JUSTICIA PARA CALLEJERITO. PENA MÁXIMA A SUS ASESINOS.

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- LOS ASESINOS DE CALLEJERITO - HISTORIA REAL
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Cuatro adolescentes estaban destinados a cometer una atrocidad, que escandalizó a la sociedad mexicana más que muchos crímenes cometidos contra seres humanos. Los jóvenes criminales eran Marco Antonio Bernal Ledón, Herber Prexady Flores Hernández, José Manuel Salmerón Campos y Ángel Marín González Ruiz, todos ellos con edades que oscilaban alrededor de los quince o dieciséis años. Los cuatro estudiaban la carrera de Ingeniería Automotriz en el Consejo Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) de Tepic. No utilizaban drogas y cuando todo ocurrió, ni siquiera habían consumido alcohol.

Era el 27 de junio de 2009. Marco Antonio Bernal Ledón aseguraría tiempo después que mientras él y sus amigos caminaban por la calle, un perro trató de morderlos, así que decidieron regresar para matar al animal. Junto con sus tres amigos, buscaron y recogieron al perro callejero. Lo metieron en un saco y lo llevaron a casa de Herber Prexady, golpeándolo en el camino.

Una vez en el patio del domicilio, instigaron a dos pitbulls (raza de perros de pelea) a que mordieran al animal. Mientras esto ocurría, uno de ellos jalaba al perro de las patas traseras, para evitar que huyera y tratando de desgarrar más la carne. Luego que los pitbull lo soltaron, lo tomó de la cola, alzándolo en vilo de ella, dándole una vuelta en el aire y azotándolo contra el suelo. Los perros volvieron a atacarlo, destrozándole a mordidas el hocico, las orejas y parte de la cara. Los adolescentes la emprendieron a patadas contra el animal: patearon su cabeza, su cuerpo, luego uno de los pitbulls le mordió la pata delantera derecha y se la rompió, zarandeándola además con su hocico; para este momento, los aullidos del animal eran desgarradores. Los asesinos pusieron música de fondo; seleccionaron entre varias piezas hasta encontrar una canción que consideraron adecuada. Siguieron pateando al perro. Lo obligaron a ponerse de pie, y cuando trató de huir para refugiarse en una de las perreras de los pitbulls, lo jalaron de la cola y lo lanzaron volando contra un árbol.

Después tomaron una cadena. Le dieron de cadenazos. Hicieron que los pitbulls volvieran a morderlo. Lo patearon otra vez. Lo azotaron de nuevo contra el piso. Tomaron un palo y empezaron a golpearlo; el perro seguía aullando de dolor. Le rompieron los dientes, le pegaron en las patas, el cuello y finalmente la cabeza. Le destrozaron el cráneo hasta matarlo. Los criminales grabaron todo en video y además tomaron más de cuarenta fotografías en alta resolución; durante el evento, no dejaron de gritar, reírse a carcajadas, insultar al animal, darse ánimos unos a otros y dar indicaciones para que el perro no pudiera protegerse, ni huir, ni salvarse.
Desde que llegaron a la casa hasta la muerte del perro, habían transcurrido solamente tres minutos.