Juan M. MolinaJaén, Spain
Dec 18, 2017
Juan Manuel Molina Valdés Desde 1995 se conoce científicamente la importancia de Marroquíes Bajos. Pero un PGOU se interponía entre el descubrimiento científico y el interés crematístico de las castas emergentes de partidos y administraciones públicas: Junta, Ayuntamiento y Universidad en pañales. No hubo voluntad en evitar que se matase para caldo de unos pocos a la gallina de los huevos de oro. Un pelotazo urbanístico perfectamente tramado, los que lo llevan al Tribunal de lo Contencioso o de lo Civil, la Administración de la Junta que no argumenta en defensa del Bien de Interés Cultural que acaba de aparecer, y un juez que sin argumentos a los que acogerse más allá de los expuestos, sentencia dando la razón a los promotores, sin que autoridad alguna salga en defensa del BIC y oponga. Así, como lo ha dicho una sentencia todos se frotan las manos y se produce la destrucción programada del Yacimiento Marroquíes Bajos. Un forma más de manipular a la justicia: hacer que intervenga con los ojos tan tapados que a fuer de ciega no vea que puede ser injusta. De este modo todos contentos, los arqueólogos que cobran de los promotores, los arquitectos que tienen las manos libres y los partidos políticos que ponen en marcha el PGOU de 1996. El que permite la destrucción de Marroquíes Bajos. Ya ahora hemos podido comprobar cómo Marroquíes Bajos es un renglón sin importancia en el PGOU 2916. A la vez que con el mismo proceder se permite judicialmente la Cantera en el paraje periurbano de Jaén, y el destrozo de zonas protegidas por contener pinturas rupestres. Firma Juan Manuel Molina Valdés Investigador Operativo
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