Un llamado a la cordura, la ética universitaria y la reflexión colectiva

La causa

 

 

 

 

La Universidad de Antioquia ha sido históricamente un escenario para el pensamiento crítico, la argumentación rigurosa, el respeto por la diferencia y la construcción colectiva del conocimiento. Por ello, resulta preocupante que, en el marco de un proceso de elección tan importante para el futuro de nuestra Alma Máter, como la designación de rector comiencen a aparecer prácticas que poco tienen que ver con la tradición universitaria y mucho con las formas más cuestionables de la confrontación política.

Toda candidatura está expuesta al debate, al escrutinio y a la crítica. Eso es legítimo y necesario. Lo que no resulta legítimo es intentar sustituir el debate de las ideas por la descalificación de las personas; la confrontación de propuestas por la difusión de rumores; la evaluación de las trayectorias por la agresión personal.

Como comunidad universitaria estamos llamados a preguntarnos qué tipo de Universidad queremos construir. Si aspiramos a una institución basada en el conocimiento, la ciencia, la ética pública y el respeto por la dignidad humana, debemos rechazar cualquier práctica que pretenda invalidar a una persona mediante afirmaciones engañosas, ataques personales o campañas de desprestigio.

La historia de nuestra Universidad nos enseña que los liderazgos deben evaluarse por sus ejecutorias, por sus aportes académicos, por su compromiso institucional y por su capacidad para construir comunidad. Son los hechos, y no los rumores, los que deben orientar nuestras decisiones.

Por ello, antes de aceptar afirmaciones destinadas a generar desconfianza o división, vale la pena contrastar la información y observar las trayectorias con serenidad.

En el caso del profesor Edwin González Marulanda, hablamos de un egresado de la Universidad de Antioquia que ingresó a la institución mediante concurso público de méritos, superando exigentes requisitos académicos, investigativos y de certiicación internacional de segunda lengua. Su trayectoria incluye formación de dos maestrías y doctorado, ejercicio docente en pregrado y posgrado, liderazgo en discusiones curriculares, experiencia gremial y sectorial, así como una amplia dedicación a la administración universitaria.

Durante años ha servido a la Universidad desde diferentes responsabilidades académicas y administrativas, desempeñándose como directivo universitario, integrante de diversos comités y representante institucional en escenarios de toma de decisiones. Esa experiencia no surge de discursos ni de aspiraciones coyunturales; es el resultado de décadas de trabajo universitario, de aprendizajes, de aciertos, de errores reconocidos y de una permanente disposición al diálogo y al mejoramiento.

Los resultados de gestión también merecen ser observados con objetividad. Bajo su liderazgo y el de su equipo se impulsó una gestión basada en procesos, resultados y metas verificables; se promovió la transformación digital de la Facultad; se fortalecieron mecanismos de transferencia de conocimiento institucional; se consolidaron iniciativas de incidencia en política pública articuladas con otras dependencias universitarias; se sostuvo una gestión de extensión con resultados positivos para la Universidad; y se preservó un modelo financiero que ha permitido mantener estabilidad,  sostenibilidad y solidaridad institucional.

A ello se suma una práctica permanente de transparencia y rendición de cuentas. Durante la vigencia más reciente, la Facultad Nacional de Salud Pública desarrolló un proceso amplio y participativo de rendición de cuentas, preparado durante varios meses, con espacios de consulta previa, participación presencial y virtual, evaluación ciudadana y divulgación abierta de resultados. Caso similar, para 2025, cuya evaluación por parte de la  comunidad académica destacó la claridad de la información, la organización del proceso, la transparencia de la gestión y el trabajo articulado del equipo administrativo. La totalidad de los participantes consideró que la información presentada fue suficiente o completa, mientras que una amplia mayoría valoró positivamente el formato de comunicación y los resultados alcanzados.

Por supuesto, ninguna gestión humana es perfecta. Ningún directivo puede afirmar que ha acertado siempre. La Universidad es una organización compleja y diversa, donde las decisiones generan acuerdos y desacuerdos legítimos. Pero existe una diferencia fundamental entre cuestionar una decisión y atacar a una persona; entre debatir una propuesta y desacreditar una trayectoria; entre ejercer la crítica y promover la agresión.

Precisamente porque creemos en la Universidad pública, debemos defender una cultura institucional donde las diferencias se tramiten mediante argumentos, evidencias y deliberación académica. Quien aspira a dirigir la Universidad debe estar dispuesto a responder preguntas difíciles, a escuchar críticas y a someterse al escrutinio de la comunidad. Pero quienes participan del debate también tienen la responsabilidad ética de actuar con honestidad intelectual y respeto por la verdad.

La Universidad de Antioquia atraviesa un momento que exige unidad, capacidad de diálogo, reconciliación institucional y construcción de consensos. Los desafíos que enfrentamos son demasiado importantes para distraernos en campañas de agresión o desinformación. Nuestra comunidad merece una discusión centrada en las ideas, en los programas, en las propuestas y en las capacidades demostradas de quienes aspiran a liderarla.

Por eso hacemos un llamado a la reflexión colectiva. A no aceptar como verdad aquello que no ha sido contrastado. A valorar los hechos por encima de los rumores. A examinar las trayectorias antes que las descalificaciones. A privilegiar el respeto sobre la confrontación estéril.

Que este proceso sea una oportunidad para demostrar que la Universidad sigue siendo un lugar donde prevalecen la razón sobre la agresión, la ética sobre la conveniencia y el bien común sobre los intereses particulares.

La Universidad de Antioquia merece un debate digno de su historia. Merece altura académica, responsabilidad ética y respeto mutuo. Y merece que cada integrante de esta comunidad tome sus decisiones con libertad, con criterio y con plena conciencia de la responsabilidad que implica elegir el rumbo de nuestra institución.

Los firmantes rechamos prácticas políticas de descrédito y en respaldo al candidato Edwin Gonzalez

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La causa

 

 

 

 

La Universidad de Antioquia ha sido históricamente un escenario para el pensamiento crítico, la argumentación rigurosa, el respeto por la diferencia y la construcción colectiva del conocimiento. Por ello, resulta preocupante que, en el marco de un proceso de elección tan importante para el futuro de nuestra Alma Máter, como la designación de rector comiencen a aparecer prácticas que poco tienen que ver con la tradición universitaria y mucho con las formas más cuestionables de la confrontación política.

Toda candidatura está expuesta al debate, al escrutinio y a la crítica. Eso es legítimo y necesario. Lo que no resulta legítimo es intentar sustituir el debate de las ideas por la descalificación de las personas; la confrontación de propuestas por la difusión de rumores; la evaluación de las trayectorias por la agresión personal.

Como comunidad universitaria estamos llamados a preguntarnos qué tipo de Universidad queremos construir. Si aspiramos a una institución basada en el conocimiento, la ciencia, la ética pública y el respeto por la dignidad humana, debemos rechazar cualquier práctica que pretenda invalidar a una persona mediante afirmaciones engañosas, ataques personales o campañas de desprestigio.

La historia de nuestra Universidad nos enseña que los liderazgos deben evaluarse por sus ejecutorias, por sus aportes académicos, por su compromiso institucional y por su capacidad para construir comunidad. Son los hechos, y no los rumores, los que deben orientar nuestras decisiones.

Por ello, antes de aceptar afirmaciones destinadas a generar desconfianza o división, vale la pena contrastar la información y observar las trayectorias con serenidad.

En el caso del profesor Edwin González Marulanda, hablamos de un egresado de la Universidad de Antioquia que ingresó a la institución mediante concurso público de méritos, superando exigentes requisitos académicos, investigativos y de certiicación internacional de segunda lengua. Su trayectoria incluye formación de dos maestrías y doctorado, ejercicio docente en pregrado y posgrado, liderazgo en discusiones curriculares, experiencia gremial y sectorial, así como una amplia dedicación a la administración universitaria.

Durante años ha servido a la Universidad desde diferentes responsabilidades académicas y administrativas, desempeñándose como directivo universitario, integrante de diversos comités y representante institucional en escenarios de toma de decisiones. Esa experiencia no surge de discursos ni de aspiraciones coyunturales; es el resultado de décadas de trabajo universitario, de aprendizajes, de aciertos, de errores reconocidos y de una permanente disposición al diálogo y al mejoramiento.

Los resultados de gestión también merecen ser observados con objetividad. Bajo su liderazgo y el de su equipo se impulsó una gestión basada en procesos, resultados y metas verificables; se promovió la transformación digital de la Facultad; se fortalecieron mecanismos de transferencia de conocimiento institucional; se consolidaron iniciativas de incidencia en política pública articuladas con otras dependencias universitarias; se sostuvo una gestión de extensión con resultados positivos para la Universidad; y se preservó un modelo financiero que ha permitido mantener estabilidad,  sostenibilidad y solidaridad institucional.

A ello se suma una práctica permanente de transparencia y rendición de cuentas. Durante la vigencia más reciente, la Facultad Nacional de Salud Pública desarrolló un proceso amplio y participativo de rendición de cuentas, preparado durante varios meses, con espacios de consulta previa, participación presencial y virtual, evaluación ciudadana y divulgación abierta de resultados. Caso similar, para 2025, cuya evaluación por parte de la  comunidad académica destacó la claridad de la información, la organización del proceso, la transparencia de la gestión y el trabajo articulado del equipo administrativo. La totalidad de los participantes consideró que la información presentada fue suficiente o completa, mientras que una amplia mayoría valoró positivamente el formato de comunicación y los resultados alcanzados.

Por supuesto, ninguna gestión humana es perfecta. Ningún directivo puede afirmar que ha acertado siempre. La Universidad es una organización compleja y diversa, donde las decisiones generan acuerdos y desacuerdos legítimos. Pero existe una diferencia fundamental entre cuestionar una decisión y atacar a una persona; entre debatir una propuesta y desacreditar una trayectoria; entre ejercer la crítica y promover la agresión.

Precisamente porque creemos en la Universidad pública, debemos defender una cultura institucional donde las diferencias se tramiten mediante argumentos, evidencias y deliberación académica. Quien aspira a dirigir la Universidad debe estar dispuesto a responder preguntas difíciles, a escuchar críticas y a someterse al escrutinio de la comunidad. Pero quienes participan del debate también tienen la responsabilidad ética de actuar con honestidad intelectual y respeto por la verdad.

La Universidad de Antioquia atraviesa un momento que exige unidad, capacidad de diálogo, reconciliación institucional y construcción de consensos. Los desafíos que enfrentamos son demasiado importantes para distraernos en campañas de agresión o desinformación. Nuestra comunidad merece una discusión centrada en las ideas, en los programas, en las propuestas y en las capacidades demostradas de quienes aspiran a liderarla.

Por eso hacemos un llamado a la reflexión colectiva. A no aceptar como verdad aquello que no ha sido contrastado. A valorar los hechos por encima de los rumores. A examinar las trayectorias antes que las descalificaciones. A privilegiar el respeto sobre la confrontación estéril.

Que este proceso sea una oportunidad para demostrar que la Universidad sigue siendo un lugar donde prevalecen la razón sobre la agresión, la ética sobre la conveniencia y el bien común sobre los intereses particulares.

La Universidad de Antioquia merece un debate digno de su historia. Merece altura académica, responsabilidad ética y respeto mutuo. Y merece que cada integrante de esta comunidad tome sus decisiones con libertad, con criterio y con plena conciencia de la responsabilidad que implica elegir el rumbo de nuestra institución.

Los firmantes rechamos prácticas políticas de descrédito y en respaldo al candidato Edwin Gonzalez

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Petición creada en 3 de junio de 2026