¡Basta de excursiones escolares a zoológicos!

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Históricamente, los zoológicos tenían la función de ostentar el poder de los emperadores, reyes y gobernantes: los animales eran obligados a luchar entre ellos y a servir como sujetos de estudio, en el afán de la especie humana de ejercer dominación. Incluso existieron zoológicos de humanos. En el siglo XVI, el cardenal Hipólito de Médicis tuvo una "colección" de personas de diferentes etnias: moros, tártaros, indios, turcos y africanos. Según su propio testimonio, entre sus "bárbaros" se escuchaban hasta 20 idiomas. En el siglo XIX, esta función fue reemplazada para “fines educativos”. Si bien la intención de mostrar el poder de la realeza no desapareció, se convirtió en el poder del hombre sobre el animal, en demostrar que éste estaba bajo su dominio. La excusa del fin educativo esconde esta actitud.

Existen quienes proclaman que la finalidad de estos establecimientos es la conservación de los animales, afirmación refutada a la luz del destino de quienes se encuentran encarcelados. El oso Winner, por ejemplo, murió por vivir en condiciones deplorables en el ex-zoológico de Buenos Aires, devenido ahora en “Eco Parque”, entre el calor y los ruidos provocados por la pirotecnia de las fiestas; la elefanta Pelusa murió en el zoológico de La Plata antes de poder ser trasladada a un santuario a causa de una infección generalizada en sus patas, por no poder contar con el espacio mínimo para caminar; hace unos años, un zoológico Danés sacrificó una jirafa para llevar adelante públicamente un ejercicio de vivisección con “fines educativos”.

Los animales desarrollan todo tipo de enfermedades físicas y mentales por estar encerrados en estos lugares. La zoocosis es prueba de ello: una patología comparable a la neurosis por cautiverio. Ellos no pertenecen a los zoológicos, ni tampoco a los hombres. Son los niños los primeros en cuestionar por qué un león está confinado a una fosa, un ave a una jaula, o un oso polar a un estanque; el supuesto fin educativo no se puede justificar con la enorme cantidad de material didáctico disponible para que los más pequeños puedan conocer a los habitantes de la naturaleza.

A través de la manifestación artística “No tengas miedo de mi” de la autora Liliana Felipe, pedimos que los educadores no continúen con las visitas de los niños a estos lugares que no son más que centros de explotación animal, donde no se enseña de animales, de sus sistemas, de sus hábitats, donde lo único que se enseña es a oprimir y someter. El sistema educativo no debería perpetuar la relación de poder que el ser humano ejerce sobre quienes considera más débiles, sino fomentar el cuidado y la inclusión de todos ellos, expandiendo el círculo de compasión a todas las especies del planeta.

Los zoológicos son parte de un pasado y una muestra de la discriminación que ejerce el ser humano sobre las demás especies animales. Deberían desaparecer y llamarse “zoofóbicos”, ya que de lógicos no tienen nada.



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