Cuido a mi hijo con 75% de discapacidad. ¡PRESTACIÓN DIGNA para madres cuidadoras como yo!


Cuido a mi hijo con 75% de discapacidad. ¡PRESTACIÓN DIGNA para madres cuidadoras como yo!
El problema
Soy madre soltera. Tengo un hijo de 9 años con un 75% de discapacidad, síndrome de Williams, trastorno del espectro autista y grado 2 de dependencia. Y, como tantas otras madres en España, vivo atrapada en una realidad imposible: mi hijo me necesita para casi todo, pero el sistema apenas reconoce lo que supone cuidarle.
Mi hijo no entiende el peligro como otros niños. No puedo dejar una ventana abierta por miedo a que se asome demasiado. No puedo soltarle de la mano cuando vamos por la calle. Si tiene una crisis, puede autolesionarse o hacerme daño sin querer. Duerme conmigo. Hay comidas que solo acepta si se las doy yo. Todavía me pide ayuda para cosas básicas que otros niños de su edad hacen solos. Si yo no estoy, su seguridad se pone en riesgo.
Yo me busco la vida trabajando desde casa. Pero eso no significa que esté bien. Significa que sobrevivo como puedo. Y sé que muchas otras madres ni siquiera tienen esa opción. Hay quienes no llegan a fin de mes. Hay quienes tienen que elegir entre pagar una terapia o llenar la nevera. Hay quienes viven con una culpa constante por no poder dar a sus hijos todo lo que necesitan.
Lo que recibimos no basta
Por cuidar a mi hijo como cuidadora no profesional recibo 315 euros al mes. Esa es la cantidad que el sistema pone a un trabajo que ocupa mi tiempo, mi energía, mi salud mental y mi vida entera.
Sí, existen algunas ayudas. Pero son insuficientes, llegan tarde y están rodeadas de burocracia. Muchas veces tardan meses o incluso años. Mientras tanto, la vida pasa. Vivimos con miedo constante a revisiones, esperas interminables y trámites que parecen no acabar nunca. Todo es lento y confuso. Cuando tienes un hijo con discapacidad, no deberías tener que convertirte también en gestora, abogada, trabajadora social y administrativa para poder acceder a unos mínimos.
Lo que pido
No estoy pidiendo privilegios. Estoy pidiendo justicia. Pido al Gobierno de España una prestación digna y estable para madres y padres cuidadores de menores con gran dependencia o discapacidad. Debería suponer al menos el 50% del salario mínimo. Sería la única forma de reconocer que cuidar también es trabajar. No hablo de vivir del sistema. Hablo de poder sostener una vida que ya es durísima.
En otros países europeos ya existen sistemas que reconocen económicamente el cuidado familiar de forma más realista. En Alemania, por ejemplo, las familias reciben prestaciones mensuales que pueden superar los 700 o incluso 900 euros según el grado de dependencia. En Francia, existen ayudas específicas que permiten compensar económicamente a quienes cuidan en casa. No hablamos de algo imposible, sino de acercarnos a modelos donde cuidar a un hijo con discapacidad no condena a la precariedad.
También pido que se revisen y simplifiquen los trámites para acceder a estas ayudas, porque no puede ser que una familia espere meses o años para recibir apoyos que necesita desde el primer día.
Por qué firmar
Yo no elegí esta vida. No dejé de tener una rutina laboral, compañeros o estabilidad económica porque quisiera. Lo hice porque mi hijo me necesita. Y como yo, hay miles de madres en España sosteniendo cuidados invisibles, agotadas, solas y haciendo malabares para sobrevivir.
Cuidar a un hijo con discapacidad o dependencia no puede condenarte a la precariedad. Por favor, firma esta petición para exigir una ayuda digna para las madres cuidadoras en España. Porque cuidar también es trabajar. Y porque ninguna familia debería verse obligada a elegir entre cuidar bien o poder comer.
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El problema
Soy madre soltera. Tengo un hijo de 9 años con un 75% de discapacidad, síndrome de Williams, trastorno del espectro autista y grado 2 de dependencia. Y, como tantas otras madres en España, vivo atrapada en una realidad imposible: mi hijo me necesita para casi todo, pero el sistema apenas reconoce lo que supone cuidarle.
Mi hijo no entiende el peligro como otros niños. No puedo dejar una ventana abierta por miedo a que se asome demasiado. No puedo soltarle de la mano cuando vamos por la calle. Si tiene una crisis, puede autolesionarse o hacerme daño sin querer. Duerme conmigo. Hay comidas que solo acepta si se las doy yo. Todavía me pide ayuda para cosas básicas que otros niños de su edad hacen solos. Si yo no estoy, su seguridad se pone en riesgo.
Yo me busco la vida trabajando desde casa. Pero eso no significa que esté bien. Significa que sobrevivo como puedo. Y sé que muchas otras madres ni siquiera tienen esa opción. Hay quienes no llegan a fin de mes. Hay quienes tienen que elegir entre pagar una terapia o llenar la nevera. Hay quienes viven con una culpa constante por no poder dar a sus hijos todo lo que necesitan.
Lo que recibimos no basta
Por cuidar a mi hijo como cuidadora no profesional recibo 315 euros al mes. Esa es la cantidad que el sistema pone a un trabajo que ocupa mi tiempo, mi energía, mi salud mental y mi vida entera.
Sí, existen algunas ayudas. Pero son insuficientes, llegan tarde y están rodeadas de burocracia. Muchas veces tardan meses o incluso años. Mientras tanto, la vida pasa. Vivimos con miedo constante a revisiones, esperas interminables y trámites que parecen no acabar nunca. Todo es lento y confuso. Cuando tienes un hijo con discapacidad, no deberías tener que convertirte también en gestora, abogada, trabajadora social y administrativa para poder acceder a unos mínimos.
Lo que pido
No estoy pidiendo privilegios. Estoy pidiendo justicia. Pido al Gobierno de España una prestación digna y estable para madres y padres cuidadores de menores con gran dependencia o discapacidad. Debería suponer al menos el 50% del salario mínimo. Sería la única forma de reconocer que cuidar también es trabajar. No hablo de vivir del sistema. Hablo de poder sostener una vida que ya es durísima.
En otros países europeos ya existen sistemas que reconocen económicamente el cuidado familiar de forma más realista. En Alemania, por ejemplo, las familias reciben prestaciones mensuales que pueden superar los 700 o incluso 900 euros según el grado de dependencia. En Francia, existen ayudas específicas que permiten compensar económicamente a quienes cuidan en casa. No hablamos de algo imposible, sino de acercarnos a modelos donde cuidar a un hijo con discapacidad no condena a la precariedad.
También pido que se revisen y simplifiquen los trámites para acceder a estas ayudas, porque no puede ser que una familia espere meses o años para recibir apoyos que necesita desde el primer día.
Por qué firmar
Yo no elegí esta vida. No dejé de tener una rutina laboral, compañeros o estabilidad económica porque quisiera. Lo hice porque mi hijo me necesita. Y como yo, hay miles de madres en España sosteniendo cuidados invisibles, agotadas, solas y haciendo malabares para sobrevivir.
Cuidar a un hijo con discapacidad o dependencia no puede condenarte a la precariedad. Por favor, firma esta petición para exigir una ayuda digna para las madres cuidadoras en España. Porque cuidar también es trabajar. Y porque ninguna familia debería verse obligada a elegir entre cuidar bien o poder comer.
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Petición creada en 9 de marzo de 2026