Petición Cerrada

Conservemos Vicuña Mackenna 20

Esta petición conseguió 1,582 firmas


Sr. Ennio Vivaldi

Rector de la Universidad de Chile

Presente,

Como ex alumnos, académicos, funcionarios y profesores de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile nos dirigimos a Ud. Con mucha nostalgia, debido a que nos hemos enterado por la prensa en el artículo “U. de Chile crea centro cultural para Orquesta Sinfónica, Ballet y Coro” de Rodrigo González M., publicado en el diario “La Tercera”, el 18 de Junio de 2014, que el antiguo edificio de nuestra facultad tiene los días contados.

De acuerdo al citado artículo, el consejo universitario “aprobó la construcción de Vicuña Mackenna #20” para construir un centro cultural para la orquesta sinfónica, ballet y coro de la Universidad de Chile.

Con todo el respeto que merece esta noble iniciativa en pos de fomentar la cultura y el arte, creemos que la selección del lugar para instalar el proyecto, en reemplazo del antiguo edificio de la Facultad, busca construir nuevo patrimonio destruyendo un patrimonio existente, lo que implica un perjuicio que quizás nunca se pueda reparar. En el artículo se publica una foto del nuevo proyecto y sólo se habla de los costos monetarios, sin decir nada del actual y centenario ocupante del sitio escogido. Sin embargo, para nosotros el valor de estas instalaciones es inestimable, pues esta casona no solo es parte del patrimonio arquitectónico, cultural, histórico y científico de la Universidad y de la sociedad chilena, sino que es parte de nuestra propia historia de vida y de formación. La historia de nuestras aspiraciones, del esfuerzo y superación de decenas de generaciones de científicos que allí desarrollaron sus proyectos, sus ilusiones y su vida. Desde de los inicios de su funcionamiento como Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, pasaron por esas instalaciones muchas generaciones de estudiantes, académicos e investigadores destacados como el Dr. Hermann Schmidt-Hebbel, Osvaldo Cori, Luis Cerutti,César Leighton, los hermanos Mario y Jaime Sapag, entre muchos otros; incluyendo a los siguientes galardonados con el Premio Nacional de Ciencias: Ramón Latorre (Ciencias Naturales, 2002), Dr Pablo Valenzuela (Ciencias Aplicadadas y Tecnológicas, 2002), María Cecilia Hidalgo Tapia (Ciencias Naturales, 2006) y Jorge Allende (Ciencias Naturales, 1992), quienes se formaron en esta facultad y trabajaron por el desarrollo científico, farmacéutico, bromatológico, químico y bioquímico de Chile.

Quisiéramos en esta carta hacer presente y recordarle brevemente la trayectoria de este edificio, partiendo por su adjudicación por parte de la Universidad de Chile. Desde principios del siglo pasado, la Escuela de Química y Farmacia funcionaba en dependencias de la Facultad de Medicina, en un edificio propio que, lamentablemente, fue destruido por un incendio el año 1919. Hacia 1923, los profesores seguían dictando cátedra en distintos lugares, como el Instituto de Higiene y la Escuela de Medicina. De acuerdo a la reseña histórica publicada por el Colegio Químico Farmacéutico y Bioquímico de Chile: “En 1925, el entonces director de la escuela de Química y Farmacia, Armando Soto Parada, había gestionado comprar y adaptar como sede de la escuela una casona solariega ubicada en Vicuña Mackenna #20. En el entonces, a las afueras de Santiago. Justo sería, por tanto suponer que esta importante decisión fue tomada sobre el hecho que la escuela de Química y Farmacia funcionaba ya desde 1911 como una entidad independiente” (Historia de la Farmacia en Chile. Eduardo Guzmán Riveros Santiago, 2008). Esta casa vino a ser la consolidación de un proyecto de Facultad, tras los años de peregrinaje, que se concretaría en una entidad autónoma el año 1945. No sería la última vez que el edificio de Vicuña Mackenna acogiera a los estudiantes y académicos afectados por la catástrofe. Fresco en la memoria de muchos de los firmantes de esta carta está el incendio del Edificio Luis Cerutti, en 1992, que dejó nuevamente a la antigua casa como sede principal de la Facultad.

Desde su bautizo como Escuela de Química y Farmacia, el edificio comenzó una transformación impresionante. Sin alterar su fachada y jardín, sus habitaciones interiores se reorganizaron, dividieron y multiplicaron, como las células de un embrión en desarrollo, para dar cabida a laboratorios de farmacología, análisis químico y de alimentos, bioquímica, y microbiología, etc. Los techos altos y lucernas se adaptaron admirablemente a este nuevo uso, repartiendo prodigamente la luz entre los enormes e intrincados instrumentales de purificación, hornos, incubadoras y microscopios. Espaciosos mesones de madera barnizada antigua y cubiertas azulejadas, se dotaron de gas, agua y electricidad, e interminables anaqueles en las paredes albergaron colecciones de especímenes de botánica, reactivos químicos, aceites, minerales e instrumentos. Se construyeron dos anfiteatros principales con mobiliario diseñado especialmente, y fabricado completamente en madera. Un gran pasillo central se transformó en un museo de la historia de la Química y Farmacia, gracias a una estupenda colección de imágenes en exhibición permanente, y los visitantes y estudiantes que por allí transitamos apenas pudimos imaginar que este edificio fuera alguna vez otra cosa que una Facultad de Ciencias Químicas. Un testimonio viviente de historia de la Ciencia en nuestro país. Esta es la Facultad que conocimos al ingresar como estudiantes a la Universidad de Chile, y la misma Facultad que nos despidió al recibir nuestro  título.

A pesar de que el edifico dejó ya hace un par de años de cumplir labores para la Facultad, creímos que un propósito digno y concordante con sus méritos aguardaba a la antigua construcción que fue una vez nuestra casa. Que, sino ya como sede de laboratorios, sería un lugar destinado a la enseñanza, que pudiera cumplir funciones como biblioteca y/o una sede administrativa. Incluso algunos llegamos a pensar que podría albergar un Museo de la Investigación Científica en Chile, una actividad tradicionalmente liderada por nuestra Universidad, y aún demasiado poco valorada a nivel nacional. Sea cual sea el futuro que quisieran darle las autoridades universitarias, como sus actuales propietarios, consideramos lamentable que esta casona, que no pudo ser destruida por al menos dos terremotos, sí sea destruida debido a nuestra incapacidad de actuar para protegerla, y por la falta de visión para encontrar un mejor espacio para el Centro Cutural de la Orquesta Sinfónica. Creemos que no sería difícil encontrar un emplazamiento más adecuado para el mencionado Centro, y ciertamente que cualquiera de las comunas de Santiago que albergan Facultades y Centros de la Universidad de Chile recibiría gratamente una instalación cultural de semejante envergadura, como un compromiso con la descentralización y el fomento de la cultura de nuestra propia ciudad. Pensamos finalmente que, en aras de la conservación patrimonial del casco histórico de Santiago y sus calles adyacentes, el respeto y conservación de esta construcción de tremenda belleza arquitectónica sería un gesto de enorme trascendencia de parte de la primera y más antigua Universidad del país, que marcaría la pauta de acciones futuras, tan anheladas por muchos santiaguinos, para preservar la riqueza histórica de la ciudad. Después de todo, si la propia Universidad no valora el patrimonio que ha tenido en aproximadamente dos tercios de su historia, ¿Quién lo hará?

Nos despedimos, estimado Señor Rector, esperando su consideración y acogida a nuestras humildes palabras, y recordándole que los ojos de futuras generaciones juzgarán las decisiones que tomen las autoridades hoy en día, y nos harán responsables por nuestra defensa del que también es su patrimonio por derecho,

 

Le saludan atentamente, los alumnos, ex alumnos, académicos, funcionarios y profesores que firman a continuación,



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