ASUNTO: DENUNCIA POR AGRESIÓN VERBAL, FALTA DE HIGIENE Y RIESGO PARA LA SALUD DE PACIENTE

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La causa

ASUNTO: DENUNCIA POR AGRESIÓN VERBAL, FALTA DE HIGIENE Y RIESGO PARA LA SALUD DE PACIENTE — Paciente: Patricia Alejandra Pérez, hermana
 
A la Dirección del Hospital Durand,
a la Jefatura de Guardia y a quien corresponda:
 
Yo, Yesica Inés Pérez, DNI 29.410.675, me dirijo formalmente para denunciar los hechos ocurridos el día 13 de agosto de 2026 en el área de Guardia de este hospital, respecto al trato recibido y a las condiciones en que se encontraba el servicio.
 
Contexto de la paciente:
Mi hermana se encontraba en el área de Guardia por presentar potasio elevado, situación de riesgo que requirió su internación. Padece Lupus y enfermedad sistémica, realiza diálisis peritoneal y se encuentra en lista de espera del INCUCAI para trasplante. Su sistema de defensa está muy comprometido y cualquier infección puede ser gravísima, por lo que debe permanecer en un entorno limpio y seguro.
 
Desarrollo y detalle de los hechos:
Mi hermana ingresó y fue atendida desde las 19:00 horas del primer turno. El personal de ese turno se desempeñó de manera excelente: atento y respetuoso. Le doy 10 puntos. Nos indicaron permanecer en el lugar a la espera de la evolución y todo transcurrió correctamente.
 
Sin embargo, desde el primer momento pude observar que la Guardia se encontraba en pésimas condiciones de higiene. A aproximadamente un metro del lugar donde estaba mi hermana se hallaba una persona en situación de calle, visiblemente sucia, con fuerte olor y evidente riesgo sanitario. No es culpa de esa persona, pero es responsabilidad del hospital tomar las medidas de precaución y separación necesarias cuando hay pacientes tan vulnerables como mi hermana.
 
Le hice notar esta situación a la nefróloga de guardia, explicándole con respeto: «El lugar está muy sucio; esto a mi hermana no le hace bien. Estamos al lado de personas en estas condiciones y los hago responsables a ustedes si mi hermana se contagia alguna infección». La profesional me respondió con muy buenos modales, explicándome que la prioridad era bajarle el potasio porque su vida corría riesgo, pero el problema sanitario del lugar siguió sin resolverse.
 
Estuvimos presentes hasta que se produjo el cambio de turno, aproximadamente entre las 8:00 y las 9:00 horas de la mañana, momento en que ingresó el segundo turno y comenzó a cumplir funciones el señor que se identificó como jefe de Guardia, de nombre Héctor, edad mayor, calvo y de estatura grande. Fue a partir de ese cambio cuando comenzaron los malos tratos.
 
Mi madre, Patricia Leiva, salió de la sala y, al lado del ascensor, en el pasillo, había un enchufe. Se sentó en el piso, al lado de él, y enchufó su teléfono celular porque no había otros enchufes disponibles en el área. Al notarlo, este señor se acercó y le ordenó de mala manera:
 
— Se levanta, se va de acá y desenchufa ese celular. Acá no puede cargar el celular porque todos los enchufes están mal.
 
Mi madre le explicó simplemente que lo había enchufado un momento porque necesitaba mantenerse comunicada, que no lleva dinero en efectivo y que utiliza su teléfono para todo: pagos, billeteras virtuales, comunicación y traslados. Es una herramienta esencial en el año 2026, no un capricho.
 
Ante esa explicación, en lugar de comprender, se puso agresivo y elevó el tono de voz. Al ver su actitud, le dije a mi madre que no discutiera, que nos retiráramos y que esperáramos a la doctora tratante de mi hermana, la doctora Inés.
 
Fue entonces cuando este señor se dirigió a mí con agresividad y pronunció textualmente:
 
— ¿Vos sabés quién soy yo?
— Si no te gusta, agarrá a tu hermana y llevátela.
 
Luego agregó que llevaba 40 años trabajando ahí, como si la antigüedad le diera derecho a tratar a las personas con desprecio. Su actitud fue hostil, intimidante y casi física por la cercanía y la agresividad con que hablaba.
 
Es importante señalar que él ni siquiera atendió a mi hermana: su maltrato fue dirigido íntegramente a mí y a mi madre, mientras mi hermana permanecía en esa zona insalubre, en estado delicado, presenciando todo. Intentó hacernos pasar por nosotras como las equivocadas, cuando lo único que hicimos fue pedir respeto, condiciones dignas y esperar a su médica tratante.
 
Quiero dejar expresamente asentado que el personal del primer turno, incluida la nefróloga, se dirigió a nosotras con respeto y profesionalidad, por lo que lo ocurrido se debió exclusivamente a la falta de higiene del lugar y a la actitud de este profesional al tomar guardia en el segundo turno.
 
Por todo lo expuesto, solicito:
 
1. Se investigue lo ocurrido y se identifique debidamente al profesional involucrado (que dice llamarse Héctor, jefe de Guardia del segundo turno).

2. Queden registradas textualmente las agresiones verbales pronunciadas contra nosotras y las pésimas condiciones de higiene que pusieron en riesgo la salud de mi hermana.

3. Se apliquen las medidas correspondientes por maltrato, falta de respeto, abuso de autoridad y negligencia sanitaria.

4. Se garantice que mi hermana recibirá atención en condiciones dignas y salubres, por parte de su médica tratante, sin interferencias ni malos tratos.

5. Se me dé respuesta formal a esta presentación.
 
Datos para notificaciones:
Yesica Inés Pérez
Teléfono: 11-2278-8277
Correo electrónico: yesica22738@hotmail.com
 
Entiendo que un hospital es un lugar difícil, pero ningún profesional tiene derecho a tratar a familiares ni a pacientes con agresividad, amenazas ni desprecio. Y mucho menos puede ignorarse que una paciente inmunodeprimida fue expuesta a riesgos sanitarios innecesarios. Las palabras que nos dijo y las condiciones en que la dejaron no se las merece nadie.
 
Sin otro particular, saludo atentamente.

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