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Juez 37 de lo familiar desconoce acuerdo entre las partes en relación con terapia familiar

STEVEN IVAN JOHANSSON MONDRAGONCiudad de México, México
13 ago 2021

El pasado 15 de junio, la madre de mi hijo y yo comparecimos ante el juez 37 de lo familiar, doctor José Antonio Navarrete Hernández, a fin de alcanzar un acuerdo entre las partes para beneficio de nuestro hijo. Cabe destacar que la comparecencia (en la que las partes nos reunimos con el juez por separado), fue a solicitud del propio impartidor de justicia.

El acuerdo verbal, al que llegamos por intermediación del juez, consistió en que yo ya no acudiría al derecho de visita al domicilio de la guarda y custodia, sino al centro de convivencias de los juzgados de lo familiar y que, a cambio, la madre de mi hijo se comprometía a que los integrantes del núcleo familiar (mamá, papá e hijo) tomaríamos terapia familiar con un terapeuta único.

La madre de mi hijo se comprometió, además, a escoger a un terapeuta de entre una terna que mi abogado y yo pondríamos a su consideración.

Lamentablemente, ese día sólo quedó constancia de una parte del acuerdo: aquella en la que yo solicito cambiar el lugar para la realización de las convivencias. Existen, sin embargo, varios escritos, tanto de la madre de mi hijo como míos, en los que se hace referencia al acuerdo verbal alcanzado el 15 de junio.

Ahora bien, el juez acaba de desconocer dicho acuerdo, y nos está remitiendo a la Subdirección de Evaluación e Intervención Psicológica del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, siendo que el propio juez me comentó en privado, el 15 de junio, que las terapias en esa institución no sirven de gran cosa (por tener una duración demasiado breve). También en privado, el juez me prometió que mi hijo recibiría la terapia psicológica que requería.

Lo anterior pone en evidencia la falta de seriedad del juez 37 de lo familiar, quien convoca a las partes para llegar a acuerdos que, luego, son desconocidos por el propio juez. También pone en evidencia que ese juzgador no tiene palabra. Pero, lo más grave, es que toma decisiones que, evidentemente, van en perjuicio de la salud mental y emocional de nuestro hijo.

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