Juan M. MolinaJaén, Spain
17 Jan 2020

Hay un lugar en el recóndito Jaén donde encontré una figura de un mago, junto a tres caracteres púnicos que corresponden a los símbolos latinos MAG.

Por prudencia omito el lugar, ya que puede ser asaltado por los buscadores de tesoros, o por los destructores de la Memoria de la Humanidad.

La etimología es una disciplina a la cual siempre acudo en mis dudas de pensamiento.

Recientemente en Jaén una juez que conoce del asunto de la parcela arqueológica  H4 ha resuelto una vista judicial de un modo ¡sorprendente!

Así tras un auto contradictorio, paradójico, insostenible en los documentos del expediente judicial y de lo visto y oído en la propia vista. La magistrada se desdice de sus edictos y decide que no se ejecute su propia sentencia.

Para ello la magistrada se saca “un conejo de la chistera”: un suceso imposible. Se inventa el acta de una junta que no ha existido, ni en realidad ni en papel.

Advertida la magistrada de un posible error humano, ella muy en su poder se ratifica en su auto, reconociendo que se ha inventado la prueba, pero que ante todo prevalece el poder que su toga tal como la jurisprudencia (afirma) le otorga.

Conviene que ustedes sepan que por formación soy hombre de ciencia, y que mis herramientas son las matemáticas y la física,  tengo por carrera algo de conocimiento de Derecho Penal Militar y Administrativo del Estado o de los Ciudadanos. O sea que entiendo de causas y efectos, y de la motivación de los autos y sentencias en hechos contrastables y no en trucos de magia.

La magistrada afirma que su sentencia es efectiva y ejecutable pero que en este caso no se va a ejecutar.

Y para justificar su auto exhibe un conejo que ella misma se ha sacado de la chistera: el expediente judicial.

La magistrada truca la balanza. O dicho en lenguaje que ella entiende ha prevaricado, y en ese nefando vicio judicial ha sido descubierta.

Volviendo a la etimología. Cuestionándonos sobre el comportamiento injusto de esta magistrada, he acudido a La etimología de “Magistrado o magistrada” y nos dice que proviene del latín magnus, que a su vez proviene del griego Mag que significa poderoso, y del persa Mag que significa Mago o Maga.

En las tres vistas judiciales a las que he acudido en defensa del patrimonio histórico sobre el que tengo títulos, estuve sentado frente a esta misma magistrada investida en su negra toga.

¿Ha usado la magistrada su toga como túnica de reina maga? ¿Ha dictado sentencia en un sentido, edictos en el mismo, y autos en sentido contrario como juego de  malabar?

Sea como sea la magistrada me ha dejado con la boca abierta, como una mala maga.

El ciudadano cuando acude a la justicia lo hace para no tomársela él mismo por su mano, confiamos en jueces y magistrados independientes. Damos por bueno el sistema donde la justicia emana de los ciudadanos y la ejercen los magistrados en nombre del rey.

Cuando un ciudadano busca espectáculo y fascinación va al circo donde sí esperas que la maga  saque conejos de la chistera que previamente ha mostrado vacía.

Uno no va al circo para que un mago te abduzca del estrado y te meta en la jaula de los leones.

Los autos de los magistrados son recurribles, pero entre magistrados que hacen magia también son denunciables pues una justicia basada en la magia es un fraude a la Justicia.

 

 

 

 

 

 

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