Peticiones en Change.org

Croquetas ilegales: el símbolo contra el desperdicio de comida en los colegios

Apr 17, 2017

El secreto de unas buenas croquetas está en el roux. No te asustes, no es nada raro. Es la mezcla de harina y mantequilla a partes iguales a la que se le añade un líquido (leche o caldo) para hacer una salsa bechamel o velouté que será la base de la masa de croquetas. No nos hemos vuelto locos, te hablamos de croquetas porque han sido un potente símbolo de la lucha por acabar con el desperdicio de alimentos en los colegios.

Si pensamos en aprovechar la comida al máximo, aparece en nuestra mente la idea de hacer croquetas. No solo porque están riquísimas y son una manera increíble de viajar a nuestra infancia, a quemarnos la lengua por el deseo irrefrenable de comer una deliciosa croqueta acabada de hacer. También porque suponen un producto basado en el aprovechamiento de sobras de otras comidas que hemos hecho. En tres palabras: croquetas de cocido. Y ahora que tenemos tu atención, vamos a contarte la que se ha montado este año con el desperdicio de comida, los colegios, las croquetas, chefs y diputados como protagonistas. El tema promete, ¿a que sí?

Cristina Romero vive en el Alt Empordà, en la provincia de Girona. Cuando vio que en el colegio de sus hijos la comida que sobraba en el comedor escolar acababa en la basura, tuvo que hacer algo. “Según la FAO, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia. Si tenemos en cuenta la situación de crisis en la que vivimos, es una cifra escandalosa” nos cuenta.

La situación en muchos comedores escolares contribuye a eso cada día. Toneladas de comida se tiran cada día a la basura cuando acaba la jornada escolar. ¿La razón? La Ley 17/2011. Esta ley, que regula la seguridad alimentaria, establece que “por razones higiénicas y sanitarias la comida sobrante no puede ser manipulada” y que por eso, debe tirarse a la basura la comida que sobre cada día.

Cristina no se quedó de brazos cruzados. Empezó a moverse. Y lo hizo en dos direcciones. Lo fácil era hablar con el colegio de sus hijos y provocar cambios en su entorno más cercano. Lo consiguió. Pero lo difícil y lo increíblemente poderoso era iniciar un movimiento para acabar con esto a nivel nacional. Y en ello está: inició una petición en Change.org, conoció a expertos en la materia y se fue al Congreso de los Diputados con su petición debajo del brazo.

Cristina quiere llevar experiencias pioneras en todo el país como la del colegio de sus hijos, el CEIP Teresa de Pallejà de Fortià a escala nacional. Por eso, su petición suma más de 236.000 firmas al acabar el año. Y en 2017 la lucha seguirá con fuerza.

¿Qué pide Cristina? Que se regulen las normativas que a día de hoy permiten tirar la comida sobrante de los comedores escolares. “En algunos municipios de España ya se han implantado medidas parecidas. Hay diferentes maneras de distribuir la comida que sobra para trasladarla a algún comedor social o albergue cercano” indica Cristina.

Cristina nos da algunas pistas de cómo se podría reducir el desperdicio de comida en los comedores escolares. En muchos colegios la comida viene en grandes bandejas colectivas, que a día de hoy, es imposible aprovechar según la ley. Ella propone una solución. Que la comida se embale en tuppers de una sola ración, que se etiqueten y se congelen. Así, las entidades sociales o los mismos ayuntamientos se podrían encargar de recogerlos y asegurarse de que la comida no rompe la cadena del frío para luego transportarlo y distribuirlo entre las personas con dificultades.

Ahora que ya conoces la lucha de Cristina y el impacto que está teniendo, es el momento de que te hablemos de uno de los moments clave de su campaña. El día en el que se presentó en el Congreso de los Diputados con algo más que las firmas debajo del brazo. Lo hizo con 100 croquetas para sus señorías. Pero no eran croquetar normales. Eran croquetas ilegales.

Emborrizadas. Perfectamente ordenadas. Con ese olor que alimenta. En una caja refrigerada para no romper la cadena de frío. Así llegaron el 19 de octubre más de 100 croquetas ilegales al Congreso de los Diputados. Junto a ellas, las más 225.000 firmas, que tenía la petición en ese momento.

Pero…¿por qué fue Cristina a Madrid? ¿Qué hizo? ¿Con quién se reunió? ¿De dónde surgió la idea de las croquetas ilegales? Vayamos por partes.

Una forma muy efectiva de hacer llegar las firmas de una campaña al destinatario es haciendo una entrega de firmas. Semanas antes, Cristina escribió a los miembros de la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados para anunciarles que iba a estar en Madrid, por si podían encontrar un hueco en sus agendas para poder reunirse con ella. Y así fue.

Pero esa entrega de firmas iba a tener algo especial. Con ella viajaron unas croquetas para sus señorías. Croquetas que había preparado la chef Ada Parellada con las sobras de un comedor escolar. Comunicando la idea de que la comida se puede aprovechar. Pero ilegales, porque bajo la legislación esas croquetas no podrían existir.

A las 9.50 del miércoles 19 de octubre se estuvo reuniendo con varias diputadas del Partido Popular y a las 13.00 con representantes de Podemos. Y entre medias, una sorpresa: la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, también se reunió con la delegación compuesta por Cristina Romero, la chef Ada Parellada y el experto en seguridad alimentaria Juan Marcos de Miquel. La presidenta del Congreso se mostró muy entusiasmada con la iniciativa al tiempo que aportó un par de ideas.

¿De dónde surgió la idea de cocinar “croquetas ilegales”? En ocasiones hay personas ajenas a las peticiones que deciden apoyar a una campaña además de con su firma, con una idea. Es el caso de las “croquetas ilegales”, la idea salió de la cabeza de Pablo y Borja, dos alumnos de la escuela TAG (The Atomic Garden). Ambos pensaron: ¿Qué se podría hacer con esa comida que se tira a la basura? Pues croquetas. ¿Qué pasaría con esas croquetas? ¿Alguien podría hacerlas con esos restos? Sí, pero a efectos de cómo está planteada la ley, igual ya no sería tan fácil porque las trabas son enormes.

Pero… ¿realmente eran ilegales? En opinión de Juan Marcos de Miquel, y tras releer la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición, el artículo 9 establece entre las obligaciones de quienes tienen o producen estos alimentos que “si hay motivos para pensar que alguno de los alimentos que ha importado, producido, transformado, fabricado o distribuido no cumple con los requisitos de seguridad específicos, procederá inmediatamente a su retirada”. En opinión de este experto, “si los alimentos han sido correctamente manipulados se podrían aprovechar” y “solo sería necesario ampliar el articulado para favorecer la función social de los alimentos sobrantes”. Por tanto, ¿qué comida podría reutilizarse para ser distribuida, o incluso para hacer croquetas? Toda aquella que no haya salido del comedor, ni haya sido expuesta en los lineales de los comedores. ¿Restos que haya dejado un niño en su bandeja? No, por supuesto. ¿Media bandeja de macarrones de los que se sirven en platos individuales? Tampoco. ¿Una bandeja entera de pollo, que no ha salido de la cocina? Sí. Es ahí donde se puede aprovechar esa comida para que otras personas puedan beneficiarse.

Los resultados de las reuniones fueron positivos. No sólo porque muchos políticos se interesaron por la iniciativa, sino porque incluso, desde Presidencia del Congreso de los Diputados pidieron a Cristina que remita un escrito para que puedan dar a conocer cómo es la situación del desperdicio de alimentos en España en la Comisión de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

2017 puede traer avances en esta cuestión que preocupa mucho y que puede ayudar a tantas y tantas personas. La cuestión del desperdicio de alimentos no es algo ajena a los usuarios de Change.org. Es un tema que, con soluciones tan sensatas como las de Cristina, podría tener un efecto muy positivo para los que más lo necesitan. Si hace unos años una petición en Change.org Francia consiguió una ley contra el desperdicio de alimentos en supermercados que llegó a discutirse en Europa, la petición de Cristina puede contribuir de forma decisiva a reducir el preocupante desperdicio de comida en un país en el que no todos tienen acceso a la comida.

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