Basta de regateo. Por un salario mínimo global.

0 personas han firmado. ¡Ayuda a conseguir 75.000!


EN / DE / FR / IT / PT

Aún hoy, más de mil millones de personas en el mundo cobran menos de un dólar por hora. Sin embargo, nos encontramos a las puertas de una transformación histórica. Es el momento de establecer por fin un salario mínimo global. Basta con dar un sencillo paso adelante. ¿De qué se trata? ¿Qué podemos hacer?

Con esta campaña en Change.org y con nuestro libro “La revolución de 1 dólar” (título original en alemán: “Die 1 Dollar-Revolution”) promovemos desde hace dos años y medio la adopción de un umbral de remuneración para todo el mundo, un salario mínimo global de al menos 1 dólar por hora. Las trabajadoras de los sectores peores pagados de la industria textil en Bangladesh recibían un salario mínimo de alrededor de 30 céntimos de dólar, y con frecuencia ni eso. Sin embargo, estas trabajadoras han obrado el milagro: en solo dos años y medio, su salario mínimo casi se ha cuadruplicado, pasando de 30 a 110 céntimos de dólar, es decir 1,10 dólares. Esto demuestra que no se sostiene el argumento de que establecer un salario mínimo global de un dólar sea algo utópico y carente de realismo. Hoy nos encontramos en una encrucijada: o bien continuamos con la carrera global del dumping salarial y luchando caso por caso, o bien apostamos por una ruptura histórica estableciendo un salario mínimo regulado para todo el mundo y alejado de la lógica de la competición económica.


El conjuro ya se ha roto, no es ninguna utopía: es posible un salario mínimo legalmente garantizado. Al mismo tiempo, cabe recordar las prolongadas manifestaciones y bloqueos de carreteras de las trabajadoras del textil en Bangladesh, que revelaron el completo hastío ante una situación de mano de obra prácticamente esclava y abrieron el camino a la lucha laboral en un momento en que nosotros ya no sabíamos ofrecer perspectivas más claras y mejores.

Por lo tanto, surge una pregunta ineludible: ¿solo podemos alcanzar mediante la lucha esta legítima aspiración de un salario mínimo digno y universal? ¿O nos detenemos un momento a pensar rutas más ingeniosas hacia ese objetivo? Por otro lado, está la cuestión de qué posibles consecuencias adversas tendría sobre nuestra condición de consumidores, la aplicación de un salario mínimo global para los trabajadores que hoy se encuentran en condiciones de esclavitud. Se responde con otra sencilla pregunta: ¿alguien ha percibido el alza salarial en el textil procedente de Bangladesh? No lo percibimos, ya que los salarios, incluso aplicando un mínimo salarial, son solo una pequeña fracción de los costes totales desde la fabricación hasta el transporte a nuestros países. Con un salario mínimo justo en todo el mundo y con la reducción de la pobreza que implicaría, acabaríamos con una de las principales causas de desplazamiento de refugiados, de destrucción medioambiental, de guerras y de la aparición de extremismos.

La ONU, la Organización Internacional del Trabajo –ILO-, la UE y los gobiernos y empresas deben convencerse de tomar la iniciativa para hallar una solución sencilla e incomparablemente más eficaz: la implementación de un salario mínimo global, alejado de la lógica de la competición económica y que sea vinculante para todo el mundo. Esto afectaría a todas las empresas por igual, de manera que ninguna de ellas sufriría la pérdida de ventajas competitivas.

La ONU podría y debería declarar un salario mínimo en todo el mundo como un derecho humano inalienable.

La ILO debería establecer de modo vinculante en todo el mundo la adopción de un salario mínimo de 1 dólar por hora o más como umbral mínimo de remuneración.

La Unión Europea podría y debería promulgar una normativa europea en la que a partir de una fecha determinada, solo se puedan importar productos en cuya producción se remuneren salarios por encima de un umbral mínimo global de 1 dólar por hora. Actualmente, la Unión Europea ya ha promulgado varias normativas en materia de salud y medio ambiente cuyos requisitos deben cumplir aquellos productos que son importados o comercializados en Europa. Las empresas que trabajan en un ámbito internacional se adaptan a dichas normativas, ya que no pueden permitirse el lujo de prescindir del mercado europeo. En nuestro libro “La revolución de 1 dólar” describimos mecanismos para su establecimiento y gestión. Además, describimos también de manera extensa las inmensas ventajas que nos aporta a todos una solución alejada de las lógicas de la competición mercantil.

Esta es, con diferencia, la forma más rápida, efectiva y realista de establecer el derecho humano a un salario mínimo global y a fijar umbrales mínimos de remuneración en todo el mundo. La inhumana competición por regatear los salarios más bajos acabaría al fin. Por encima de este salario mínimo, la soberanía a la hora de realizar negociaciones colectivas sería idéntica a la que encontramos en nuestros países.

Por lo tanto, apoya esta petición para un salario mínimo global como requisito mínimo en el marco de los derechos humanos y como medida efectiva para que una remuneración mínima asegure al 100 por ciento de las personas afectadas el cobro del 100 por ciento del dinero que merecen. Esta petición también sirve de prueba: ¿seremos capaces de realizar las correcciones necesarias en la economía y sociedad globales a una gran escala? Se trata de una prueba también para nuestra iniciativa puesta en marcha recientemente “Economy to Weconomy”, de una economía que conculca los derechos humanos de miles de millones de personas a una economía más humana basada en la solidaridad global, que es a lo que nos referimos como Weconomy.

(Ver: www.economy2weconomy.net)