La presa de los Toranes es ecológicamente muy útil. SALVÉMOSLA DE SU DEMOLICIÓN

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Un poco de historia… Esta presa fue construida hace 100 años, tiene 17 metros de alto, está situada en los llamados Estrechos del Río Mijares, en un enclave salvaje y de difícil acceso. Los impactos ambientales que generó su construcción están completamente integrados, la masa de agua creada por el embalsamiento ha generado a lo largo de los años un nuevo hábitat inventariado por el INAGA (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental). Su uso es de producción hidroeléctrica, mediante un canal que abastece la central aguas abajo. Pero la presa de los Toranes no solo alimenta una central hidroeléctrica sino también el regadío de huertos y parcelas de decenas de barrios y masías de cuatro pueblos del sur de Teruel: Albentosa; Olba; San Agustín; Sarrión, mediante LA ACEQUIA DEL DIABLO. Este nombre ilustra perfectamente las características extremas por donde transcurría dicha acequia a lo largo de sus 5 primeros kilómetros. Varios desprendimientos insalvables la anularon y desde 1993, aprovecha en el tramo más inhóspito, el canal de abastecimiento de la central, el cual tiene su captación de aguas en el embalse de Los Toranes.

Su demolición implicará dejar en secano un territorio de alto valor estratégico con la consiguiente pérdida de biodiversidad que aportan los cultivos. Hablamos de la pérdida de las discontinuidades en el paisaje que actualmente genera la zona de cultivos (cereales, frutales, truferas, huertos) con el consiguiente aumento del riesgo de incendios forestales. La acequia del Diablo es un importante recurso de prevención de incendios forestales. Transcurre por una zona catalogada por el Gobierno de Aragón como de alto riesgo/riesgo extremo, (según la Orden DRS/1521/2017, de 17 de julio, por la que se clasifica el territorio de la Comunidad Autónoma de Aragón en función del riesgo de incendio forestal). De hecho, en los últimos años se han extinguido varios incendios forestales gracias a la presencia de agua en esta acequia, sucedidos en los barrios de La Verdeja, Las Ventas y Los Giles. Por lo que, tanto la pérdida de la superficie de regadío como de la propia infraestructura para riego, podría generar relevantes consecuencias de cara a la prevención y extinción de incendios forestales.

No hay alternativas económicamente viables a una nueva toma y un nuevo cauce para dicha acequia. Y su mantenimiento, en el tramo más inaccesible, es humanamente y técnicamente insostenible.

La posible demolición de la presa y todas sus infraestructuras asociadas sentencia a muerte la Acequia del Diablo.

Su demolición nos supone muchos interrogantes y preocupaciones:

Calculamos un volumen de 10.000 camiones para acarrear los restos. Tanto las obras de demolición como la ampliación de los accesos en un enclave tan virgen van a ser impactantes. La carretera comarcal tampoco está preparada para tal presión de tráfico de vehículos pesados. Aguas arriba de la presa, actúan dos empresas cuyas actividades de producción de abonos y otra de piscifactoría generan una carga química que el embalse retiene. El vaciado de estos lodos con carga contaminante no puede ser rápido, mediante vertidos en el río. ¿Cómo se gestionará? Teniendo en cuenta que su acarreo también incrementará la circulación de vehículos pesados y unos costes económicos impresionantes.

No nos oponemos a la tendencia actual de eliminación de presas, embalses, azudes que se da en todo el mundo con la finalidad de liberar los ríos de obstáculos y devolverlos a un estado más original. Pensamos que cada territorio tiene sus características propias. Creemos que los inconvenientes ambientales y sociales resultantes de la demolición pesan demasiado. La presa de los Toranes contribuye, en nuestro contexto, a mantener este territorio más equilibrado.

Gracias por vuestro apoyo.