¿Cuánto más tiene que arder para que actuemos?

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El problema

¿CUÁNTO MÁS TIENE QUE ARDER PARA QUE ACTUEMOS?
Nunca imaginé que llegaría el día en que ver un gran incendio forestal se convirtiera en algo habitual.

Y, sin embargo, cada verano ocurre lo mismo.

Vuelven las imágenes de montañas envueltas en llamas.

Vuelven las evacuaciones.

Vuelven las carreteras cortadas.

Vuelven las viviendas destruidas.

Vuelven las lágrimas de quienes lo han perdido todo.

Y vuelven miles de profesionales y voluntarios a enfrentarse al fuego para proteger nuestras vidas, nuestros pueblos y nuestros bosques.

Mientras la mayoría escapamos del peligro, ellos caminan hacia él.

He visto trabajar hasta el agotamiento a bomberos forestales, bomberos, agentes forestales, brigadas helitransportadas, pilotos, Protección Civil, sanitarios, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y cientos de voluntarios que, con un compromiso admirable, hacen todo lo posible por evitar que una tragedia sea aún mayor.

Pero hay algo que me preocupa profundamente.

Estamos convirtiendo lo extraordinario en algo normal.

Nos hemos acostumbrado a contar hectáreas quemadas.

Nos hemos acostumbrado a ver pueblos evacuados.

Nos hemos acostumbrado a que cada verano haya personas heridas e incluso fallecidas.

Nos hemos acostumbrado a escuchar que los incendios son cada vez más extremos.

Y eso no puede seguir siendo normal.

Después de cada gran incendio llegan las declaraciones.

Se prometen mejoras.

Se habla de prevención.

Se agradece el trabajo de los servicios de emergencia.

Se hacen homenajes.

Pero pasan los meses, el fuego desaparece de los titulares y todo queda en el olvido… hasta el siguiente verano.

No quiero seguir viviendo este ciclo.

No quiero que la prevención sea una prioridad solo cuando el país está mirando un incendio en televisión.

No quiero que quienes arriesgan su vida tengan que compensar con esfuerzo y sacrificio aquello que podría haberse evitado con una mejor planificación.

Porque apagar incendios salva bosques.

Pero prevenirlos salva bosques, hogares, vidas y también a quienes tienen que combatirlos.

Por eso pido un compromiso real, estable y duradero de todas las administraciones públicas.

No importa quién gobierne.

Los incendios no entienden de ideologías.

El fuego no pregunta a quién votas.

Solo avanza.

Y cuando avanza, todos perdemos.

Por ello solicito:
Una gestión forestal activa durante todo el año basada en criterios técnicos y científicos.
Más inversión en prevención y menos dependencia de la reacción cuando el incendio ya está declarado.
El refuerzo estable de bomberos forestales, bomberos, agentes forestales y del conjunto de los servicios de emergencia.
Mejores condiciones laborales, formación continua, equipos modernos y recursos suficientes para quienes trabajan en la prevención y extinción.
Más apoyo, reconocimiento y recursos para Protección Civil y el voluntariado, respetando siempre el papel de los profesionales.
La renovación de vehículos, medios aéreos, equipos de protección y sistemas de comunicaciones.
Una coordinación más eficaz entre administraciones y organismos responsables de la prevención y la respuesta ante incendios.
Transparencia sobre los trabajos preventivos realizados, las inversiones ejecutadas y los resultados obtenidos.
Un compromiso nacional que convierta la prevención forestal en una política permanente y no en una respuesta temporal tras cada tragedia.
Esta petición no busca culpables.

No busca enfrentamientos.

No busca utilizar el dolor de nadie.

Busca evitar que el próximo verano volvamos a hacernos la misma pregunta.

Porque un bosque puede tardar generaciones en recuperarse.

Una vivienda puede reconstruirse.

Pero una vida jamás podrá recuperarse.

Hoy te pido que dediques apenas unos segundos a firmar esta petición.

Quizá una sola firma no cambie las cosas.

Pero miles de firmas pueden conseguir que quienes toman las decisiones escuchen una voz que cada verano se hace más fuerte.

No esperemos a que vuelva a arder otro bosque.

No esperemos a que otra familia tenga que abandonar su hogar.

No esperemos a que quienes nos protegen vuelvan a jugarse la vida sin haber hecho todo lo posible para evitarlo.

Actuemos ahora.

Firma esta petición y compártela.

Porque la verdadera pregunta no es cuántas hectáreas más tienen que arder.

La verdadera pregunta es…

¿Cuánto más tiene que arder para que actuemos?

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