

Acceso a los autobuses de Elche de perros sin trasportín, pagando su billete.
El problema
Para: Ayuntamiento de Elche y Empresa de Autobuses Urbanos de Elche:
Toda época que no aspire a renovar sus formas de convivencia se condena al atraso. La norma actual que constriñe a los perros a viajar encapsulados en un transportín cerrado dentro de los autobuses de Elche no es solo un arcaísmo reglamentario; es el síntoma de una administración que camina con retraso respecto a la sensibilidad de su propio tiempo.
Frente a la inercia de la prohibición, proponemos una apelación a la razón vital y al civismo de los ilicitanos mediante las siguientes consideraciones:
1.- La tiranía del artefacto y la accesibilidad: Exigir un receptáculo rígido y gravoso contraviene toda lógica de la movilidad. Convierte el trayecto cotidiano en un tormento e imponen una servidumbre insuperable a nuestros mayores y a quienes padecen limitaciones físicas, a quienes la norma, en lugar de servir, entorpece.
2.- La lección de las ciudades maduras: Gran parte de Europa y las capitales españolas más conscientes de su destino ya han superado este prejuicio. Han demostrado que la presencia del perro con correa y bozal (en caso de perros grandes) no genera el caos que el político teme, sino que educa a la comunidad en una elegancia de trato superior.
3.- El principio de la libertad responsable: Solicitamos que se autorice el acceso de los animales provistos de su correa —y bozal cuando la prudencia o la norma lo exijan—, devolviendo al ciudadano la dignidad de ser responsable de su acompañante sin recurrir al encierro del animal.
4.- El deber de la contribución: La convivencia civilizada no busca el privilegio, sino el equilibrio. Proponemos el pago de un billete para la mascota, pues la verdadera ciudadanía consiste en asumir el coste de los servicios de los que se participa.
5.- La apelación a la minoría exigente: Del mismo modo que la norma confía en que el pasajero no grite ni turbe el espacio ajeno, debemos exigir al dueño de un perro el máximo nivel de civismo. La solución no es prohibir la vida, sino educar la conducta.
Elche no puede permitirse el lujo de la zafiedad burocrática ni del inmovilismo. La sensibilidad hacia los animales y la facilitación de la vida diaria son hoy la vara de medir del nivel cultural de un municipio. Los ciudadanos que aspiramos a una ciudad más exigente y refinada tomaremos exacta nota de la altura de miras que nuestras autoridades demuestren ante esta solicitud.
Si crees que Elche debe ponerse a la altura de los tiempos y abrazar un modelo de convivencia más noble, firma esta petición.

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El problema
Para: Ayuntamiento de Elche y Empresa de Autobuses Urbanos de Elche:
Toda época que no aspire a renovar sus formas de convivencia se condena al atraso. La norma actual que constriñe a los perros a viajar encapsulados en un transportín cerrado dentro de los autobuses de Elche no es solo un arcaísmo reglamentario; es el síntoma de una administración que camina con retraso respecto a la sensibilidad de su propio tiempo.
Frente a la inercia de la prohibición, proponemos una apelación a la razón vital y al civismo de los ilicitanos mediante las siguientes consideraciones:
1.- La tiranía del artefacto y la accesibilidad: Exigir un receptáculo rígido y gravoso contraviene toda lógica de la movilidad. Convierte el trayecto cotidiano en un tormento e imponen una servidumbre insuperable a nuestros mayores y a quienes padecen limitaciones físicas, a quienes la norma, en lugar de servir, entorpece.
2.- La lección de las ciudades maduras: Gran parte de Europa y las capitales españolas más conscientes de su destino ya han superado este prejuicio. Han demostrado que la presencia del perro con correa y bozal (en caso de perros grandes) no genera el caos que el político teme, sino que educa a la comunidad en una elegancia de trato superior.
3.- El principio de la libertad responsable: Solicitamos que se autorice el acceso de los animales provistos de su correa —y bozal cuando la prudencia o la norma lo exijan—, devolviendo al ciudadano la dignidad de ser responsable de su acompañante sin recurrir al encierro del animal.
4.- El deber de la contribución: La convivencia civilizada no busca el privilegio, sino el equilibrio. Proponemos el pago de un billete para la mascota, pues la verdadera ciudadanía consiste en asumir el coste de los servicios de los que se participa.
5.- La apelación a la minoría exigente: Del mismo modo que la norma confía en que el pasajero no grite ni turbe el espacio ajeno, debemos exigir al dueño de un perro el máximo nivel de civismo. La solución no es prohibir la vida, sino educar la conducta.
Elche no puede permitirse el lujo de la zafiedad burocrática ni del inmovilismo. La sensibilidad hacia los animales y la facilitación de la vida diaria son hoy la vara de medir del nivel cultural de un municipio. Los ciudadanos que aspiramos a una ciudad más exigente y refinada tomaremos exacta nota de la altura de miras que nuestras autoridades demuestren ante esta solicitud.
Si crees que Elche debe ponerse a la altura de los tiempos y abrazar un modelo de convivencia más noble, firma esta petición.

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Petición creada en 28 de julio de 2026