

No acepto.
Despierto.
Acuso recibo de la realidad
y la saboreo sin anestesia.
Mis síntomas no me rompen,
me divierten y me revelan verdades profundas.
He perdido el miedo
y he ganado confianza en mi vulnerabilidad,
mi aliada más leal.
Llegará el día en que diré toda la verdad.
Porque el cambio nace desde dentro,
no se impone.
Basta ya de tantos profesionales
y tan poca humanidad.
La ciencia sin humanidad
también enferma.
Derribo muros. Cruzo límites. No pido permiso.
Somos seres sociables, vulnerables y fuertes.
Capaces de grandes desafíos.
Doy gracias a Laia, mi cabecera, por firmar todas estas solicitudes llenas de amargura y por mover el mundo entero para sostener la complejidad del caso.
Desde hace el 24 de noviembre camino sin bastón, de aquella manera a veces..., y empiezo a saltar y correr - eso sí, como una payasa - que más da. Gracias a todxs y cada unx. El apoyo lo es todo!
GRACIAS.
Felices Fiestas!