

Un sabio refrán chino reza así “si tú no quelel que se sepa, no hacel’lo”.
Que se haya destruido la gallina de los huevos de oro de la Arqueología y que el Ayuntamiento de Jaén pretenda que nunca se sepa, es un suceso imposible.
Para mal o para bien las memorias arqueológicas están ahí, son documentos administrativos de carácter científico y como tales a libre disposición de toda persona: por ser dominio público.
Una verdad escondida es una mentira como un castillo. El hecho de que la Junta de Andalucia no publique las actuaciones arqueológicas a tiempo en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía responde ¿al interés común?
El que la Junta de Andalucia no inscriba el nivel de protección y carácter de los bienes de interés cultural en los registros de la propiedad ¿es por falta de capital?
La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Jaén creían que con el control del BOJA, los nombramientos de la policía, y de los fiscales y jueces, el control de los medios de comunicación y el favor de sus dádivas iban a ser imparables y siempre: mandara quien mandara.
Los jefes provinciales Bienes Culturales, el gobierno de la Junta que desvía fondos para obra publica procedentes de la Unión Europea, y jefe de la comandancia de la benemérita ¿pensaban que esto nunca se sabría?
Ciencia es todo aquello que se puede poner en duda. Y aquellos que ocultan la información en materia de dominio público yendo de arqueólogos no hacen ciencia: sobreviven rapiñando en los yacimientos.
La Arqueología en España está puesta en duda.
Como en Jaén está quedando demostrado.