Implementación de protocolos por pérdidas gestacionales, salud de calidad

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En el año 2008 acudí al Hospital General Regional 196 del Instituto Mexicano del Seguro Social para atenderme por un aborto involuntario consecuente a un embarazo anembrionico. Mientras estuve internada, tanto médicos como enfermeras me juzgaron pensando que yo había abortado por decisión propia, comenzaron a referirse a mi persona como " el aborto". Cuando leían mi expediente y pronunciaban las palabras "embarazo anembrionico" yo comenzaba a llorar, entonces cambiaban su actitud; me daban palmadas en el hombro y decían que "ya podría yo intentar nuevamente el siguiente año", que no llorara "porque asustaba a las otras pacientes."

No tomaron en cuenta que, para mí, perder un embarazo es lo mismo que perder un bebé, y que mi afectación emocional debía atenderse. Al final no se me ofreció la atención psicológica que necesitaba. Derivado de esto sufrí depresión, alteraciones del sueño, ideas hipocondríacas, pensamientos suicidas, y otros síntomas que, con el paso del tiempo, me llevaron a tomar terapia psicológica por mi cuenta y haciendo uso de mis propios recursos por un acumulado de más de tres años y medio al día de hoy.

En 2015, en la UMAE HGO 3 del CMN La Raza, también perteneciente al IMSS, perdí mi segundo embarazo debido a una colestasia intra hepática, hidropesía fetal, además de que presenté varios síntomas de Síndrome de Hellp, sin que este último se pudiera aseverar de manera definitiva.

No nos explicaron, a mi pareja y a mí, nada acerca de los consentimientos, solo nos hicieron firmarlos mientras estábamos en estado de shock pues nos acababan de decir que nuestra hija presentaba "características incompatibles con la vida", que moriría "en el útero o al momento del parto", y que "si acaso llegaba a sobrevivir, no sería por mucho tiempo." Nunca se aseguraron que hubiésemos entendido la información o lo que estábamos firmando.

Uno de los médicos que me atendían solicitó inter consulta a la especialidad de Tanatología pero nadie se presentó. Luego, durante mi trabajo de parto, me hicieron la maniobra de Hamilton, la de Kristeler, y una episiotomía, para las cuales en ningún momento me explicaron lo que estaban haciendo ni por qué motivo eran necesarias.

Cuando mi hija nació, un especialista se la llevó, asumo que para tratar de salvarla. Tan pronto como me llevaron de regreso a la habitación comencé a pedir que me permitieran ver a mi bebé pero las enfermeras solo decían que lo "iban a ver con el doctor." Al final no me permitieron ver a mi hija ni me dieron información de su estado o de los procedimientos que realizaron para salvar su vida. Una vez más no se me ofreció el apoyo psicológico y emocional necesario.

Por ello es que exijo, desde un enfoque de género así como social, la rectificación de los procedimientos asistenciales; la mejora en la calidad de la atención, no solo para los pacientes sino también para el personal  hospitalario; a través de la creación de una mesa de trabajo en donde se analicen, debatan, propongan y ESTABLEZCAN acciones encaminadas a la erradicación de la VIOLENCIA OBSTÉTRICA, la prevención y adecuada atención de TODAS LAS PÉRDIDAS GESTACIONALES, PERINATALES Y DE LA PRIMERA INFANCIA, el fomento a la EQUIDAD DE GÉNERO, y la MEJORA A LAS CONDICIONES DE TRABAJO de todos los profesionales de la salud en nuestro país.

Encontrarán más información en la carta que se envía a los tomadores de decisión.

Esta petición fue actualizada el 5 de septiembre de 2016.



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