
La campaña de salvar Marroquíes Bajos ha llegado al punto de inflexión.
Muy pocos que alertábamos y a cambio recibíamos señalamientos y represalias incluso judiciales.
La apariencia de aislamiento era algo más que una apariencia: era un protocolo de actuación desde el poder hacia el disidente.
Políticos, policías, patricios y tribunos se coordinaban para aislar, difundir mala imagen, comprometer la salud y la estima del alentador.
Incluso no dudaron en rehacer un proceso judicial amañado por una juez para en un auto extravagante decretar la no ejecución de una sentencia y condenar en costas al alertador.
En cifras redondas un coste de 6000€ por osar poner en valor un Bien de Interés Cultural con nivel de protección integral declarado a conservar.
En primer lugar hemos pedido a la juez que facilite la cuenta donde abonar las costas judiciales de la parte contraria..
Las nuestras ya las hemos satisfecho.
En un segundo paso vamos a exigir a la Justicia que abra diligencias por prevaricación contra la juez que actuó armando una resolución con una prueba inexistente.
Pedimos tu colaboración en la campaña.