Jan 7, 2018
Me llamó siempre la atención la sumisión de los paisanos de aquí. Es mi apreciación que sin duda está sometida al error por subjetividad; pero es lo que veo. Pensaba que sería a causa de una prolongada estancia de estas tierras al concepto de frontera, al estar bajo la mano de hierro de contestables. Pero no, o no sé, algo más tendría que suceder por esta provincia que hacía a los individuos temerosos de destacar por discrepar. Expresiones del tipo “vayan a pensar que soy tonto, mejor no pregunto”. Miedo a cuestionar las alcaldadas de los sucesivos ediles, sin plantear nada en que haya que firmar. O lo peor “si te destacas, dejas de hacer mal lo que te venían pasando la vista gorda”. Pero esta idea tampoco acababa de explicar la sumisión de los locales. Un día me hace llegar un amigo periodista e historiador un libro que acababa de publicar: “El tren de la muerte”; y a la vez, otro me pasa unos ficheros con la transcripción de la memoria de un individuo que sobrevivió al tren, y a las checas; falleció al poco de su liberación por el grave deterioro físico, pero nos dejó su relato escrito. Sucedió en agosto del 36.
Copy link
WhatsApp
Facebook
Nextdoor
Email
X