" Exigimos justicia: Abusos de la UdeC contra estudiante con discapacidad"


" Exigimos justicia: Abusos de la UdeC contra estudiante con discapacidad"
La causa
Soy estudiante de último año en la carrera de Obstetricia y Puericultura en la Universidad de Concepción. Ingresé en sexto lugar por la vía regular, gracias a mis notas y puntajes. Ya soy licenciada, realicé 9 asignaturas extracurriculares, lo que me ayudó a llegar mejor preparada a mi internado. A lo largo de mi formación he enfrentado una profunda vulneración de derechos por mi condición de discapacidad visual. Comparto mi historia porque creo necesario visibilizar la falta de inclusión, empatía y respeto que aún persiste en nuestras instituciones educativas, así como las consecuencias emocionales y académicas que eso provoca. (Adjunto link con una entrevista que me realizaron por si te acomoda más escuchar que leer https://www.youtube.com/watch?v=bWV3RwCLVQI&feature=youtu.be )
Todo comenzó en el año 2017, cuando solicité formalmente a mi jefatura de carrera la implementación de medidas de inclusión que me permitieran estudiar en igualdad de condiciones. Desde mi primera práctica clínica viví situaciones de discriminación y maltrato por algunos docentes. Llegué a deprimirme profundamente, hasta que decidí acudir a un psicólogo. Posteriormente obtuve mi credencial de discapacidad visual y psíquica, los malos tratos afectaron mi salud mental, lo que determinó un 40% de discapacidad por COMPIN, pero aun así la universidad nunca implementó los ajustes razonables prometidos.
Durante 7 años continué mi carrera sin recibir apoyo real (dentro de esos 7 años se incluyen 2 años de atraso en la carrera por falta de campos clínicos en la universidad y 2 años a causa de la completa exclusión que hoy en día se mantiene). En lugar de buscar soluciones durante mi formación, algunos docentes me hicieron sentir culpable, como si tener discapacidad fuera un error o un castigo.
Entre enero y marzo de 2024 viví uno de los periodos más difíciles, cuando comenzaron episodios de acoso y discriminación más evidentes durante el último fragmento de internado clínico. Me excluían de las actividades, me dejaban sola en el box y me hacían sentir que mi presencia molestaba. Mi psicóloga, Beatriz Schell, envió un informe recomendando ajustes razonables, considerando mi diagnóstico de trastorno mixto ansioso depresivo, sin embargo, la universidad no aplicó ninguna medida. Incluso fui coaccionada por una supervisora para firmar documentos mientras me encontraba en un momento de vulnerabilidad.
En otra unidad, el jefe me recibió con burlas sobre mi condición. Ese tipo de actitudes me humillaron profundamente. Mis evaluaciones académicas también reflejaron prejuicios, con comentarios fuera de lugar que reforzaban estereotipos sobre las personas con discapacidad. A pesar de haber tenido buenas calificaciones —como un 6,6 en la mitad de mi internado—, la universidad decidió reprobarme, sin respetar su propio reglamento y dejándome con baja académica. No permiten mi reincorporación aplicando una atención a la diversidad.
Todo esto me afecto gravemente, lo que aumentó mi porcentaje de discapacidad al 60%, diagnosticándose un trastorno de estrés postraumático debido a las constantes vulneraciones que he vivido. Mi madre, quien también vive con discapacidad, ha sido mi mayor apoyo, al igual que mi pareja, quien no se ha alejado en los momentos más difíciles. Esta situación me afecta profundamente y también impacta a toda la comunidad, porque representa un problema social importante. Para que una persona en situación de discapacidad sea discriminada, deben existir muchos errores en el entorno. No es culpa de quien sufre la discriminación, porque todos somos igualmente capaces. A pesar de todo, sigo de pie. Lucho día a día por justicia, no solo por mí, sino por todas las personas que han sido víctimas del abuso de poder y la exclusión dentro de las universidades chilenas, tanto públicas como privadas. Mi historia es un llamado urgente a la reflexión y a la acción: necesitamos construir una sociedad y un sistema educativo verdaderamente inclusivo, donde nadie sea invisibilizado por su condición o sus diferencias.
La inclusión, en cambio, es un proceso mediante el cual la sociedad integra a las personas en situación de discapacidad en un todo, sin diferencias y en igualdad de condiciones. La discriminación, por el contrario, genera caos y deja en evidencia las falencias que existen en todo un sistema. Somos seres sociales; inevitablemente influimos en los otros, y en esencia, todos somos uno. Mi propio caso, como estudiante de Obstetricia y Puericultura en la Universidad de Concepción, haber sido excluida durante todos estos años, es el reflejo vivo de una sociedad que aún necesita crecer. Se deben tomar medidas y actuar ahora para que todas las personas con discapacidad tengan igualdad de oportunidades. Necesitamos un país capaz de apoyar en todas las esferas a las personas con discapacidad, no sólo apoyo familiar, sino también educativo y laboral.
Nuestras vidas están en riesgo. “El día de mañana la víctima de discriminación puedes ser tú o algún cercano” y no quisieras verlo sufrir. Por favor apoya esta petición firmando y compartiendo el link para que mi voz sea escuchada y se haga justicia, no es posible que la Universidad de Concepción normalice este tipo de vulneraciones a sus alumnos y alumnas en condición de discapacidad.

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La causa
Soy estudiante de último año en la carrera de Obstetricia y Puericultura en la Universidad de Concepción. Ingresé en sexto lugar por la vía regular, gracias a mis notas y puntajes. Ya soy licenciada, realicé 9 asignaturas extracurriculares, lo que me ayudó a llegar mejor preparada a mi internado. A lo largo de mi formación he enfrentado una profunda vulneración de derechos por mi condición de discapacidad visual. Comparto mi historia porque creo necesario visibilizar la falta de inclusión, empatía y respeto que aún persiste en nuestras instituciones educativas, así como las consecuencias emocionales y académicas que eso provoca. (Adjunto link con una entrevista que me realizaron por si te acomoda más escuchar que leer https://www.youtube.com/watch?v=bWV3RwCLVQI&feature=youtu.be )
Todo comenzó en el año 2017, cuando solicité formalmente a mi jefatura de carrera la implementación de medidas de inclusión que me permitieran estudiar en igualdad de condiciones. Desde mi primera práctica clínica viví situaciones de discriminación y maltrato por algunos docentes. Llegué a deprimirme profundamente, hasta que decidí acudir a un psicólogo. Posteriormente obtuve mi credencial de discapacidad visual y psíquica, los malos tratos afectaron mi salud mental, lo que determinó un 40% de discapacidad por COMPIN, pero aun así la universidad nunca implementó los ajustes razonables prometidos.
Durante 7 años continué mi carrera sin recibir apoyo real (dentro de esos 7 años se incluyen 2 años de atraso en la carrera por falta de campos clínicos en la universidad y 2 años a causa de la completa exclusión que hoy en día se mantiene). En lugar de buscar soluciones durante mi formación, algunos docentes me hicieron sentir culpable, como si tener discapacidad fuera un error o un castigo.
Entre enero y marzo de 2024 viví uno de los periodos más difíciles, cuando comenzaron episodios de acoso y discriminación más evidentes durante el último fragmento de internado clínico. Me excluían de las actividades, me dejaban sola en el box y me hacían sentir que mi presencia molestaba. Mi psicóloga, Beatriz Schell, envió un informe recomendando ajustes razonables, considerando mi diagnóstico de trastorno mixto ansioso depresivo, sin embargo, la universidad no aplicó ninguna medida. Incluso fui coaccionada por una supervisora para firmar documentos mientras me encontraba en un momento de vulnerabilidad.
En otra unidad, el jefe me recibió con burlas sobre mi condición. Ese tipo de actitudes me humillaron profundamente. Mis evaluaciones académicas también reflejaron prejuicios, con comentarios fuera de lugar que reforzaban estereotipos sobre las personas con discapacidad. A pesar de haber tenido buenas calificaciones —como un 6,6 en la mitad de mi internado—, la universidad decidió reprobarme, sin respetar su propio reglamento y dejándome con baja académica. No permiten mi reincorporación aplicando una atención a la diversidad.
Todo esto me afecto gravemente, lo que aumentó mi porcentaje de discapacidad al 60%, diagnosticándose un trastorno de estrés postraumático debido a las constantes vulneraciones que he vivido. Mi madre, quien también vive con discapacidad, ha sido mi mayor apoyo, al igual que mi pareja, quien no se ha alejado en los momentos más difíciles. Esta situación me afecta profundamente y también impacta a toda la comunidad, porque representa un problema social importante. Para que una persona en situación de discapacidad sea discriminada, deben existir muchos errores en el entorno. No es culpa de quien sufre la discriminación, porque todos somos igualmente capaces. A pesar de todo, sigo de pie. Lucho día a día por justicia, no solo por mí, sino por todas las personas que han sido víctimas del abuso de poder y la exclusión dentro de las universidades chilenas, tanto públicas como privadas. Mi historia es un llamado urgente a la reflexión y a la acción: necesitamos construir una sociedad y un sistema educativo verdaderamente inclusivo, donde nadie sea invisibilizado por su condición o sus diferencias.
La inclusión, en cambio, es un proceso mediante el cual la sociedad integra a las personas en situación de discapacidad en un todo, sin diferencias y en igualdad de condiciones. La discriminación, por el contrario, genera caos y deja en evidencia las falencias que existen en todo un sistema. Somos seres sociales; inevitablemente influimos en los otros, y en esencia, todos somos uno. Mi propio caso, como estudiante de Obstetricia y Puericultura en la Universidad de Concepción, haber sido excluida durante todos estos años, es el reflejo vivo de una sociedad que aún necesita crecer. Se deben tomar medidas y actuar ahora para que todas las personas con discapacidad tengan igualdad de oportunidades. Necesitamos un país capaz de apoyar en todas las esferas a las personas con discapacidad, no sólo apoyo familiar, sino también educativo y laboral.
Nuestras vidas están en riesgo. “El día de mañana la víctima de discriminación puedes ser tú o algún cercano” y no quisieras verlo sufrir. Por favor apoya esta petición firmando y compartiendo el link para que mi voz sea escuchada y se haga justicia, no es posible que la Universidad de Concepción normalice este tipo de vulneraciones a sus alumnos y alumnas en condición de discapacidad.

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Petición creada en 21 de octubre de 2025