Ciertos feminismos también matan

Ciertos feminismos también matan

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Xoán Pérez ha iniciado esta petición dirigida a El gobierno de España

Cuando muy joven e ingenuo, participaba en manifestaciones feministas y creía en la buena voluntad de quien defendía la causa feminista. Con los años comprobé que algunas organizaciones feministas tenían como único argumento el odio hacia los hombres, y seguramente la frustración personal de algunas de sus militantes. En alguna ocasión sufrí amenazas de mujeres que se creían impunes si ejercían la violencia psicológica. Últimamente comprobé con pena, la deriva radical de cada vez más feministas, auspiciadas por los poderes públicos a veces, que no distinguen entre la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres y la defensa de intereses privados, espurios e ilegítimos. Hace poco se publicó en la prensa que un juzgado condenó a una mujer por secuestrar a un hijo suyo y separarlo durante meses de su padre, acusando a este de maltratador; y a pesar de tener razón el padre y de ser una acusación falsa, algún partido que se considera progresista, no dudó en defender a esa mujer condenada y ponerse en contra del padre sin pruebas de ningún tipo. No es un caso aislado. Cada vez mas se producen tratos de favor hacia las mujeres, y se condena públicamente a hombres en los medios de comunicación en una suerte de tribunal de la inquisición feminista, sin derecho a defenderse.

En el 2016, en un artículo, Cathy Young, periodista y escritora rusa estadounidense, decía que "gran parte de la retórica feminista actual ha cruzado la línea que separa las críticas al sexismo de las críticas a hombres, y se centra en el comportamiento personal". Naturalmente si este tipo de acusaciones se hicieran a las mujeres, se tacharían de misóginas. Señala Cathy Young "la obsesión con que los hombres se comportan mal más bien desvía la atención de problemas más importantes, como los cambios necesarios en el lugar de trabajo para facilitar el equilibrio entre la vida laboral y la personal", además de la hostilidad que esto provoca.

Explica la autora que hasta los años setenta las quejas de las mujeres estaban dirigidas a las instituciones, no a los individuos. Los hombres no eran los malvados, sino unas víctimas más de las presiones sociales y las expectativas de sus mujeres, cuyo sustento e identidad dependían de ellos. Con el ascenso del feminismo radical, que considera que la civilización occidental es un patriarcado, y su eslogan "lo personal es político" todo cambió. El feminismo se convirtió en misandria, y este odio a los hombres está llegando a metas inquietantes.

Como dice Cathy Young: "Las cosas han llegado a un punto en el que los ataques superficiales a los hombres son un murmullo constante en los medios digitales más modernos y progresistas". Se tergiversan estudios y se publican estereotipos lamentables como que "los hombres son repulsivos", mientras, como dice la autora: "Los hombres se la cargan por emitir la más mínima opinión negativa sobre algo relacionado con el feminismo".

Y mientras se preconiza el "fin de los hombres" -o al menos de la virilidad tradicional- los hombres tienen sus propios problemas. Explica Cathy Young que en EEUU los oficios manuales, que eran predominantemente masculinos, están en declive, y el 60% de los títulos universitarios los obtienen las mujeres. Como dice la autora: "Ridiculizar y criticar a los hombres no es la forma de mostrar que la revolución feminista es una lucha por la igualdad y que queremos contar con ellos"

Y añade: "La escritora Jessica Valenti y otras afirman que odiar a los hombres no puede ser perjudicial porque ellos siguen teniendo el poder y los privilegios. Casi nadie niega la realidad histórica de la dominación masculina. Pero hoy, cuando un hombre puede perder el trabajo por una metedura de pata sexista y ser expulsado de la universidad por una acusación de conducta sexual indebida, decir eso implica estrechez de miras. Todo el mundo critica los insultos sexistas contra las mujeres en la red, pero hay poca comprensión cuando se difama a un hombre". 

Además: "Ignorar las falsas acusaciones de violación no es una forma de demostrar que la liberación de la mujer no viola los derechos civiles del hombre. Y decir a los varones que su papel en la lucha por la igualdad de sexos se reduce a escuchar a las mujeres y soportar con paciencia los ataques contra ellos no es la mejor forma de sumarlos a la causa"

Recientemente cien intelectuales y artistas en Francia publicaron un manifiesto contra el "puritanismo", en el que se critica la actitud radical de un feminismos equivocado que favorece un regreso de la "moral victoriana". Catherine Millet, escritora e crítica de arte, es una de las firmantes de este manifiesto, y dice refiriéndose a los hombres: "Se ha constituido un tribunal público en el que ni siquiera se les ha dejado la oportunidad de defenderse". Y refiriéndose a las feministas radicales: "Veo aparecer un clima de inquisición, en el que cada uno vigila a su vecino". Dice textualmente: "En el hogar a menudo son ellas las que imponen su voluntad". Y sobre el patriarcado: "Si comparo mis posibilidades con la vida que tuvo mi madre, en una sola generación hemos nadado mucho. Pero a ciertas feministas les sigue interesando hacernos creer que nuestra sociedad es únicamente patricarcal. No es verdad. Existe también un matriarcado". Es ,más, si existe únicamente un patriarcado, ¿porque se ponen tantas trabas a los hombres cuando denuncian violencia por parte de mujeres?.

Afirma Catherine Millet, en relación a las mujeres que no quieren ser importunadas, "que hay un margen en que el comportamiento de los demás puede desplegarse sin que sea considerado un delito. A ti te puede parecer desagradable y te puedes quejar, pero no por eso es un delito... Y, como tal, no quiero que esté regulado, ni por una moral superior ni por la ley. Hay que aceptar que existen impertinentes en la vida. Esas mujeres parecen aspirar a una sociedad utópica y regulada hasta el más mínimo detalle, donde un hombre deberá tomar precauciones antes de dirigirse a una mujer. La codificación de nuestras relaciones es imposible, a no ser que nos convirtamos en robots."

A la pregunta: "Sostiene que ese derecho a importunar es indispensable para garantizar la libertad sexual. ¿En qué sentido?". Contesta: "En una relación entre dos individuos, siempre hay un momento borroso y ambiguo, en el que alguno de los dos no tiene muy claro lo que quiere… Cuando me ha intentado seducir un hombre, a veces he sentido una atracción que no era lo suficiente grande para ceder de inmediato. Un momento de duda… A veces terminas cediendo y otras, no. Mientras que esas mujeres dicen que un no siempre es definitivo, yo creo que hay matices. A veces, los hombres tienen una oportunidad si insisten una segunda vez…"

Habla también Catherine Millet de las reacciones violentas de ciertos sectores feministas cuando hay libertad en el discurso: "Lo sorprendente es que esta voluntad de censura ya no proceda de círculos extremadamente conservadores, sino de mujeres que se consideran feministas".

En cuanto a la pregunta de si no existe la dominación masculina, la autora es clara: "Existe, pero no en todas partes. En nuestra sociedad, a día de hoy y en la clase media, las mujeres cuentan con un gran poder. En la esfera doméstica, a menudo son ellas quienes imponen su voluntad dentro de la pareja, a causa de la culpabilidad de los hombres jóvenes y al hecho de trabajar y ser económicamente libres"

En una entrevista a J.M. Tamarit Sumalla, experto en victimología y catedrático de Derecho Penal, rebate algunos tópicos sobre la violencia doméstica y advierte de la falta de base empírica de algunas políticas de género. En sus estudios comprobó que en la violencia que se ejerce por los miembros de la pareja hay diferencias entre sexos, pero no son las que se expresan en el estereotipo social de que el hombre es necesariamente el sujeto activo de la violencia y la mujer el sujeto pasivo, y afirma que esta es una creencia machista, por cierto defendida por el actual feminismo. Pone de manifiesto que la violencia que se ejerce por los miembros de la pareja- tanto hombre y mujer- responde en muchos casos a una pauta de violencia bidireccional (es decir: entre los dos miembros de la pareja). También que cuando es violencia unidireccional, hay tanto de hombre contra mujer como de mujer contra hombre.

Según Tamarit Sumalla "los resultados de los diversos estudios realizados en España y en otros países son coincidentes. Tanto mujeres como hombres relatan que en proporciones similares han sido perpetradores y víctimas. Mujeres y hombres pueden ser víctimas y agresores o las dos cosas a la vez. Pero hay diferencias entre ellos y ellas. Las diferencias están en la gravedad de los efectos que son peores para las mujeres. Y pese a que pueda molestar nadie puede negar con datos en la mano que existe también violencia de mujeres contra hombres y violencia en parejas homosexuales. A partir de ahí, uno se cuestiona cuál es la base empírica de las políticas que se están aplicando a la violencia doméstica."

En relación con los datos de muchas más denuncias de mujeres que de hombres, explica: "Está demostrado que las mujeres tienden a denunciar mucho más que los hombres. Por varias razones. La primera porque la mujer que es víctima tiende a identificarse más con ese rol, lo cual la lleva a denunciar; segundo porque probablemente ha recibido consecuencias más negativas del hecho, efectos más graves. En el caso del hombre, quizás no ha recibido una violencia tan grave pero además tiene que enfrentarse a muchas barreras de carácter social para darse a conocer como víctima. Por ejemplo, de reconocimiento por parte de los funcionarios. Es muy difícil para un hombre víctima de violencia en la pareja presentarse a un policía. Ese es uno de los motivos por el que la violencia cometida contra hombres no es denunciada en proporciones similares a la violencia ejercida contra las mujeres"

Además afirma que un efecto grave de la Ley de Violencia de Género es la existencia de juzgados de violencia sobre la mujer, que no existen en Europa, y supone una vulneración del derecho a un juez imparcial, un derecho fundamental que está en la Convención Europea de Derechos Humanos. La Ley Integral de Violencia de Género fue declarada constitucional a pesar de argumentos tan falaces como que el legislador no incurre en inconstitucionalidad porque se asume que es predominante la violencia ejercida por los hombres contras las mujeres -y no al revés-, lo que contradice los hallazgos de la investigación empírica, que no demuestra tal cosa. Como estudioso de la violencia en ese ámbito, afirma que las razones por las que una persona comete actos de violencia son en general diversas, y la ciencia emplea el concepto de factores de riesgo, pero el machismo es un factor de riesgo, como también el alcohol, pero no es la única explicación. Con los datos en la mano afirma también que la Ley de Violencia de Género no está siendo un éxito, porque antes de la Ley no eran mucho más elevadas las cifras de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas. Esto hace pensar que la Ley está mal enfocada. Afirma además que hay un fondo de valores sexistas y machistas en el estereotipo de la Ley Integral de Violencia de Género por negar la condición de víctima al hombre, y que el feminismo tiene la oportunidad de reinventarse y de buscar otro tipo de estrategias para conseguir su objetivo (que era la de la igualdad social entre hombres y mujeres), pero esto se dice únicamente con la boca pequeña en los ambientes académicos porque nadie se atreve a decirlo en público, dado que el feminismo está fuertemente subvencionado.

Como afirma Catherine Millet, hay que dejar de creer que la mujer es siempre la víctima. Y como afirma J..M. Tamarit Sumalla, la Ley de Violencia de Género, con la existencia de juzgados de violencia sobre la mujer, supone una vulneración del derecho a un juez imparcial, y es inconstitucional aunque al Tribunal Constitucional afirme lo contrario.

Mi madre sí que vivió en una sociedad machista, las mujeres de hoy en día no tienen que sufrir lo que sufrió mi madre y su generación, y si queremos defender la igualdad y acabar con la violencia contra las mujeres, hay que promulgar leyes justas, que no criminalicen a los hombres, y acabar con la deriva radical de ciertos feminismos y la ola de misandria los acompaña.

Pido a este gobierno y a los sucesivos, sean del color político que sean, que reflexionen sobre la raíz del problema de la violencia contra las mujeres, mal llamada violencia de género (porque no hay un género más violento que otro), y legislen en la verdadera igualdad, para proteger a las mujeres sin criminalizar a los hombres por el hecho de serlo, porque los hombres también tenemos derechos civiles como personas que somos. No somos culpables de nada por el hecho de ser hombres.

Ahora la ministra Irene Montero arremete contra los jueces tachándolos de machistas, en lugar de responsabilizarse de cometer un error en la redacción de la Ley "sólo si es si". Si la ministra de igualdad el único argumento que tiene es ese, lo que podemos pensar es que hay muchas feministas que no tienen argumentos para defender sus posiciones, y el único argumento es llamar machista a quien discrepa, a quien dicta sentencia ajustándose a la ley, a quien no se doblega antes estas feministas radicales, que da la impresión que son vengativas y nunca jamás se les oye defender a un hombre por muy justa que sea su reivindicación. Es como volver a la Santa Inquisición. Ya no existe libertad de expresión y los varones son culpables y machistas mientras no se demuestre lo contrario, y si algún varón se atreve a discrepar se le llama machista y todo solucionado. Estas feministas, incluida la ministra, están en posesión de la verdad absoluta. Se creen diosas, pero me recuerdan a los talibanes.

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