Abandonada por el sistema desde que nací: pido una vida digna

El problema

Me llamo Luisa, tengo 22 años. Soy hija de padre argelino y madre marroquí, nacida y criada en Valencia. He vivido toda mi vida sin papeles, sin derechos y abandonada por las instituciones que debieron protegerme.

Desde que nací, fui acogida de forma ”informal” por una familia que me maltrató física y psicológicamente (José y Maribel, que “hacían el papel de abuelos por su edad”. A los 3 años la Generalitat formalizó esa tutela, pero nunca tramitó mi documentación. Viví en un limbo legal durante toda mi infancia y adolescencia, con pleno conocimiento de los servicios sociales.

A los 15, mis acogedores se separaron y mi acogedora nos echó de casa a mi acogedor y a mí, ocupando el piso que pertenecía a ambos. Pasé dos años con una depresión severa hasta que José, mi acogedor, pidió mi ingreso en un centro de menores. Allí pasé la pandemia. Fue en ese centro donde logré contactar con mis padres biológicos a través de redes, lo que inició un intento de regularización que nunca se cerró.

A los 18 me metieron en un piso de emancipación, prometiendo regularizar mi situación. Conseguí un NIE temporal, volví a vivir con mi acogedor, empecé 2º de Bachillerato y trabajaba en negro para sobrevivir. Pero cinco meses antes de que caducara el NIE, pedí ayuda a Servicios Sociales de Alboraya para renovarlo por arraigo social. Me dieron largas hasta que los papeles caducaron.

Me echaron del instituto por no tener documentación válida. No podía estudiar ni trabajar. Mi salud mental se vino abajo. José, mi acogedor, presionado por su familia, y al resultarle de nuevo una carga, me denunció falsamente para echarme de casa. Acabé en la calle, durmiendo donde podía.

Fui al hospital con ideaciones suicidas. Me dieron un parte médico y un diazepam. Me devolvieron a la calle. Al poco, volví a pedir ayuda en casa. Me detuvieron por romper la orden de alejamiento provisional que José había solicitado como excusa para echarme. Pasé la noche en calabozos.

Y entonces, lo peor: Servicios Sociales me dijo que mi única opción era volver a vivir con mi ex maltratadora. Lo hice. Aguanté tres meses, hasta que nos desahuciaron. Me ofrecieron seguir compartiendo habitación con ella en un hotel del pueblo. Reventada mentalmente, decidí irme con mi pareja.

Hoy no tengo papeles, no puedo trabajar, estudiar ni acceder a sanidad. No tengo hogar. Dependo de mi expareja y de la ayuda puntual de algún amigo. Nadie me ayuda. Nadie se hace cargo. La Generalitat, Servicios Sociales, el consulado: todos me dieron la espalda.

Esta es mi historia, pero no es solo mía. Hay muchas personas tuteladas como yo que han sido sacadas del sistema sin documentación, sin recursos, sin derechos. Y cuando pedimos ayuda, ya es tarde.

Firmar esta petición es pedir que se reconozca mi historia, se investigue mi caso y se tomen medidas urgentes para devolverme lo que me arrebataron: una vida digna.

Porque yo no he elegido esto. Y aún estoy a tiempo de vivir.

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El problema

Me llamo Luisa, tengo 22 años. Soy hija de padre argelino y madre marroquí, nacida y criada en Valencia. He vivido toda mi vida sin papeles, sin derechos y abandonada por las instituciones que debieron protegerme.

Desde que nací, fui acogida de forma ”informal” por una familia que me maltrató física y psicológicamente (José y Maribel, que “hacían el papel de abuelos por su edad”. A los 3 años la Generalitat formalizó esa tutela, pero nunca tramitó mi documentación. Viví en un limbo legal durante toda mi infancia y adolescencia, con pleno conocimiento de los servicios sociales.

A los 15, mis acogedores se separaron y mi acogedora nos echó de casa a mi acogedor y a mí, ocupando el piso que pertenecía a ambos. Pasé dos años con una depresión severa hasta que José, mi acogedor, pidió mi ingreso en un centro de menores. Allí pasé la pandemia. Fue en ese centro donde logré contactar con mis padres biológicos a través de redes, lo que inició un intento de regularización que nunca se cerró.

A los 18 me metieron en un piso de emancipación, prometiendo regularizar mi situación. Conseguí un NIE temporal, volví a vivir con mi acogedor, empecé 2º de Bachillerato y trabajaba en negro para sobrevivir. Pero cinco meses antes de que caducara el NIE, pedí ayuda a Servicios Sociales de Alboraya para renovarlo por arraigo social. Me dieron largas hasta que los papeles caducaron.

Me echaron del instituto por no tener documentación válida. No podía estudiar ni trabajar. Mi salud mental se vino abajo. José, mi acogedor, presionado por su familia, y al resultarle de nuevo una carga, me denunció falsamente para echarme de casa. Acabé en la calle, durmiendo donde podía.

Fui al hospital con ideaciones suicidas. Me dieron un parte médico y un diazepam. Me devolvieron a la calle. Al poco, volví a pedir ayuda en casa. Me detuvieron por romper la orden de alejamiento provisional que José había solicitado como excusa para echarme. Pasé la noche en calabozos.

Y entonces, lo peor: Servicios Sociales me dijo que mi única opción era volver a vivir con mi ex maltratadora. Lo hice. Aguanté tres meses, hasta que nos desahuciaron. Me ofrecieron seguir compartiendo habitación con ella en un hotel del pueblo. Reventada mentalmente, decidí irme con mi pareja.

Hoy no tengo papeles, no puedo trabajar, estudiar ni acceder a sanidad. No tengo hogar. Dependo de mi expareja y de la ayuda puntual de algún amigo. Nadie me ayuda. Nadie se hace cargo. La Generalitat, Servicios Sociales, el consulado: todos me dieron la espalda.

Esta es mi historia, pero no es solo mía. Hay muchas personas tuteladas como yo que han sido sacadas del sistema sin documentación, sin recursos, sin derechos. Y cuando pedimos ayuda, ya es tarde.

Firmar esta petición es pedir que se reconozca mi historia, se investigue mi caso y se tomen medidas urgentes para devolverme lo que me arrebataron: una vida digna.

Porque yo no he elegido esto. Y aún estoy a tiempo de vivir.

Los destinatarios de la petición

Ministerio de Justicia
Gobierno de España

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Petición creada en 28 de julio de 2025