

Apoyo a las arqueólogas Liliana Buitrago y Leldy Zuloaga contra las violencias de género
El problema
Recientemente la revista Maguaré (vol. 39-1 de 2025) publicó un número dedicado al ejercicio profesional de la arqueología en Colombia que incluyó varios trabajos que examinan los riesgos del desempeño laboral en este campo, entre ellos y de manera destacada, el acoso laboral y, en particular, el acoso sexual. Uno de los artículos publicados fue “Acoso laboral y violencia de género: reflexiones sobre el ambiente laboral en la arqueología preventiva en Colombia”, de Liliana Buitrago y Leidy Zuloaga. Este trabajo presenta algunas de las experiencias que han vivido las dos autoras en los diferentes espacios en los que han trabajado como arqueólogas en la última década. Más que una denuncia, el propósito del artículo es llamar la atención sobre los patrones repetidos de violencias que conjugan diferentes formas de acoso y agresión, razón por la que no recurren a dar nombres, fechas, ni lugares de trabajo precisos. Es de notar, sin embargo, que este tipo de violencias no sólo la documentan las autoras de este texto sino otros artículos académicos tanto en la revista Maguaré como en otros medios; asimismo los ha registrado la Encuesta Laboral de Antropología y Arqueología adelantada por la Asociación Colombiana de Antropología (Acant).
Entendemos que las autoras han recibido elogios y mensajes de agradecimiento por la valentía de poner estos temas, vividos por ellas y otras arqueólogas, pero muchas veces silenciados de la discusión pública sobre el ejercicio profesional de la arqueología; por ello quienes firmamos nos unimos a los elogios. Infortunadamente, las autoras también han recibido ataques personales que buscan acallar y desviar una discusión crucial para la disciplina. haciendo eco y ratificando así las prácticas de violencia de género que ellas mismas describen.
El ataque más virulento y repetido ha estado a cargo del arqueólogo Leonardo Márquez, quien a título personal y mediante varias publicaciones en redes sociales de profesionales de la arqueología ha desvirtuado y ridiculizado el testimonio de las autoras mediante tácticas de desinformación, injuria y mensajes de odio. Este arqueólogo se ha concentrado en menoscabar la dignidad personal y profesional de Liliana Buitrago. No solo ignora que el texto tiene una reconocida coautora, Leidy Zuloaga, y que, por tanto, es el producto de un trabajo conjunto, lo que es una nueva forma de violencia por omisión. Leonardo Márquez, quien ya en ocasiones anteriores ha atentado contra el buen nombre de una de las autoras, además afirma haber presenciado los hechos, pero su interpretación es opuesta. Asevera. por ejemplo, sin ninguna evidencia que lo respalde, que en vez de acosada, Liliana Buitrago es acosadora y que además no cuenta con las credenciales académicas para actuar como arqueóloga; las dos afirmaciones son claras lesiones a su dignidad, buen nombre y desempeño profesional.
Una de las mayores dificultades que afrontan las víctimas de estas y otras violencias de género y sexuales es la reacción de quienes, apoyados en sus privilegios de género, no aceptan que surjan voces que se atrevan a hacer evidentes estas prácticas, por desgracia normalizadas en el ejercicio profesional de la arqueología en nuestro medio. Por esto mismo, no podemos permitir que continúen las represalias contra quienes osan hacerlas evidentes y que conviertan a sus autoras de nuevo en víctimas de ataques, señalamientos y agresivos intentos de silenciarlas. Llamamos a los y las colegas a los departamentos de Antropología y Arqueología del país, a las asociaciones profesionales de Antropología y Arqueología y al Instituto Colombiano de Antropología- Icanh a rechazar las burlas, las acusaciones sin fundamento, los discursos de odio y la revictimización, que incrementan estas violencias y desvían la discusión y las acciones en pos de transformarlas. Invitamos a la vez a perseverar en el diálogo abierto en torno a los riesgos y violencias que rodean el ejercicio profesional de la arqueología en Colombia.
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El problema
Recientemente la revista Maguaré (vol. 39-1 de 2025) publicó un número dedicado al ejercicio profesional de la arqueología en Colombia que incluyó varios trabajos que examinan los riesgos del desempeño laboral en este campo, entre ellos y de manera destacada, el acoso laboral y, en particular, el acoso sexual. Uno de los artículos publicados fue “Acoso laboral y violencia de género: reflexiones sobre el ambiente laboral en la arqueología preventiva en Colombia”, de Liliana Buitrago y Leidy Zuloaga. Este trabajo presenta algunas de las experiencias que han vivido las dos autoras en los diferentes espacios en los que han trabajado como arqueólogas en la última década. Más que una denuncia, el propósito del artículo es llamar la atención sobre los patrones repetidos de violencias que conjugan diferentes formas de acoso y agresión, razón por la que no recurren a dar nombres, fechas, ni lugares de trabajo precisos. Es de notar, sin embargo, que este tipo de violencias no sólo la documentan las autoras de este texto sino otros artículos académicos tanto en la revista Maguaré como en otros medios; asimismo los ha registrado la Encuesta Laboral de Antropología y Arqueología adelantada por la Asociación Colombiana de Antropología (Acant).
Entendemos que las autoras han recibido elogios y mensajes de agradecimiento por la valentía de poner estos temas, vividos por ellas y otras arqueólogas, pero muchas veces silenciados de la discusión pública sobre el ejercicio profesional de la arqueología; por ello quienes firmamos nos unimos a los elogios. Infortunadamente, las autoras también han recibido ataques personales que buscan acallar y desviar una discusión crucial para la disciplina. haciendo eco y ratificando así las prácticas de violencia de género que ellas mismas describen.
El ataque más virulento y repetido ha estado a cargo del arqueólogo Leonardo Márquez, quien a título personal y mediante varias publicaciones en redes sociales de profesionales de la arqueología ha desvirtuado y ridiculizado el testimonio de las autoras mediante tácticas de desinformación, injuria y mensajes de odio. Este arqueólogo se ha concentrado en menoscabar la dignidad personal y profesional de Liliana Buitrago. No solo ignora que el texto tiene una reconocida coautora, Leidy Zuloaga, y que, por tanto, es el producto de un trabajo conjunto, lo que es una nueva forma de violencia por omisión. Leonardo Márquez, quien ya en ocasiones anteriores ha atentado contra el buen nombre de una de las autoras, además afirma haber presenciado los hechos, pero su interpretación es opuesta. Asevera. por ejemplo, sin ninguna evidencia que lo respalde, que en vez de acosada, Liliana Buitrago es acosadora y que además no cuenta con las credenciales académicas para actuar como arqueóloga; las dos afirmaciones son claras lesiones a su dignidad, buen nombre y desempeño profesional.
Una de las mayores dificultades que afrontan las víctimas de estas y otras violencias de género y sexuales es la reacción de quienes, apoyados en sus privilegios de género, no aceptan que surjan voces que se atrevan a hacer evidentes estas prácticas, por desgracia normalizadas en el ejercicio profesional de la arqueología en nuestro medio. Por esto mismo, no podemos permitir que continúen las represalias contra quienes osan hacerlas evidentes y que conviertan a sus autoras de nuevo en víctimas de ataques, señalamientos y agresivos intentos de silenciarlas. Llamamos a los y las colegas a los departamentos de Antropología y Arqueología del país, a las asociaciones profesionales de Antropología y Arqueología y al Instituto Colombiano de Antropología- Icanh a rechazar las burlas, las acusaciones sin fundamento, los discursos de odio y la revictimización, que incrementan estas violencias y desvían la discusión y las acciones en pos de transformarlas. Invitamos a la vez a perseverar en el diálogo abierto en torno a los riesgos y violencias que rodean el ejercicio profesional de la arqueología en Colombia.
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Petición creada en 2 de febrero de 2025