Adaptar el horario de la secundaria para favorecer la salud y el bienestar de los jóvenes

El problema

Los horarios escolares actuales en la secundaria tienen un impacto negativo en el desarrollo y el aprendizaje de los jóvenes. 

Dirigido a: Administraciones educativas, responsables políticos, profesorado y equipos directivos de centros educativos, AFAS y familias, así como a los propios jóvenes.

Solicitamos abrir un debate público y encontrar soluciones para cambiar los pésimos horarios escolares y su impacto en la salud, el bienestar y el rendimiento académico de los adolescentes.

En los últimos años se ha normalizado un modelo de horarios que no tiene en cuenta las necesidades biológicas, emocionales y cognitivas de chicos y chicas entre los 12 y los 18 años. El resultado es una generación que convive con cansancio crónico, falta de motivación, dificultades de concentración, irritabilidad, un descenso progresivo del rendimiento escolar, el malestar emocional y depresión.

Los adolescentes no tienen el mismo ciclo de sueño que los niños ni que los adultos. Sin embargo, los horarios de entrada a los institutos obligan a madrugar en exceso ¿antes de las 7:00 am?, mientras que el entorno social favorece rutinas nocturnas como actividades extraescolares tardías, deporte a última hora, comidas a deshora ¿cerca de las 4:00 pm? y cenas tardías ¿cerca de las 10:30 pm?  y uso prolongado de pantallas. Vivimos una clara contradicción: por las noches funcionamos con horarios mediterráneos, mientras que por las mañanas se exige un ritmo europeo. Los jóvenes son quienes sufren de forma más directa las consecuencias de este desajuste.

Entre los 12 y los 18 años se desarrolla la corteza prefrontal del cerebro, responsable del juicio, la toma de decisiones y la regulación emocional. Se trata de una etapa de grandes cambios físicos, hormonales y psicológicos, en la que el buen descanso y una alimentación equilibrada son fundamentales para un desarrollo saludable

A esta situación se suma la falta de seguimiento médico continuado en la adolescencia, justo cuando aumentan los riesgos relacionados con la salud mental: los trastornos alimentarios, el consumo de sustancias, exceso de pantallas, las dificultades emocionales y de desmotivación y rendimiento académico, entre otros. Lejos de compensar esta vulnerabilidad, el sistema educativo a menudo la agrava al mantener horarios que no respetan los ritmos biológicos propios de esta etapa.

Además, convivimos desde hace décadas con un desajuste estructural respecto al horario solar real, que alarga las noches y adelanta en exceso las mañanas, afectando de manera especialmente intensa a los adolescentes en edad escolar.

La salud de los jóvenes debe ser una prioridad y es fundamental ajustar los horarios de los institutos para alinearlos con las necesidades biológicas de los estudiantes. Los países que han avanzado en esta dirección han obtenido mejoras significativas en la salud y en el rendimiento académico.

Por todo ello, pedimos:

  1. Abrir un debate público y plural sobre los horarios escolares en secundaria.
  2. Escuchar a profesionales de la salud, la educación, la neurociencia y el estudio del sueño.
  3. Tener en cuenta la voz de los propios adolescentes y de sus familias.
  4. Aplicar modelos horarios saludables que favorezcan el bienestar y LA SALUD, que además optimicen el rendimiento académico.

Apoya esta iniciativa y firma la petición para que juntos podamos generar un cambio significativo para el bienestar de todos nuestros estudiantes de secundaria.

Síguenos en @tempus.fugit.docu 

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Asociación COM​.​VIUCreador de la peticiónProtección del bienestar de la infancia y de la adolescencia

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El problema

Los horarios escolares actuales en la secundaria tienen un impacto negativo en el desarrollo y el aprendizaje de los jóvenes. 

Dirigido a: Administraciones educativas, responsables políticos, profesorado y equipos directivos de centros educativos, AFAS y familias, así como a los propios jóvenes.

Solicitamos abrir un debate público y encontrar soluciones para cambiar los pésimos horarios escolares y su impacto en la salud, el bienestar y el rendimiento académico de los adolescentes.

En los últimos años se ha normalizado un modelo de horarios que no tiene en cuenta las necesidades biológicas, emocionales y cognitivas de chicos y chicas entre los 12 y los 18 años. El resultado es una generación que convive con cansancio crónico, falta de motivación, dificultades de concentración, irritabilidad, un descenso progresivo del rendimiento escolar, el malestar emocional y depresión.

Los adolescentes no tienen el mismo ciclo de sueño que los niños ni que los adultos. Sin embargo, los horarios de entrada a los institutos obligan a madrugar en exceso ¿antes de las 7:00 am?, mientras que el entorno social favorece rutinas nocturnas como actividades extraescolares tardías, deporte a última hora, comidas a deshora ¿cerca de las 4:00 pm? y cenas tardías ¿cerca de las 10:30 pm?  y uso prolongado de pantallas. Vivimos una clara contradicción: por las noches funcionamos con horarios mediterráneos, mientras que por las mañanas se exige un ritmo europeo. Los jóvenes son quienes sufren de forma más directa las consecuencias de este desajuste.

Entre los 12 y los 18 años se desarrolla la corteza prefrontal del cerebro, responsable del juicio, la toma de decisiones y la regulación emocional. Se trata de una etapa de grandes cambios físicos, hormonales y psicológicos, en la que el buen descanso y una alimentación equilibrada son fundamentales para un desarrollo saludable

A esta situación se suma la falta de seguimiento médico continuado en la adolescencia, justo cuando aumentan los riesgos relacionados con la salud mental: los trastornos alimentarios, el consumo de sustancias, exceso de pantallas, las dificultades emocionales y de desmotivación y rendimiento académico, entre otros. Lejos de compensar esta vulnerabilidad, el sistema educativo a menudo la agrava al mantener horarios que no respetan los ritmos biológicos propios de esta etapa.

Además, convivimos desde hace décadas con un desajuste estructural respecto al horario solar real, que alarga las noches y adelanta en exceso las mañanas, afectando de manera especialmente intensa a los adolescentes en edad escolar.

La salud de los jóvenes debe ser una prioridad y es fundamental ajustar los horarios de los institutos para alinearlos con las necesidades biológicas de los estudiantes. Los países que han avanzado en esta dirección han obtenido mejoras significativas en la salud y en el rendimiento académico.

Por todo ello, pedimos:

  1. Abrir un debate público y plural sobre los horarios escolares en secundaria.
  2. Escuchar a profesionales de la salud, la educación, la neurociencia y el estudio del sueño.
  3. Tener en cuenta la voz de los propios adolescentes y de sus familias.
  4. Aplicar modelos horarios saludables que favorezcan el bienestar y LA SALUD, que además optimicen el rendimiento académico.

Apoya esta iniciativa y firma la petición para que juntos podamos generar un cambio significativo para el bienestar de todos nuestros estudiantes de secundaria.

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