Abandonada por el sistema desde que nací: pido una vida digna

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El problema

CASI 24 AÑOS INTENTANDO EXISTIR:

 LA HISTORIA DE UNA MENOR TUTELADA QUE NACIÓ EN ESPAÑA Y A LA QUE EL SISTEMA NUNCA TERMINÓ DE RECONOCER

Me llamo Luiza Dendani. Tengo 23 años, estoy a punto de cumplir 24 y nací el 23 de enero de 2003 en el Hospital Clínico de Valencia. Soy valenciana. He nacido, crecido y vivido en España. Tengo partida de nacimiento española.

Sin embargo, durante prácticamente toda mi vida he vivido sin una documentación que me permitiera ejercer con normalidad mis derechos. He pasado por diferentes situaciones administrativas, he perdido documentos, he vuelto a quedarme indocumentada y he tenido que depender de otras personas para realizar gestiones tan básicas como acudir al médico, estudiar, trabajar, solicitar ayudas o defenderme jurídicamente.

Hoy tengo un pasaporte marroquí y un NIE, pero sigo sin tener una situación administrativa resuelta que me permita vivir con autonomía en el país donde he nacido. He pasado de no tener documentación de ningún país a existir administrativamente como extranjera en mi propio lugar de nacimiento.

Y esto no empezó cuando cumplí 18 años. Empezó mucho antes. Empezó cuando era una niña y las instituciones que debían protegerme comenzaron a tomar decisiones sobre mi vida sin que yo tuviera voz.

1. 2003-2006 | Nacer en España y comenzar una vida que nunca pude controlar

Nací en Valencia, hija de padre argelino y madre marroquí. Mi historia familiar está atravesada por diferentes orígenes, versiones y circunstancias que ni siquiera hoy conozco por completo.

Desde muy pequeña fui acogida por una familia que terminó convirtiéndose en mi referencia familiar. Para mí, aquellas personas no eran simplemente mis acogedores: eran mis abuelos. Eran mi familia, mi casa y el único entorno que entendía como propio.

Según la documentación de la que dispongo, la Generalitat Valenciana formalizó mi tutela cuando tenía aproximadamente tres años.

Desde entonces, mi vida quedó vinculada a la Administración y a las decisiones de los adultos que estaban a mi alrededor.

Yo no elegí mi situación familiar, no elegí mi situación administrativa y tampoco podía comprender lo que significaba crecer sin una identidad documental plenamente reconocida.

Era una niña. Mi única responsabilidad debería haber sido crecer protegida.

2. Mi infancia | Crecer entre personas que debían cuidarme

Durante mi infancia sufrí situaciones de maltrato físico y psicológico en el entorno que debía proporcionarme seguridad.

He crecido escuchando versiones sobre mi familia biológica, sobre mis padres y sobre las razones por las que había terminado bajo tutela. Durante años me dijeron que mis padres estaban en paradero desconocido.

No tenía herramientas para comprobar nada de aquello. Dependía de los adultos y de los documentos que otros elaboraban sobre mí.

Hoy ni siquiera puedo reconstruir con certeza una parte importante de mi infancia. Hay cosas que recuerdo, otras que conozco por expedientes y otras que he empezado a cuestionar después de escuchar versiones contradictorias de distintas personas.

Hace relativamente poco ha reaparecido mi padre biológico en España contando una versión diferente de algunos acontecimientos.

Y eso abre una pregunta terrible: ¿cuánto de lo que me contaron sobre mi propia vida era cierto?

No estoy afirmando que todo lo que aparece en mis expedientes sea falso. Estoy diciendo que necesito conocer la verdad, acceder a toda mi documentación y que alguien investigue qué ocurrió realmente durante los años en los que yo no tenía capacidad para defenderme.

3. Los 14 años | El principio de la ruptura

Aproximadamente a los 14 años se produjo uno de los primeros grandes puntos de inflexión de mi vida.

La mujer a la que yo consideraba mi abuela manifestó ante los servicios sociales que ya no quería seguir cuidándome.

La finca familiar era de mi acogedor y, tras aquella situación, ella cambió la cerradura. La vivienda en la que terminé viviendo estaba justo enfrente.

Imaginad lo que significa para una adolescente que su casa, sus animales, sus pertenencias y todo lo que hasta entonces había considerado su vida estén a escasos metros, pero que no pueda entrar.

A un metro de distancia de lo que había sido su hogar y, al mismo tiempo, completamente fuera de él.

Desde los 14 años empecé a atravesar un deterioro psicológico muy importante. He sufrido durante años un sufrimiento emocional que me ha llevado a intentar quitarme la vida desde esa edad.

No lo cuento para generar compasión ni para convertir mi dolor en espectáculo. Lo cuento porque la salud mental de una menor tutelada también forma parte de la obligación de protección de las instituciones.

No se puede hablar de protección de la infancia sin preguntarse qué ocurre cuando una niña empieza a perder las ganas de vivir mientras las instituciones conocen su situación.

Entre los 14 y los 17 años llegué a estar medicada. Mi vida se fue deteriorando mientras intentaba entender por qué las personas que consideraba mi familia podían hacerme aquello.

4. La adolescencia | Centros de menores, decisiones administrativas y una infancia interrumpida

En algún momento de mi adolescencia terminé ingresando en un centro de menores de la Administración valenciana.

La fecha exacta y las circunstancias de cada intervención deben reconstruirse a partir de los expedientes, porque no conservo recuerdos completos de todos aquellos acontecimientos.

Lo que sí puedo decir es que pasé por recursos de protección sin comprender por qué se tomaban determinadas decisiones sobre mí y sin tener documentación que me permitiera desenvolverme con normalidad.

Tengo informes y documentación que permiten acreditar mi paso por estos recursos y las circunstancias que lo rodearon.

Durante esa etapa también intenté buscar a mis padres biológicos. Quería saber quiénes eran, de dónde venía y por qué había terminado viviendo aquella situación. Siempre había escuchado que estaban desaparecidos o en paradero desconocido.

A los 17 años, según mi recuerdo de esta etapa, volví a encontrarme bajo la tutela de la Administración y en un centro de menores.

Mientras tanto, seguía sin tener una identidad documental estable.

Es difícil explicar lo que supone que una Administración tenga capacidad para decidir dónde vives, qué recurso utilizas y qué ocurre contigo, pero que al mismo tiempo tu situación documental siga sin resolverse.

Era suficientemente visible para que decidieran sobre mi vida, pero no para que se garantizasen todos mis derechos.

5. Los 18 años | Cumplir la mayoría de edad no significó ser libre

Cuando cumplí 18 años, mi trabajadora social, con quien sigo manteniendo contacto y que todavía intenta ayudarme dentro de sus posibilidades, consiguió que accediera a un piso de emancipación.

Estuve allí aproximadamente seis meses.

La idea era trabajar en un proceso de autonomía y un posible retorno al domicilio de mi acogedor, a quien yo consideraba mi abuelo.

Durante todo ese tiempo seguí estudiando. No abandoné mi formación ni dejé de intentar construir un futuro.

Finalmente, mi acogedor solicitó que regresara a casa y volví con él.

Para mí no era una decisión cualquiera. Era regresar con mi abuelo. Era volver a la única familia que creía tener.

En aquella etapa seguí estudiando y también trabajé sin contrato. Durante el verano trabajé en su negocio familiar.

Mi salida del piso de emancipación estuvo relacionada con ese retorno familiar y con la posibilidad de regularizar mi situación documental.

En un momento determinado, por circunstancias excepcionales, consiguieron tramitarme una cédula de inscripción y posteriormente un permiso de residencia.

Por primera vez parecía que las cosas podían empezar a solucionarse.

Pero aquella estabilidad documental no duró.

6. La pérdida de documentación | Volver a desaparecer administrativamente

Seguí acudiendo a servicios sociales para pedir ayuda con el arraigo y con la renovación de mi situación administrativa.

Necesitaba que me orientasen para no perder mi permiso, poder seguir estudiando y trabajar legalmente.

Sin embargo, según mi experiencia, aquellas gestiones no se llevaron adelante como necesitaba.

Mi permiso terminó caducando y volví a quedarme sin documentación en vigor.

Y aquí aparece una de las contradicciones más dolorosas de mi historia: se me exigía estudiar, trabajar, tener estabilidad y cumplir unos requisitos administrativos que precisamente no podía cumplir sin una documentación adecuada y sin apoyo institucional efectivo.

No era que no quisiera trabajar.

No era que no quisiera estudiar.

Era que mi propia situación administrativa me impedía hacerlo con normalidad.

Y entonces ocurrió algo que cambió definitivamente mi vida.

7. La orden de alejamiento | Quedarme sin casa cuando ya no tenía protección

Mi acogedor decidió solicitar a escondidas una orden de alejamiento contra mí.

En aquella solicitud, según la documentación y las circunstancias que conozco, se alegó que yo no estudiaba ni trabajaba.

Pero yo seguía estudiando y mi situación laboral y documental estaba condicionada por los problemas administrativos que llevaba años arrastrando.

Aquella orden de alejamiento fue provisional y posteriormente desestimada.

Sin embargo, sus consecuencias fueron inmediatas: me quedé sin hogar.

Una medida que finalmente no prosperó ya había provocado que perdiera el lugar donde vivía.

Me encontré nuevamente acudiendo a servicios sociales, pidiendo ayuda y tratando de explicar que no tenía dónde ir.

Y la solución que me ofrecieron fue regresar a la vivienda de la mujer que había manifestado años antes que no quería seguir cuidándome, que había cambiado la cerradura y con quien había vivido situaciones de maltrato.

Era la vivienda que había sido mi casa durante toda mi vida, pero también el lugar del que había sido apartada.

Y yo estaba desesperada.

Acepté porque necesitaba un techo.

No porque aquella situación fuera segura ni porque hubiera desaparecido lo que había ocurrido anteriormente.

8. Tres meses después | Un nuevo desahucio y volver a empezar desde cero

Aproximadamente tres meses después de regresar, aquella vivienda fue objeto de un procedimiento de desahucio en el contexto de la separación de mis acogedores.

La situación familiar y judicial entre ellos seguía desarrollándose.

Desde entonces, la mujer que había sido mi acogedora también ha atravesado una situación de falta de vivienda, mientras continúan los procedimientos judiciales y los recursos.

Mi acogedor ha reconocido ante otras personas que había mentido sobre algunas de las circunstancias que utilizó para justificar su actuación contra mí.

Esto es algo que considero fundamental que se investigue y contraste.

Porque mientras los adultos podían acudir a abogados, presentar escritos, recurrir resoluciones y defender sus intereses, yo seguía sin documentación, sin vivienda estable y sin recursos para defenderme.

La orden de alejamiento se desestimó.

Pero nadie me devolvió automáticamente mi hogar, mi estabilidad ni los años que había perdido.

Y una vez más, la consecuencia de todo aquello la estaba pagando yo.

9. La vida después de la tutela | Una joven que va de casa en casa sin poder acceder a sus derechos

A partir de entonces he vivido acogida por diferentes personas.

He tenido que ir de un lugar a otro, dependiendo de la voluntad y las posibilidades de terceros para tener un techo.

No tenía una estabilidad residencial que me permitiera construir una vida independiente.

Tampoco podía acceder con normalidad a determinadas ayudas, entre otras cosas por los problemas de empadronamiento y documentación.

No podía gestionar por mí misma muchas cuestiones básicas.

No podía acceder con normalidad a una atención sanitaria continuada, a expedientes médicos, a prestaciones o a una defensa jurídica independiente.

Durante todo este tiempo he seguido intentando reconstruir mi vida.

He pedido ayuda a servicios sociales.

He intentado entender mi expediente.

He buscado documentación.

He tratado de encontrar personas que pudieran escucharme.

He contactado con instituciones y representantes públicos.

He tenido que explicar una y otra vez una historia que ni siquiera yo puedo reconstruir completamente porque gran parte de mi infancia está documentada por terceros.

Y mientras tanto, los años seguían pasando.

10. La búsqueda de justicia | Tener que conseguir que alguien escuche lo que lleva años ocurriendo

He intentado que mi situación llegue a las instituciones y a los responsables políticos.

Me he reunido con representantes de Compromís y con Mónica Oltra, quien había tenido responsabilidades políticas relacionadas con la protección de menores en la Comunitat Valenciana.

Le expliqué mi situación y la falta de documentación, vivienda y autonomía.

En aquella conversación recibí como respuesta que me casara o que volviera a contactar cuando tuviera el permiso de residencia.

No quiero convertir una conversación en una acusación que no pueda acreditar literalmente. Pero sí quiero explicar lo que significó para mí escuchar aquello después de tantos años intentando que las instituciones se responsabilizaran de mi situación.

También he intentado obtener ayuda por otras vías, acudir a personas con capacidad de dar visibilidad y buscar espacios donde se hable de la realidad de los menores tutelados y los extutelados.

Porque mi problema no termina con cumplir 18 años.

La tutela puede finalizar administrativamente, pero las consecuencias de una infancia marcada por el abandono, la falta de documentación, la inestabilidad y la ausencia de recursos no desaparecen al alcanzar la mayoría de edad.

11. La documentación actual | Casi 24 años después, sigo sin poder vivir con autonomía

Actualmente he conseguido un pasaporte marroquí y un NIE.

Mi situación documental ha avanzado, pero eso no significa que mi problema esté resuelto.

Mi autorización de residencia española sigue en trámite.

He tenido que recurrir a mi pareja para poder contratar asistencia jurídica y avanzar en procedimientos que no podía gestionar económicamente por mi cuenta.

He llegado a depender de terceros para cuestiones tan esenciales como la vivienda, la economía, los trámites administrativos y la defensa de mis propios derechos.

No tengo la independencia que debería tener cualquier persona de mi edad.

No quiero que mi posibilidad de vivir dignamente dependa de estar en una relación, de que alguien pueda mantenerme o de que otra persona esté dispuesta a poner su nombre para ayudarme.

Quiero poder existir por mí misma.

Quiero trabajar, estudiar, tener una vivienda, acudir a un médico, acceder a mis expedientes y construir mi futuro sin tener que pedir permiso a alguien para cada paso.

Y quiero que se investigue por qué una persona nacida en España, bajo tutela administrativa desde la infancia, ha llegado a esta edad arrastrando semejante situación documental.

12. La cuestión jurídica | ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Mi caso plantea preguntas que necesitan una revisión jurídica y administrativa seria.

Entre ellas, la aplicación de las disposiciones del Código Civil sobre adquisición de nacionalidad española, especialmente el artículo 22.2, y la posible incidencia de mi situación de tutela y acogimiento en los requisitos legales que podían haber resultado aplicables.

No afirmo que el artículo 22.2 conceda automáticamente la nacionalidad por haber nacido en España. Precisamente por eso reclamo que se examine mi expediente completo, mi situación de tutela, los periodos de residencia y las obligaciones administrativas que existían en cada momento.

Quiero saber qué actuaciones se realizaron, cuáles se omitieron, qué posibilidades legales tenía y por qué no se garantizó una solución documental estable durante mi infancia y adolescencia.

No quiero que se me responda simplemente que ahora tengo que iniciar otro procedimiento.

Quiero saber qué ocurrió antes.

Quiero saber quién tenía la responsabilidad de actuar.

Y quiero que se determinen las consecuencias de los errores u omisiones que puedan acreditarse.

13. Lo que no se ve | La salud mental de una persona que lleva toda la vida sobreviviendo

Hay una parte de mi historia que no siempre aparece en los expedientes administrativos.

Mi salud mental.

Llevo sufriendo desde la adolescencia. Desde los 14 años he tenido intentos de suicidio.

He pasado por situaciones que me han superado emocionalmente y he llegado a sentir que no había salida.

No es una frase dramática para acompañar una campaña.

Es una parte real de lo que he vivido.

He tenido que sobrevivir a situaciones familiares, institucionales, administrativas y económicas que se han ido acumulando durante años.

Y todavía hoy sigo batallando.

No he tenido la oportunidad de detenerme y reconstruirme porque cada vez que parece que un problema se soluciona aparece otro.

Cuando consigo documentación, aparece otro obstáculo.

Cuando consigo un techo, vuelve la inestabilidad.

Cuando encuentro una vía para defenderme, necesito depender económicamente de alguien.

Cuando intento acceder a mis derechos, me encuentro con una nueva barrera.

La mayoría de las personas de mi edad están intentando construir su futuro.

Yo sigo intentando recuperar las condiciones básicas que debería haber tenido desde niña.

14. Esto no es solamente mi historia | Los menores tutelados y los extutelados necesitan voz

Con el tiempo he conocido y escuchado otras historias de personas que han pasado por el sistema de protección.

Personas que han vivido situaciones de abandono, violencia, falta de acompañamiento, problemas documentales, dificultades de emancipación y ausencia de recursos al cumplir la mayoría de edad.

No quiero hablar en nombre de todas ellas ni atribuirles una experiencia idéntica a la mía.

Pero sí puedo afirmar que he conocido testimonios que plantean problemas que merecen ser investigados colectivamente.

Mi historia no debería analizarse como una anécdota aislada.

Hay que preguntarse qué ocurre con los menores cuando salen del sistema de protección, qué seguimiento reciben, qué sucede con quienes no tienen una red familiar, cómo se garantiza su documentación y quién responde cuando las medidas de protección no han conseguido protegerlos.

Necesitamos que los extutelados tengan espacios propios de representación, participación y reivindicación.

Necesitamos que se escuche a quienes han pasado por esos centros, pisos y recursos.

Necesitamos que los expedientes se revisen, que se investiguen las denuncias y que se analicen los fallos estructurales.

Y necesitamos que los menores que están ahora mismo bajo tutela no tengan que convertirse en adultos con historias como la mía para que alguien les preste atención.

15. Lo que estoy pidiendo | No quiero fama, quiero justicia

No estoy contando mi historia para que la gente me tenga lástima.

No quiero convertirme en la chica a la que todo le ha salido mal.

No quiero que mi identidad quede reducida a ser una inmigrante, una extutelada, una persona sin documentación o una víctima.

Quiero que se conozca mi historia porque durante casi 24 años no he conseguido que se reconozca plenamente mi situación.

Quiero:

Que se investigue mi expediente de tutela y acogimiento desde el principio.
Que se esclarezcan las circunstancias de mi infancia y las decisiones que se tomaron sobre mí.
Que se revisen mis expedientes administrativos y documentales.
Que se determine si hubo errores, omisiones o responsabilidades institucionales.
Que se estudie jurídicamente mi derecho a la nacionalidad y a una situación documental estable.
Que se garantice mi acceso efectivo a la sanidad, la vivienda, el trabajo, las prestaciones y la defensa jurídica.
Que se examine la situación de otros menores tutelados y extutelados que puedan estar atravesando problemas similares.
Que se creen espacios de representación donde los propios extutelados podamos participar y exigir soluciones.
No quiero que otras personas tengan que pasar por lo mismo para que se empiece a hablar de ello.

No quiero que dentro de diez años aparezca otra persona contando una historia parecida y que vuelva a recibir la misma respuesta: que es un caso aislado.

Porque cuando empiezas a escuchar testimonios, cuando encuentras documentos y cuando ves que determinadas dificultades se repiten, tienes la obligación de preguntarte si existe un problema estructural.

Y eso merece una investigación independiente, seria y transparente.

 


CASI 24 AÑOS DESPUÉS

He nacido en Valencia.

Tengo una partida de nacimiento española.

He estado bajo la protección de la Administración valenciana desde que era pequeña.

He pasado por recursos de protección.

He sufrido situaciones de maltrato.

He intentado quitarme la vida desde los 14 años.

He estudiado, he trabajado y he intentado salir adelante.

He perdido mi hogar.

He vuelto a perder mi documentación.

He dependido de personas para poder sobrevivir.

He pedido ayuda a los servicios sociales.

He llamado a puertas políticas.

He tenido que buscar abogados y documentación por mis propios medios.

He pasado años intentando reconstruir una infancia de la que ni siquiera tengo todos los recuerdos.

Y hoy, casi con 24 años, sigo sin poder vivir con la autonomía y los derechos que deberían estar garantizados.

¿Cómo puede una niña estar bajo la tutela de una Administración durante años y llegar a la edad adulta con semejante desprotección?

¿Quién responde por esa infancia?

¿Quién responde por los años sin documentación?

¿Quién responde por las oportunidades perdidas?

¿Quién responde por la salud mental de una menor que pidió ayuda y que hoy sigue intentando reconstruir su vida?

No quiero que me expliquen que ahora soy adulta y que tengo que resolverlo todo por mi cuenta.

Porque cuando era una niña, precisamente era la Administración la que tenía la responsabilidad de protegerme.

Y si el sistema no consiguió hacerlo, alguien tiene que investigarlo.

No somos expedientes que se archivan cuando cumplimos 18 años.

No somos historias tristes para consumir en redes sociales.

No somos casos aislados que se olvidan cuando dejan de aparecer en los titulares.

SOMOS PERSONAS.

Personas que hemos crecido dentro de un sistema que debía protegernos y que, en demasiadas ocasiones, hemos terminado enfrentándonos solas a las consecuencias.

Yo no quiero fama por ser una pobrecita.

Quiero justicia.

Quiero respuestas.

Quiero que se investigue.

Quiero dejar de depender de terceros para ejercer mis derechos.

Quiero poder construir una vida sin seguir pagando los errores de una infancia que no elegí.

Y, sobre todo, quiero que se nos empiece a escuchar.

Porque llevo casi 24 años intentando existir.

Y no pienso seguir siendo invisible.

CASO LUIZA DENDANI.

No para que se hable solamente de mí.

Para que se empiece a hablar de todos aquellos a quienes el sistema de protección dejó atrás.

 Gracias por leer🙏🏻🫂

Los destinatarios de la petición

Gobierno de España

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