueda participar en la formación, debería garantizar al menos:
- un tutor real y disponible;
- tareas vinculadas a los resultados de aprendizaje del ciclo;
- un plan de actividades concreto;
- supervisión técnica;
- corrección de las tareas realizadas;
- evidencias del trabajo desarrollado;
- comunicación efectiva con el centro;
- condiciones adecuadas para que el alumno aprenda.
Sin embargo, en muchos casos esto no se cumple. Hay empresas que aceptan alumnado pero no pueden o no quieren dedicar tiempo a formarlo. En esos casos, el alumno queda desatendido, realiza tareas auxiliares o pasa jornadas enteras sin actividad formativa.
En informática, este problema es especialmente evidente. Preparar tareas útiles para alumnado de SMR, DAM, DAW o ASIR requiere tiempo, entornos de trabajo, permisos, supervisión técnica y planificación. Si la empresa no dispone de esto, el alumno no aprende; simplemente ocupa un espacio.
4. La formación en empresa no puede sustituir a la formación en el centro
La empresa puede complementar la formación, pero no sustituir al centro educativo.
Los trabajadores de una empresa no son necesariamente docentes. Aunque puedan tener experiencia profesional, eso no garantiza que sepan enseñar, secuenciar contenidos, evaluar resultados de aprendizaje o atender a la diversidad del alumnado.
Delegar carga lectiva en empresas sin garantizar que existe una tutorización real y una actividad formativa adecuada es un riesgo para la calidad de la FP pública. La formación profesional no puede convertirse en una externalización encubierta de la enseñanza ni en una forma de trasladar al sector privado responsabilidades que corresponden al sistema educativo.
5. La burocracia se ha multiplicado
La gestión de la formación en empresa implica una enorme carga administrativa:
- búsqueda y contacto con empresas;
- reuniones;
- convenios;
- anexos;
- asignación de alumnado;
- planes de formación;
- seguimiento;
- registros en plataformas;
- control de documentación;
- comunicación con tutores de empresa;
- gestión de incidencias;
- control de altas y documentación relacionada con la Seguridad Social;
- evaluación y cierre de expedientes.
Esta carga se suma a la actividad docente ordinaria, a las tutorías, a la preparación de clases, a la evaluación, a la atención al alumnado y a la gestión habitual de los ciclos.
Las horas asignadas actualmente son insuficientes. No es razonable exigir una gestión cada vez más compleja sin una reducción horaria real y proporcional.
6. Existe una preocupante diferencia entre cumplimiento administrativo y calidad formativa
Se está exigiendo a los centros un cumplimiento administrativo estricto, especialmente en lo relativo a documentación, plazos, anexos y altas en Seguridad Social. Sin embargo, no se está aplicando el mismo nivel de exigencia a la calidad real de la formación en empresa.
Si un centro comete un error administrativo, la responsabilidad recae inmediatamente sobre el profesorado o el equipo directivo. Pero si una empresa no forma, no tutoriza, asigna tareas irrelevantes o evalúa aprendizajes inexistentes, en demasiadas ocasiones se considera que “si la empresa lo ve correcto, no pasa nada”.
Esta asimetría es inaceptable.
La formación en empresa debe estar al servicio del aprendizaje del alumnado, no de la generación de estadísticas sobre alumnado colocado en empresas, empresas colaboradoras o alumnado dado de alta en la Seguridad Social.
7. La cantidad no puede imponerse sobre la calidad
La Administración está presionando para que el mayor número posible de alumnos realice formación en empresa, incluso cuando no están preparados o cuando no existen empresas adecuadas.
Esto es un error. La prioridad no debe ser cuántos alumnos salen a empresa, sino qué aprenden, qué tareas realizan, quién los tutoriza, qué evidencias existen y si esa experiencia mejora realmente su formación.
Forzar la incorporación masiva de alumnado a empresas sin capacidad formativa suficiente puede convertir la FP Dual en un trámite administrativo vacío, perjudicando precisamente a quienes se dice querer beneficiar: los alumnos.
POR TODO LO ANTERIOR, SE SOLICITA
1. Que la formación en empresa se traslade preferentemente al segundo curso o que los centros puedan decidir su distribución
Solicitamos que los centros educativos, a través de sus equipos docentes, puedan decidir si el alumnado está preparado para realizar formación en empresa en primer curso.
En determinados ciclos y contextos, especialmente cuando el alumnado no dispone aún de base técnica suficiente, la formación en empresa debería concentrarse en segundo curso, donde puede tener mayor utilidad pedagógica.
2. Que no se obligue a enviar alumnado no preparado
El equipo docente debe poder valorar si un alumno reúne las condiciones mínimas para aprovechar una estancia en empresa. No puede imponerse la salida a empresa como un objetivo estadístico.
La empresa puede completar la formación, pero no sustituir la enseñanza técnica inicial cuando el alumno aún no tiene una base mínima.
3. Mayor implicación de la Administración en la búsqueda de empresas
La búsqueda de empresas no puede recaer casi exclusivamente sobre el profesorado.
Solicitamos una red pública, estable y actualizada de empresas colaboradoras, clasificadas por familias profesionales, ciclos, perfiles, tareas disponibles, plazas ofertadas y capacidad formativa real.
Asimismo, debe potenciarse de forma efectiva la figura del prospector o personal específico de intermediación con empresas, con funciones reales de captación, seguimiento y evaluación de la idoneidad de las entidades colaboradoras.
4. Creación de un sistema de homologación y control de calidad de empresas
No toda empresa debe poder acoger alumnado.
Solicitamos que las empresas sean evaluadas antes, durante y después de recibir estudiantes. Deben quedar fuera de futuras colaboraciones aquellas que:
- no asignen tutor real;
- no ofrezcan tareas técnicas relacionadas con el ciclo;
- utilicen al alumnado para tareas auxiliares;
- no realicen seguimiento;
- no aporten evidencias de aprendizaje;
- valoren positivamente resultados de aprendizaje no trabajados;
- manifiesten no tener tiempo para enseñar.
5. Que la evaluación de la empresa no sea aceptada automáticamente sin evidencias
La valoración de la empresa debe estar acompañada de evidencias objetivas: tareas realizadas, duración, herramientas utilizadas, supervisión, productos generados, incidencias resueltas, documentación elaborada o pruebas de desempeño.
No puede aceptarse una calificación máxima si el alumnado no ha realizado actividades vinculadas a los resultados de aprendizaje o si el equipo docente comprueba posteriormente que dichos aprendizajes no se han adquirido.
6. Que los resultados de aprendizaje no trabajados en empresa puedan recuperarse en el centro
El alumnado no debe ser penalizado por una mala actuación de la empresa.
Si una empresa no proporciona formación real, el alumno no debe perder el curso por ello. Los resultados de aprendizaje no trabajados deberían poder reforzarse y evaluarse en el centro educativo mediante actividades técnicas equivalentes.
7. Reducción drástica de los trámites burocráticos e informáticos
Solicitamos que la Consejería simplifique los procedimientos de gestión de la formación en empresa y proporcione herramientas unificadas, ágiles y funcionales.
Los docentes no somos administrativos. La burocracia no puede seguir creciendo a costa del tiempo de preparación de clases, atención al alumnado y evaluación.
8. Asignación suficiente de horas lectivas para la tutoría y coordinación de la formación en empresa
Solicitamos una dotación mínima de 5 horas lectivas semanales por ciclo y curso para la gestión, tutoría, seguimiento y coordinación de la formación en empresa, ampliable en función del número de alumnos, número de empresas, dispersión geográfica y complejidad del ciclo.
La carga de trabajo debe reconocerse de forma real, no simbólica.
9. Protección del alumnado y de la calidad de la FP pública
La formación profesional debe preparar al alumnado para el empleo, pero no puede convertirse en una simple estadística de alumnos enviados a empresas.
Solicitamos que la Consejería priorice la calidad de la formación sobre la cantidad de estancias. El objetivo no debe ser colocar alumnos en empresas a cualquier precio, sino garantizar que aprenden, que son tutorizados y que desarrollan competencias profesionales reales.
La FP Dual solo tiene sentido si mejora la formación del alumnado. Si la estancia en empresa no aporta aprendizaje técnico, no debe ser validada como éxito del sistema.

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Petición creada en 10 de junio de 2026